20 Octubre 2002 Seguir en 

Ni el autor ni los editores son culpables de este libro. Así el uno como los otros querrían, sin duda, publicar páginas sustantivas, pero si lo hicieran no venderían miles de ejemplares en muchos idiomas. Deben, por eso, resignarse a divulgar trivialidades, sazonadas con estilo meloso y empaquetadas -como si no bastara- en papel de regalo con moñitos.
El asunto encierra su lección para tanto autor de mérito que anda por ahí, triste e inédito. ¿Quiere usted publicar? Pues haga como el profesor Johnson; olvídese de la Verdad y la Belleza y redacte algo como El presente precioso, o como ese insigne título debido al mismo catedrático: ¿Quién se ha llevado mi queso? Y si no quiere usted incidir en semejantes mamarrachos, pues no publique, o mejor todavía, no escriba. En cualquier caso, no vaya usted a concebir pensamientos siniestros acerca de la literatura que la gente reclama. No está bien que un escritor como usted, todo un funcionario (aunque oscuro) del género humano, evoque cosas tales como la purificación por el fuego. (c) LA GACETA
El asunto encierra su lección para tanto autor de mérito que anda por ahí, triste e inédito. ¿Quiere usted publicar? Pues haga como el profesor Johnson; olvídese de la Verdad y la Belleza y redacte algo como El presente precioso, o como ese insigne título debido al mismo catedrático: ¿Quién se ha llevado mi queso? Y si no quiere usted incidir en semejantes mamarrachos, pues no publique, o mejor todavía, no escriba. En cualquier caso, no vaya usted a concebir pensamientos siniestros acerca de la literatura que la gente reclama. No está bien que un escritor como usted, todo un funcionario (aunque oscuro) del género humano, evoque cosas tales como la purificación por el fuego. (c) LA GACETA







