20 Octubre 2002 Seguir en 

Corre enero de 1939. Aunque siguen disparando, los republicanos ya perdieron la Guerra Civil Española. Nada detiene el avance de las tropas de Francisco Franco. Mientras huye hacia Francia a través de los Pirineos, en un perdido pueblo catalán, una columna de milicianos decide fusilar a un grupo de prisioneros, entre los que se encuentra nada menos que uno de los fundadores de la Falange, el escritor Rafael Sánchez Mazas, quien se jactaba de ser el primer fascista de España. En un incidente confuso, el falangista escapa. Una patrulla lo sigue hasta un bosque cercano. Uno de los milicianos republicanos lo encuentra, lo tiene frente a frente para liquidarlo, lo mira a los ojos en un instante que dura una eternidad pero, increíblemente, no lo hace. "¡Por aquí no hay nadie!", se limita a decir cuando sus compañeros, a lo lejos, le preguntan si lo agarró. Este episodio permitió que Sánchez Mazas salvara la vida y que luego, con la derecha ya en el poder, llegara a ser ministro sin cartera de Franco. Esto duró poco porque, según la leyenda que aún circula por España, en julio de 1940, El Caudillo se hartó de las reiteradas faltas de Sánchez Mazas a las reuniones de gabinete y un buen día dijo: "por favor, que quiten esa silla". Así terminó la vida pública de quien, con su pluma tan bella como arcaizante, fue uno de los autores de ese himno autoritario que es la canción "De cara al sol" y, peor aún, de quien contribuyó como nadie a que España se desangrara en la década de 1930.
Murió en el olvido. Perteneció al triste bando de quienes ganaron la guerra, pero perdieron la historia de la literatura, como dicen en España. Más aún: de quienes, en su afán por mantener las viejas jerarquías del pasado, sabotearon la república y entregaron la victoria bélica a un general de voz finita que detestaba la cultura.Convencido de que las guerras están llenas de historias novelescas, el escritor Javier Cercas utilizó este episodio real para construir un relato dignísimo sobre los misteriosos designios que guían el proceder humano. En efecto, un periodista -el alter ego de Cercas, que hasta se llama del mismo modo en la ficción- se obsesiona con el fallido fusilamiento de Sánchez Mazas, ocurrido 60 años atrás. Lo desvela saber por qué aquel joven republicano ya vencido no disparó contra quien, después de Franco, personificaba al fascismo mismo.
Gracias a un escritor chileno, Roberto Bolaños -el mismo de la realidad-, el periodista contacta en Francia, en un asilo para ancianos, a un viejo republicano más bueno que el pan. Está solo y olvidado. A nadie parece importarle que, después de perder la batalla con los fascistas en España, haya seguido peleando por la libertad contra los nazis, en Africa y en cada rincón de Europa. El es quien, al menos en la ficción, dejó escapar a Sánchez Mazas del fusilamiento, pero nunca lo dice. Porque así de sencillos son los héroes anónimos, aquellos que "no se equivocan en el único momento en que importa no equivocarse", para salvar la civilidad y el último vestigio de humanidad. Miralles es el héroe digno que Sánchez Mazas no pudo ser, el caballero que, en vez de liquidar al enemigo diezmado, lo deja huir. Pero, claro, así no se ganan las guerras -los persas perdieron con los griegos en Salamina y de allí el nombre de este libro-. Pero sí se hacen méritos para formar parte de las páginas más bellas que los escritores como Cercas -tanto en la ficción como en la realidad- siempre escribirán.
(c) LA GACETA
Murió en el olvido. Perteneció al triste bando de quienes ganaron la guerra, pero perdieron la historia de la literatura, como dicen en España. Más aún: de quienes, en su afán por mantener las viejas jerarquías del pasado, sabotearon la república y entregaron la victoria bélica a un general de voz finita que detestaba la cultura.Convencido de que las guerras están llenas de historias novelescas, el escritor Javier Cercas utilizó este episodio real para construir un relato dignísimo sobre los misteriosos designios que guían el proceder humano. En efecto, un periodista -el alter ego de Cercas, que hasta se llama del mismo modo en la ficción- se obsesiona con el fallido fusilamiento de Sánchez Mazas, ocurrido 60 años atrás. Lo desvela saber por qué aquel joven republicano ya vencido no disparó contra quien, después de Franco, personificaba al fascismo mismo.
Gracias a un escritor chileno, Roberto Bolaños -el mismo de la realidad-, el periodista contacta en Francia, en un asilo para ancianos, a un viejo republicano más bueno que el pan. Está solo y olvidado. A nadie parece importarle que, después de perder la batalla con los fascistas en España, haya seguido peleando por la libertad contra los nazis, en Africa y en cada rincón de Europa. El es quien, al menos en la ficción, dejó escapar a Sánchez Mazas del fusilamiento, pero nunca lo dice. Porque así de sencillos son los héroes anónimos, aquellos que "no se equivocan en el único momento en que importa no equivocarse", para salvar la civilidad y el último vestigio de humanidad. Miralles es el héroe digno que Sánchez Mazas no pudo ser, el caballero que, en vez de liquidar al enemigo diezmado, lo deja huir. Pero, claro, así no se ganan las guerras -los persas perdieron con los griegos en Salamina y de allí el nombre de este libro-. Pero sí se hacen méritos para formar parte de las páginas más bellas que los escritores como Cercas -tanto en la ficción como en la realidad- siempre escribirán.
(c) LA GACETA







