Textos de Ionesco que no perderán su vigencia

Por Alina Diaconú

13 Octubre 2002
Bienvenida esta reedición de Emecé de "El hombre cuestionado" que acaba de aparecer y que vuelve a traer a nuestra memoria profundas y heterogéneas reflexiones de Ionesco sobre lo eterno y lo contingente.Se trata de un conjunto de textos (artículos, reportajes, discursos, comentarios de libros y cartas) escritos entre 1972 y 1979 que jamás perderán vigencia.
La mayoría de ellos pertenece a los años 77-79, etapa en la cual el creador del "teatro del absurdo" estaba pasando por uno de sus períodos depresivos más agudos.Escritos con esa inteligencia fulgurante que lo caracterizaba, con ese sarcasmo teñido de un escepticismo desesperado, digno de Cioran (a quien, por otra parte, alude implícita y explícitamente), estos textos pergeñados en días oscuros para su alma insisten en el abordaje de sus viejas obsesiones: el Mal (con mayúscula) y la Muerte (con mayúscula también).
"¿Por qué estamos hechos para no comprender?" se indigna con resignación. En esos tiempos no había descubierto aún el placer de la pintura, que le ocuparía tiempo y atención en los años venideros.En el libro desfilan sus opiniones críticas sobre Foucault y Sartre; habla en clave de su amigo Eliade; comenta un almuerzo con el matrimonio Lacan (ambos "encantadores e inteligentes").
Están los recurrentes recuerdos de su infancia en Francia, de su pubertad en Rumania, de sus padres separados. Cuenta sus sueños que casi siempre son pesadillas y nos entrega sus lúcidas meditaciones sobre el comunismo y los países del este europeo, diez años antes de la caída del Muro de Berlín. Hay un muy interesante texto sobre Stalin, el tirano que fue seminarista.
Lo mágico, que estuvo presente a lo largo de su vida, aparece en "Acontecimientos inexplicables que me han sucedido", historias que desafían todas las posibilidades de la lógica y de la razón.Están también varios comentarios sobre sus "anti-piezas", esas explicaciones por las cuales alguna vez "la intelligentzia" francesa lo atacó, ya que -argumentaba- su obra no necesitaba justificación alguna. Son muy valiosas, sin embargo, las anécdotas alrededor de su teatro y su opinión sobre los directores.
Una curiosidad, olvidada y descubierta gracias a esta reedición: encontramos varios párrafos referentes a nuestro país y frases como esta: "Soy muy sensible a lo que sucede en la Argentina (...) Contra el terrorismo ha habido un antiterrorismo también doloroso". (1978).
Sin pelos en la lengua, habla de los días cuando con su mujer y su hija no tenían ni para comer (1948) y asimismo del éxito que nunca llegó a digerir del todo, pero sin el cual probablemente ya no podía vivir.
Y siempre, sobrevolándolo todo, esa angustia y esa necesidad del arte como cuestionamiento de todo.
"El hombre es a la vez absurdo, idiota y genial".
Leer esa frase es como escuchar su voz en ese departamento del bulevar Montparnasse donde, hundido en un sillón, con esa cara -mezcla de Buda y de payaso triste- lanzaba sus demoledoras frases en medio de largos y melancólicos silencios.
Refiriéndose a Miró, a quien admiraba, comenta que en sus cuadros hay "una mezcla de humor, de malicia, de travesura, de gracia", y es quizá lo que bien podría reflejar la propia obra de Ionesco y, acaso, su propio personaje.
"El hombre cuestionado" es un libro imperdible, en la impecable versión de José Bianco. En él se revela la condición de pensador de Ionesco. Se trata de un cuestionamiento lúcido y feroz de la condición humana, de sus miserias, pero también de sus expresiones más elevadas, cuando "el espíritu se dilata hasta una dimensión de lo universal". (c) LA GACETA

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