13 Octubre 2002 Seguir en 

Director de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto Dessein: En mi comentario al libro de M. E. Vázquez sobre Victoria Ocampo, publicado el 8 de setiembre, dije: "Sólo cuarenta años después, en 1977, Victoria entró en la alicaída Academia Argentina de Letras, que pernocta en la elegante Avenida Alvear". Eso horroriza a los académicos Peltzer y Modern (1) con "un justificado estupor, para decir lo menos" y pontifican "que alguien que se precie de crítico (mayestática referencia a mi persona) está obligado a sopesar las palabras que emplea, no lanzarlas alegre y arbitrariamente al espacio público".
Creí que demostrarían mi error y que se habían ocupado de V.O. y su insuperada acción cultural. No, la Academia no está para esas pequeñeces; su estupor se debía a que la llamé "alicaída". Acompañan una lista de escritores miembro, la mayoría ya olvidados, para demostrar que no es un club de ciclistas.
La ridiculez continúa cuando, con arrogante empaque, se duelen porque dije que la Academia "pernocta", y aclaran, con celo porteril, que sus tareas no se desarrollan de noche, ya que "terminan a las 19 y las sesiones del Cuerpo (con mayúscula) dos veces por mes, concluyen alrededor de las veinte". Señalan, además, mi atroz "desubicación" ya que "cumplen sus tareas dentro (en lugar de "en" que es lo correcto) del Palacio Errázuriz de Buenos Aires" y no en la elegante Avenida Alvear, como dije. Siguen con su especialidad, el autoelogio, ponderando su trabajo "que un público entendido valora justamente".
Como conclusión, me hacen saber, con artera arrogancia, "que el agravio siempre es malo" (y el de ellos mal escrito, agregaría) y, en otro ejemplo de estolidez, "que no se debe ejercer la crítica con relación a aquello que no se conoce".En suma: 1º) Lo que escribí es exacto: la Academia ignoró una de las expresiones culturales más importantes y duraderas del país; 2º) Los dolientes aclararon el horario y la ubicación de la Academia y, 3º) No me quieren.(c) LA GACETA
Creí que demostrarían mi error y que se habían ocupado de V.O. y su insuperada acción cultural. No, la Academia no está para esas pequeñeces; su estupor se debía a que la llamé "alicaída". Acompañan una lista de escritores miembro, la mayoría ya olvidados, para demostrar que no es un club de ciclistas.
La ridiculez continúa cuando, con arrogante empaque, se duelen porque dije que la Academia "pernocta", y aclaran, con celo porteril, que sus tareas no se desarrollan de noche, ya que "terminan a las 19 y las sesiones del Cuerpo (con mayúscula) dos veces por mes, concluyen alrededor de las veinte". Señalan, además, mi atroz "desubicación" ya que "cumplen sus tareas dentro (en lugar de "en" que es lo correcto) del Palacio Errázuriz de Buenos Aires" y no en la elegante Avenida Alvear, como dije. Siguen con su especialidad, el autoelogio, ponderando su trabajo "que un público entendido valora justamente".
Como conclusión, me hacen saber, con artera arrogancia, "que el agravio siempre es malo" (y el de ellos mal escrito, agregaría) y, en otro ejemplo de estolidez, "que no se debe ejercer la crítica con relación a aquello que no se conoce".En suma: 1º) Lo que escribí es exacto: la Academia ignoró una de las expresiones culturales más importantes y duraderas del país; 2º) Los dolientes aclararon el horario y la ubicación de la Academia y, 3º) No me quieren.(c) LA GACETA
1) Ver "Polémica" en LA GACETA Literaria del 6/10/2002.







