13 Octubre 2002 Seguir en 

El hijo de la novia, película que logró la quinta nominación al Oscar como mejor filme extranjero y que generó su inminente "remake" norteamericana, protagonizada por Adam Sandler y dirigida nuevamente por Juan José Campanella, aquí se presenta en forma de libro. Está integrado por dos capítulos; el primero contiene el guión de la película y el segundo, una compilación de comentarios, críticas y anécdotas que dieron forma a catorce bocetos previos al rodaje del filme. Aquí se encuentran fragmentos que nunca vieron la luz, versiones alternativas, algunas verdaderamente interesantes, como el altamente recomendado monólogo de Nino titulado "La vida tendría que ser al revés".
Con respecto a la primera sección, es necesario aclarar que se trata de un guión cinematográfico y no de un guión novelado. El relato se divide en escenas, se describen la acción y los diálogos de los personajes. Los autores han hecho pequeños comentarios o agregados que agilizan la lectura. También hay descripciones de tomas y de algunos movimientos de cámara, y especificaciones sobre el montaje. Para algunos lectores se puede transformar en un interesante acercamiento al mundo del cine; hay un diálogo directo entre los autores y el lector, y una explicación didáctica que introduce en el tema desde un punto de vista académico, formal y técnico. Para los que saben de esto, una buena oportunidad para disfrutar y aprender de un buen trabajo.
Cuando a los actores les llega un guión malo se las ingenian para darles vida a los diálogos y a las situaciones que representan. Aquí se encuentra esa vida en cada frase, en cada texto. La cadencia de los diálogos nos transporta de una página a otra, transformándonos a nosotros mismos en nuevos intérpretes de esta historia.
Leer los textos despierta una sonrisa constante; las salidas de Norma son soberbias, especialmente el diálogo en el café, o en la puerta del geriátrico. Juan Carlos tiene frases antológicas, como su explicación del porqué de su bigote: "...Porque tengo una nariz que merece ser subrayada...".
A pesar de que la trama se ve guiada por la tragedia, el humor está siempre presente. Las influencias, entre otros, del cine de los hermanos Marx o de Woody Allen, para tratar situaciones dolorosas o complicadas con mucha ironía y sarcasmo, se descubren constantemente pero recicladas con un estilo propio.
Cabe señalar que además de dichas influencias, el guión se ve signado por elementos autobiográficos. Hay pequeños homenajes a los hitos de su infancia: el Vascolet, los polvorones, los caramelos Media Hora, el Superagente 86 o la serie del Zorro. Pero lo más impactante es la propia historia de Juan José Campanella, quien no sólo tiene la misma edad y un sinnúmero de defectos del protagonista, sino que la historia de sus padres es la misma. En realidad, el deseo de Nino de realizarle el sueño a su amada Norma es la proyección de Délfor, el padre de Campanella, que a sus ochenta pretendía casarse por Iglesia con su madre, Luisa, internada y enferma del mal de Alzheimer, para empezar un ciclo nuevo.
Finalmente la Iglesia impidió que se concretara alegando que no permiten el casamiento de personas sin discernimiento. De todos modos, el hijo le encontró la vuelta, ¿o no?(c) LA GACETA
Con respecto a la primera sección, es necesario aclarar que se trata de un guión cinematográfico y no de un guión novelado. El relato se divide en escenas, se describen la acción y los diálogos de los personajes. Los autores han hecho pequeños comentarios o agregados que agilizan la lectura. También hay descripciones de tomas y de algunos movimientos de cámara, y especificaciones sobre el montaje. Para algunos lectores se puede transformar en un interesante acercamiento al mundo del cine; hay un diálogo directo entre los autores y el lector, y una explicación didáctica que introduce en el tema desde un punto de vista académico, formal y técnico. Para los que saben de esto, una buena oportunidad para disfrutar y aprender de un buen trabajo.
Cuando a los actores les llega un guión malo se las ingenian para darles vida a los diálogos y a las situaciones que representan. Aquí se encuentra esa vida en cada frase, en cada texto. La cadencia de los diálogos nos transporta de una página a otra, transformándonos a nosotros mismos en nuevos intérpretes de esta historia.
Leer los textos despierta una sonrisa constante; las salidas de Norma son soberbias, especialmente el diálogo en el café, o en la puerta del geriátrico. Juan Carlos tiene frases antológicas, como su explicación del porqué de su bigote: "...Porque tengo una nariz que merece ser subrayada...".
A pesar de que la trama se ve guiada por la tragedia, el humor está siempre presente. Las influencias, entre otros, del cine de los hermanos Marx o de Woody Allen, para tratar situaciones dolorosas o complicadas con mucha ironía y sarcasmo, se descubren constantemente pero recicladas con un estilo propio.
Cabe señalar que además de dichas influencias, el guión se ve signado por elementos autobiográficos. Hay pequeños homenajes a los hitos de su infancia: el Vascolet, los polvorones, los caramelos Media Hora, el Superagente 86 o la serie del Zorro. Pero lo más impactante es la propia historia de Juan José Campanella, quien no sólo tiene la misma edad y un sinnúmero de defectos del protagonista, sino que la historia de sus padres es la misma. En realidad, el deseo de Nino de realizarle el sueño a su amada Norma es la proyección de Délfor, el padre de Campanella, que a sus ochenta pretendía casarse por Iglesia con su madre, Luisa, internada y enferma del mal de Alzheimer, para empezar un ciclo nuevo.
Finalmente la Iglesia impidió que se concretara alegando que no permiten el casamiento de personas sin discernimiento. De todos modos, el hijo le encontró la vuelta, ¿o no?(c) LA GACETA







