06 Octubre 2002 Seguir en 

La autora ha seleccionado en esta antología una serie de narraciones y de proverbios de distintas culturas y épocas. Todo este material, que se considera proveniente de antiguas tradiciones orales, constituye un acervo de la sabiduría de los pueblos.
Toda cultura tiene un conjunto de normas que tienden a preservar la unidad y la continuidad del cuerpo social. El pecado significa la transgresión de estas normas en la medida en que son consideradas las leyes divinas. Toda religión y toda comunidad implican una ética. Pecados, crímenes, faltas y errores significan un mal, pero en diferentes grados. También pueden ser diferentes en diversas culturas.
La parte narrativa contiene mitos, leyendas y cuentos populares que siempre llevan en sí un mensaje: nos explican el porqué de las cosas y nos enseñan el comportamiento humano según las nociones del bien y del mal que acepta la comunidad. Los proverbios, a menudo, combinan la ética con el sentido del humor o la picardía.
Las costumbres varían según las culturas. A estas variaciones las encontramos, por ejemplo, en lo referente a las conductas sexuales: monogamia, poligamia y poliandra, que son propias de distintos pueblos. En cuanto al adulterio, la consideración moral es distinta con respecto a las mujeres y a los hombres. Mientras que para los mupé, un pueblo africano, el adulterio femenino es considerado como una especie de "pecado venial", para algunos pueblos de cultura islámica implica la pena de muerte.
Igualmente ocurre con la homosexualidad, que era no sólo admitida sino valorada en la Grecia clásica, pero que en otros lugares era castigada con la pena de muerte o la prisión. En cambio, como una excepción a todas estas variaciones, aparece la condenación del incesto, salvo en el caso de la realeza entre los incas y en el antiguo Egipto.
Otro tema controvertido es el de la violencia. Para las antiguas tribus germánicas el Paraíso de los héroes era una batalla que se prolongaba al infinito; para los indios Sioux de América del Norte, la ferocidad en la guerra era digna de alabanza. Todo lo cual se opone evidentemente al mandamiento bíblico de "no matar" y a las palabras evangélicas de amar al prójimo. Generalmente se ha tomado el sentido del término "prójimo" como todo ser humano, con algunas excepciones como San Francisco de Asís, que proclama la fraternidad con todo lo creado. Las religiones de la India afirman el respeto a la vida, aun en sus formas más pequeñas y humildes. Según la autora, el caso extremo se da en el jainismo, que extiende este respeto hasta los minerales. Por ejemplo, un monje jainita aconseja que si uno se cae en un río, no debe dar grandes brazadas para salir, sino dejarse llevar suavemente por la corriente a fin de no perturbar al agua.
Pero, a pesar de todas las diferencias, hay rasgos comunes que nos permiten hablar de una condición humana. Dice la autora: "veremos que en las más diversas culturas se prefiere la verdad a la mentira, la solidaridad al egoísmo, la bondad a la maldad".
Son excelentes los comentarios de Ana María Shua al final de cada narración. Con un lenguaje claro e inteligente nos ayudan a comprender el sentido de estos textos.
(c) LA GACETA
Toda cultura tiene un conjunto de normas que tienden a preservar la unidad y la continuidad del cuerpo social. El pecado significa la transgresión de estas normas en la medida en que son consideradas las leyes divinas. Toda religión y toda comunidad implican una ética. Pecados, crímenes, faltas y errores significan un mal, pero en diferentes grados. También pueden ser diferentes en diversas culturas.
La parte narrativa contiene mitos, leyendas y cuentos populares que siempre llevan en sí un mensaje: nos explican el porqué de las cosas y nos enseñan el comportamiento humano según las nociones del bien y del mal que acepta la comunidad. Los proverbios, a menudo, combinan la ética con el sentido del humor o la picardía.
Las costumbres varían según las culturas. A estas variaciones las encontramos, por ejemplo, en lo referente a las conductas sexuales: monogamia, poligamia y poliandra, que son propias de distintos pueblos. En cuanto al adulterio, la consideración moral es distinta con respecto a las mujeres y a los hombres. Mientras que para los mupé, un pueblo africano, el adulterio femenino es considerado como una especie de "pecado venial", para algunos pueblos de cultura islámica implica la pena de muerte.
Igualmente ocurre con la homosexualidad, que era no sólo admitida sino valorada en la Grecia clásica, pero que en otros lugares era castigada con la pena de muerte o la prisión. En cambio, como una excepción a todas estas variaciones, aparece la condenación del incesto, salvo en el caso de la realeza entre los incas y en el antiguo Egipto.
Otro tema controvertido es el de la violencia. Para las antiguas tribus germánicas el Paraíso de los héroes era una batalla que se prolongaba al infinito; para los indios Sioux de América del Norte, la ferocidad en la guerra era digna de alabanza. Todo lo cual se opone evidentemente al mandamiento bíblico de "no matar" y a las palabras evangélicas de amar al prójimo. Generalmente se ha tomado el sentido del término "prójimo" como todo ser humano, con algunas excepciones como San Francisco de Asís, que proclama la fraternidad con todo lo creado. Las religiones de la India afirman el respeto a la vida, aun en sus formas más pequeñas y humildes. Según la autora, el caso extremo se da en el jainismo, que extiende este respeto hasta los minerales. Por ejemplo, un monje jainita aconseja que si uno se cae en un río, no debe dar grandes brazadas para salir, sino dejarse llevar suavemente por la corriente a fin de no perturbar al agua.
Pero, a pesar de todas las diferencias, hay rasgos comunes que nos permiten hablar de una condición humana. Dice la autora: "veremos que en las más diversas culturas se prefiere la verdad a la mentira, la solidaridad al egoísmo, la bondad a la maldad".
Son excelentes los comentarios de Ana María Shua al final de cada narración. Con un lenguaje claro e inteligente nos ayudan a comprender el sentido de estos textos.
(c) LA GACETA







