06 Octubre 2002 Seguir en 

Es un buen libro, bien escrito pero no ameno, muy actual y que puede ser del interés tanto de los especialistas como de los interesados en los temas económicos, y de los que quieren revivir la experiencia económica reciente de la Argentina, que pasó de la bonanza en los noventa a la amenaza de una gran depresión a fines de la misma década, y a la tragedia desde fines de 2001. Como el autor lo define, "la tragedia en la Argentina es épica, no porque, como ocurre en las tragedias griegas, fuera inevitable, sino porque podía haberse evitado". Tiene una buena presentación y una secuencia de capítulos tipo novela policial, donde se especifican los motivos del crimen pero no al autor.
El libro trata de evaluar qué es lo que fracasó en nuestro país, cuál es el grado de culpabilidad que le cupo al Fondo (Fondo Monetario Internacional), y brindar recomendaciones para ambos. El libro es importante porque lo escribe alguien que tuvo un cargo clave en el Fondo justamente durante todo el período 1991-2001.
Se evalúa como un caso muy exitoso el Plan de Convertibilidad en su primera mitad, a pesar de que el autor y el Fondo no eran partidarios de una política cambiaria que fijara el tipo de cambio. Se detuvo la hiperinflación y creció en forma importante el PBI (Producto Bruto Interno). Luego de que la Argentina sale airosa de la crisis mejicana, en 1994, el Fondo cambia hacia una actitud positiva sobre dicho Plan, e incluso cita a la Argentina como un caso muy exitoso. El drama argentino comienza a mostrarse en forma brusca a partir de la crisis de Brasil, en 1999. En este caso la Argentina no pudo salir airosa. A partir de entonces comienza un largo camino recesivo, con diversos programas de apoyo financiero medianos y grandes, tanto de fuentes locales como internacionales, y que puso a prueba la capacidad del Fondo de anticipar la crisis y de seguir el camino más apropiado. La Argentina pasó de ser mirada como un ejemplo exitoso, a uno de que en cualquier momento caía en default (bancarrota). Luego se desata la crisis y comienza una larga agonía.
¿Qué produjo este desenlace? Según Mussa, básicamente se debió a la política fiscal de la Argentina. Nuestro gobierno tiene una propensión a generar déficits fiscales en forma permanente y no puede implementar un buen sistema de recaudación impositiva. Históricamente recurrió a ingresos fiscales, como la emisión monetaria y el endeudamiento externo e interno. Según él, actúa como "alcohólico crónico". Por el lado del Fondo, la crítica es que cometió diversos errores que podrían haberse evitado. Pudo haber sido más estricto con la política fiscal de la Argentina cuando aún había tiempo para actuar, y no debería haber acompañado los pedidos de grandes financiamientos cuando ya se predecía que íbamos a caer en default. A la luz de lo que ocurrió, sostiene que el Plan de Convertibilidad debió haberse abandonado mucho antes por un sistema de cambio flexible. Quizás el momento hubiera sido en 1999, cuando ocurrió la crisis brasileña.
Ahora la crisis ya se produjo. Muchas de las cosas que ocurrieron desde fines de 2001 eran inevitables. Se cometieron algunos errores, como el caso de la pesificación en un solo sentido y la forma de plantear el default. El tema, hoy, es cómo Argentina sale de esta crisis y qué lecciones deben incorporarse a la forma de actuar del Fondo. Para nuestro país se sugiere una política económica basada en seis elementos: 1) política realista pero a la vez optimista; 2) presupuesto plausible; 3) marco razonable para la política monetaria, que contenga el inicial brote inflacionario; 4) política cambiaria adaptada a enfrentar la crisis actual, tipo de cambio flexible y único, y control temporario de las salidas de capital; 5) solucionar el horrendo desorden del sistema bancario argentino y 6) claras señales de que se mantendrá una razonable deuda externa.
El Fondo debe reflexionar sobre sus errores, los cuales no fueron aislados. Debería modificar algunas de sus prácticas internas, tales como reducir la tendencia de evaluar en forma positiva los planes presentados por los diversos países; mejorar su labor de auditoría a través de su Oficina de Evaluación Independiente, y revisar el rol de los grandes paquetes de ayuda financiera. En el caso de la crisis argentina, el Fondo debiera analizar el rol que le cupo para sacar enseñanzas y no repetir desaciertos, y sentirse comprometido a ayudar a la Argentina para salir de la actual situación.
Lo que no surge del libro es cómo lograr los distintos objetivos propuestos. En todos sus análisis y propuestas se nota una duda permanente sobre el camino específico a seguir. Por ejemplo: el Fondo debe ser exigente, pero no tanto; la comunidad internacional debe ayudar asumiendo riesgos, pero a su vez tratando de controlarlos; la política fiscal debe ser estricta, pero contemplar aspectos actuales de la crisis.
(c) LA GACETA
El libro trata de evaluar qué es lo que fracasó en nuestro país, cuál es el grado de culpabilidad que le cupo al Fondo (Fondo Monetario Internacional), y brindar recomendaciones para ambos. El libro es importante porque lo escribe alguien que tuvo un cargo clave en el Fondo justamente durante todo el período 1991-2001.
Se evalúa como un caso muy exitoso el Plan de Convertibilidad en su primera mitad, a pesar de que el autor y el Fondo no eran partidarios de una política cambiaria que fijara el tipo de cambio. Se detuvo la hiperinflación y creció en forma importante el PBI (Producto Bruto Interno). Luego de que la Argentina sale airosa de la crisis mejicana, en 1994, el Fondo cambia hacia una actitud positiva sobre dicho Plan, e incluso cita a la Argentina como un caso muy exitoso. El drama argentino comienza a mostrarse en forma brusca a partir de la crisis de Brasil, en 1999. En este caso la Argentina no pudo salir airosa. A partir de entonces comienza un largo camino recesivo, con diversos programas de apoyo financiero medianos y grandes, tanto de fuentes locales como internacionales, y que puso a prueba la capacidad del Fondo de anticipar la crisis y de seguir el camino más apropiado. La Argentina pasó de ser mirada como un ejemplo exitoso, a uno de que en cualquier momento caía en default (bancarrota). Luego se desata la crisis y comienza una larga agonía.
¿Qué produjo este desenlace? Según Mussa, básicamente se debió a la política fiscal de la Argentina. Nuestro gobierno tiene una propensión a generar déficits fiscales en forma permanente y no puede implementar un buen sistema de recaudación impositiva. Históricamente recurrió a ingresos fiscales, como la emisión monetaria y el endeudamiento externo e interno. Según él, actúa como "alcohólico crónico". Por el lado del Fondo, la crítica es que cometió diversos errores que podrían haberse evitado. Pudo haber sido más estricto con la política fiscal de la Argentina cuando aún había tiempo para actuar, y no debería haber acompañado los pedidos de grandes financiamientos cuando ya se predecía que íbamos a caer en default. A la luz de lo que ocurrió, sostiene que el Plan de Convertibilidad debió haberse abandonado mucho antes por un sistema de cambio flexible. Quizás el momento hubiera sido en 1999, cuando ocurrió la crisis brasileña.
Ahora la crisis ya se produjo. Muchas de las cosas que ocurrieron desde fines de 2001 eran inevitables. Se cometieron algunos errores, como el caso de la pesificación en un solo sentido y la forma de plantear el default. El tema, hoy, es cómo Argentina sale de esta crisis y qué lecciones deben incorporarse a la forma de actuar del Fondo. Para nuestro país se sugiere una política económica basada en seis elementos: 1) política realista pero a la vez optimista; 2) presupuesto plausible; 3) marco razonable para la política monetaria, que contenga el inicial brote inflacionario; 4) política cambiaria adaptada a enfrentar la crisis actual, tipo de cambio flexible y único, y control temporario de las salidas de capital; 5) solucionar el horrendo desorden del sistema bancario argentino y 6) claras señales de que se mantendrá una razonable deuda externa.
El Fondo debe reflexionar sobre sus errores, los cuales no fueron aislados. Debería modificar algunas de sus prácticas internas, tales como reducir la tendencia de evaluar en forma positiva los planes presentados por los diversos países; mejorar su labor de auditoría a través de su Oficina de Evaluación Independiente, y revisar el rol de los grandes paquetes de ayuda financiera. En el caso de la crisis argentina, el Fondo debiera analizar el rol que le cupo para sacar enseñanzas y no repetir desaciertos, y sentirse comprometido a ayudar a la Argentina para salir de la actual situación.
Lo que no surge del libro es cómo lograr los distintos objetivos propuestos. En todos sus análisis y propuestas se nota una duda permanente sobre el camino específico a seguir. Por ejemplo: el Fondo debe ser exigente, pero no tanto; la comunidad internacional debe ayudar asumiendo riesgos, pero a su vez tratando de controlarlos; la política fiscal debe ser estricta, pero contemplar aspectos actuales de la crisis.
(c) LA GACETA







