29 Septiembre 2002 Seguir en 

Indagar y relatar la vida de artistas que, además de ser geniales, son transgresores y aventureros -tal es el caso de Rimbaud (1854-1891)- resulta atrapante para cualquier biógrafo. El especialista en literatura francesa del siglo XIX Graham Robb emprende con tal pasión y rigor la aventura, que su libro deja conmovido al lector (también exhausto... por su extensión, su minuciosidad, su grado de obsesión por el dato).
El biógrafo nos presenta a un joven que, aunque educado con severidad por su madre, muestra desde sus años jóvenes una inusitada rebeldía. Su lucidez encandila, pero su carácter desmesurado, su grosería, hacen insostenible la convivencia familiar. A los dieciséis años se revela el poeta excepcional que vive en él y que muere inexplicablemente a los veintiuno, cuando inicia sus desenfrenadas aventuras en el extranjero.
El rasgo sobresaliente de esta "vida" contada por G. R. se manifiesta, en gran medida, en la peculiar interpretación que el autor hace de los momentos decisivos de la existencia de Rimbaud. Sus actividades anarquistas, su vínculo tortuoso con Paul Verlaine, sus avatares como traficante de armas, sus vinculaciones con las sociedades esclavistas del Cuerno de Africa se enfocan como si se tratara de un aventurero contemporáneo. Auténtico "ícono de los poetas de la generación beat, los estudiantes de mayo del ?68, los músicos de rock intelectuales y el movimiento gay, Rimbaud ha hecho más que cualquier otro escritor por importar los ideales románticos al lejano siglo XX", afirma el autor.
Además de la fascinación por el contexto exótico en el que el poeta desgranó su vida, el biógrafo libera su exaltación y su asombro cuando se sitúa ante su obra. En este aspecto, destaca que desde la intransigencia y la sed de absoluto, la poesía de Rimbaud se manifiesta con vehemencia contra el conformismo burgués, la moral, la religión y contra toda forma de mordaza. Con tintes vibrantes G. R. describe el proceso creativo vivido por este artista que elabora su obra a partir de procedimientos singulares. Según Rimbaud, el auténtico poeta es un vidente que crea nuevas realidades; más aún, practica una suerte de "estética-ficción", agrega G. R., basada sobre "la fusión de diferentes sentidos, un torbellino de imágenes que crea otras nuevas en lugar de remitir al ?Yo? controlador".
Este trabajo granulado no descuida ninguno de los tortuosos senderos recorridos por el poeta a lo largo de su breve existencia. Como se ha anunciado, el biógrafo no enmascara el por momentos repulsivo perfil psicológico de Rimbaud (por el contrario, lo desdramatiza). Sin duda su propósito -explícito por otra parte- es priorizar el acercamiento del lector a la deslumbrante y reveladora obra de este artista del siglo XIX que anticipó el XX; del poeta que intentó abrazar el universo desde la magia de las sensaciones, de las alucinaciones, a través de un lenguaje sorprendente.
Sin embargo es preciso señalar que a pesar del interés que suscita esta obra en el lector especialista, la complejidad de entretejer vida y obra de un autor difícil, de evidente opacidad, torna por momentos ardua la aproximación al texto; tanto es así, que en algunos pasajes, la reconstrucción de su sentido deviene un auténtico trabajo de ordenamiento discursivo.
Completan la obra un apéndice con algunos textos en francés de las poesías de Rimbaud, una serie de notas que aluden a las actualizadas fuentes consultadas y una bibliografía apabullante.
El complejo trabajo de traducción de Daniel Aguirre Oteiza nos parece minucioso y cuidado.
(c) LA GACETA
El biógrafo nos presenta a un joven que, aunque educado con severidad por su madre, muestra desde sus años jóvenes una inusitada rebeldía. Su lucidez encandila, pero su carácter desmesurado, su grosería, hacen insostenible la convivencia familiar. A los dieciséis años se revela el poeta excepcional que vive en él y que muere inexplicablemente a los veintiuno, cuando inicia sus desenfrenadas aventuras en el extranjero.
El rasgo sobresaliente de esta "vida" contada por G. R. se manifiesta, en gran medida, en la peculiar interpretación que el autor hace de los momentos decisivos de la existencia de Rimbaud. Sus actividades anarquistas, su vínculo tortuoso con Paul Verlaine, sus avatares como traficante de armas, sus vinculaciones con las sociedades esclavistas del Cuerno de Africa se enfocan como si se tratara de un aventurero contemporáneo. Auténtico "ícono de los poetas de la generación beat, los estudiantes de mayo del ?68, los músicos de rock intelectuales y el movimiento gay, Rimbaud ha hecho más que cualquier otro escritor por importar los ideales románticos al lejano siglo XX", afirma el autor.
Además de la fascinación por el contexto exótico en el que el poeta desgranó su vida, el biógrafo libera su exaltación y su asombro cuando se sitúa ante su obra. En este aspecto, destaca que desde la intransigencia y la sed de absoluto, la poesía de Rimbaud se manifiesta con vehemencia contra el conformismo burgués, la moral, la religión y contra toda forma de mordaza. Con tintes vibrantes G. R. describe el proceso creativo vivido por este artista que elabora su obra a partir de procedimientos singulares. Según Rimbaud, el auténtico poeta es un vidente que crea nuevas realidades; más aún, practica una suerte de "estética-ficción", agrega G. R., basada sobre "la fusión de diferentes sentidos, un torbellino de imágenes que crea otras nuevas en lugar de remitir al ?Yo? controlador".
Este trabajo granulado no descuida ninguno de los tortuosos senderos recorridos por el poeta a lo largo de su breve existencia. Como se ha anunciado, el biógrafo no enmascara el por momentos repulsivo perfil psicológico de Rimbaud (por el contrario, lo desdramatiza). Sin duda su propósito -explícito por otra parte- es priorizar el acercamiento del lector a la deslumbrante y reveladora obra de este artista del siglo XIX que anticipó el XX; del poeta que intentó abrazar el universo desde la magia de las sensaciones, de las alucinaciones, a través de un lenguaje sorprendente.
Sin embargo es preciso señalar que a pesar del interés que suscita esta obra en el lector especialista, la complejidad de entretejer vida y obra de un autor difícil, de evidente opacidad, torna por momentos ardua la aproximación al texto; tanto es así, que en algunos pasajes, la reconstrucción de su sentido deviene un auténtico trabajo de ordenamiento discursivo.
Completan la obra un apéndice con algunos textos en francés de las poesías de Rimbaud, una serie de notas que aluden a las actualizadas fuentes consultadas y una bibliografía apabullante.
El complejo trabajo de traducción de Daniel Aguirre Oteiza nos parece minucioso y cuidado.
(c) LA GACETA







