29 Septiembre 2002 Seguir en 

Francisco García es el nuevo presidente de los argentinos, un ciudadano con una conducta intachable, que llega al poder a través del independiente "Partido de la Esperanza", dispuesto a erradicar la decadencia moral y económica que llevó al país al fracaso y a enfrentarse a la vieja clase política corrupta. El nuevo gobernante declara públicamente su patrimonio y el de sus parientes propone derribar los muros de la Quinta de Olivos para franquear el acceso a la gente; trabaja personalmente en la construcción de viviendas; quiere terminar con las listas sábana y reducir el número de legisladores; pretende eliminar la partidocracia y transparentar la función pública. A poco tiempo de ser elegido, es asesinado por un francotirador. La escena nos genera una inmediata asociación con el atentado a Kennedy, el presidente que quiere cambiar el statu quo y muere trágicamente a causa de ello.
Ernesto Colombino, protagonista de esta novela, es cronista del matutino porteño "La República". Este periodista lleva a cabo una investigación para esclarecer el magnicidio y se contacta con miembros de la SIDE, de la Policía Federal y Bonaerense, de partidos políticos tradicionales, de asociaciones gremiales, etc. El curso de la investigación va generando un asfixiante clima conspirativo.
El autor no posee una prosa magistral, ni mucho menos; pero sí una buena idea, aunque no la aproveche del todo bien. Desde la ficción ofrece una alternativa que la realidad nos escamotea. La de un hombre dispuesto a morir por un ideal. La Argentina no necesita mucho más para empezar a cambiar.
También, desde la ficción, conjetura que esa alternativa sería destruida por los forjadores de esa realidad, que no están dispuestos a permitir que cambie.
De escaso valor literario, con reminiscencias del oportunismo y del carácter comercial de textos de Dalmiro Sáenz como "El día que mataron a Alfonsín" o "El día que mataron a Cafiero", esta versión vernácula del "J.F.K." de Oliver Stone nos ofrece un planteo ingenioso y evidencia la aridez de la sociedad argentina en la generación de alternativas para afrontar su futuro.
(c) LA GACETA
Ernesto Colombino, protagonista de esta novela, es cronista del matutino porteño "La República". Este periodista lleva a cabo una investigación para esclarecer el magnicidio y se contacta con miembros de la SIDE, de la Policía Federal y Bonaerense, de partidos políticos tradicionales, de asociaciones gremiales, etc. El curso de la investigación va generando un asfixiante clima conspirativo.
El autor no posee una prosa magistral, ni mucho menos; pero sí una buena idea, aunque no la aproveche del todo bien. Desde la ficción ofrece una alternativa que la realidad nos escamotea. La de un hombre dispuesto a morir por un ideal. La Argentina no necesita mucho más para empezar a cambiar.
También, desde la ficción, conjetura que esa alternativa sería destruida por los forjadores de esa realidad, que no están dispuestos a permitir que cambie.
De escaso valor literario, con reminiscencias del oportunismo y del carácter comercial de textos de Dalmiro Sáenz como "El día que mataron a Alfonsín" o "El día que mataron a Cafiero", esta versión vernácula del "J.F.K." de Oliver Stone nos ofrece un planteo ingenioso y evidencia la aridez de la sociedad argentina en la generación de alternativas para afrontar su futuro.
(c) LA GACETA







