29 Septiembre 2002 Seguir en 

Capacidad de advertir. Esta cualidad tan escasa como admirable abunda en las casi 300 páginas de uno de los pocos libros indispensables que se han publicado en la Argentina este año. Con "Estados canallas", Noam Chomsky recupera y reivindica uno de los papeles tan trascendentales como olvidados de los intelectuales: quitarles la venda de los ojos a los miembros de la sociedad que no quieran tenerla puesta.
Encarar la lectura de esta obra obliga a devolver la mirada sobre los conflictos armados y sobre el terrorismo de Estado que azotaron distintos continentes en las últimas cuatro décadas. Y advertir que en ellos la única verdad es la muerte. Todo lo demás es mentira.Este reconocido lingüista carga duramente contra la macabra hipocresía de las grandes superpotencias. Y su desmitificación no cae en la demonización a fuerza de caminar por esa frontera con una rigurosidad casi científica en el análisis político. Cada sentencia está debidamente acompañada de una fuente formal de información, detallada al pie de la página.
Chomsky muestra que la denuncia es una excelente arma en la búsqueda de la verdad. El profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT) embate a Estados Unidos sin remilgos. El papel que jugó el gran país del Norte en los sangrientos capítulos de la historia de Timor Oriental, de Colombia, de los Balcanes, de Irak, de Guatemala y de El Salvador es desnudado en su más horrorosa dimensión. Pero el filósofo no tiene concesiones tampoco con los medios de comunicación. Su feroz crítica al papel complaciente de los grandes diarios norteamericanos respecto de las escalofriantes matanzas respaldadas desde el gobierno no tiene reparos. El "Washington Post", el "New York Times" y el "Boston Globe", entre otros, no deben tenerlo como el más feliz de sus suscriptores.
Es una pena, incluso, que "Estados canallas" haya llegado a la Argentina recién este año, cuando fue escrito en 2000. Haberlo leído entonces hubiera significado llegar al 11 de setiembre de 2001 con muchas más piezas colocadas en el rompecabezas mundial. Y hasta, muy probablemente, haberse sorprendido un poco menos con el bárbaro atentado contra las Torres Gemelas. Porque esta obra, cuya primera edición para la Argentina (Paidós) data de este año, desmenuza cuidadosamente numerosos ejemplos en los que las administraciones republicanas y demócratas estadounidenses fueron las encargadas de reclutar y entrenar a quienes, más tarde, se convirtieron en sus enemigos porque dejaron de tributar a los intereses de la gran potencia.
Precisamente, si bien Chomsky no duda en describir a Saddam Hussein como un genocida de masas, no deja de advertir que los gobernantes norteamericanos lo consideraban "su hombre" hasta que malinterpretó la amplitud del respaldo y se lanzó a invadir Kuwait. En medio de la coyuntura bélica, este trabajo no pierde actualidad, precisamente, por la profundidad de su abordaje.
En Indonesia, "la cifra (de personas asesinadas) llegó a 200.000 en pocos años, gracias al apoyo militar cada vez mayor de EE.UU., con la colaboración del Reino Unido", revela la obra que condena el bloqueo contra Cuba. "Hacer que las Naciones Unidas aparezcan como sumamente ineficaces ha sido un procedimiento rutinario desde que la organización salió del control estadounidense con la descolonización", afirma el autor, que apoya la condonación total de la deuda externa de América Latina. "La violencia es la carta ganadora de Washington", sintetiza esta reseña de escritos, artículos y conferencias, donde queda demostrado que, si a la historia la escriben los que ganan, siempre habrá otra historia. Quien quiera leer, que lea.
(c) LA GACETA
Encarar la lectura de esta obra obliga a devolver la mirada sobre los conflictos armados y sobre el terrorismo de Estado que azotaron distintos continentes en las últimas cuatro décadas. Y advertir que en ellos la única verdad es la muerte. Todo lo demás es mentira.Este reconocido lingüista carga duramente contra la macabra hipocresía de las grandes superpotencias. Y su desmitificación no cae en la demonización a fuerza de caminar por esa frontera con una rigurosidad casi científica en el análisis político. Cada sentencia está debidamente acompañada de una fuente formal de información, detallada al pie de la página.
Chomsky muestra que la denuncia es una excelente arma en la búsqueda de la verdad. El profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT) embate a Estados Unidos sin remilgos. El papel que jugó el gran país del Norte en los sangrientos capítulos de la historia de Timor Oriental, de Colombia, de los Balcanes, de Irak, de Guatemala y de El Salvador es desnudado en su más horrorosa dimensión. Pero el filósofo no tiene concesiones tampoco con los medios de comunicación. Su feroz crítica al papel complaciente de los grandes diarios norteamericanos respecto de las escalofriantes matanzas respaldadas desde el gobierno no tiene reparos. El "Washington Post", el "New York Times" y el "Boston Globe", entre otros, no deben tenerlo como el más feliz de sus suscriptores.
Es una pena, incluso, que "Estados canallas" haya llegado a la Argentina recién este año, cuando fue escrito en 2000. Haberlo leído entonces hubiera significado llegar al 11 de setiembre de 2001 con muchas más piezas colocadas en el rompecabezas mundial. Y hasta, muy probablemente, haberse sorprendido un poco menos con el bárbaro atentado contra las Torres Gemelas. Porque esta obra, cuya primera edición para la Argentina (Paidós) data de este año, desmenuza cuidadosamente numerosos ejemplos en los que las administraciones republicanas y demócratas estadounidenses fueron las encargadas de reclutar y entrenar a quienes, más tarde, se convirtieron en sus enemigos porque dejaron de tributar a los intereses de la gran potencia.
Precisamente, si bien Chomsky no duda en describir a Saddam Hussein como un genocida de masas, no deja de advertir que los gobernantes norteamericanos lo consideraban "su hombre" hasta que malinterpretó la amplitud del respaldo y se lanzó a invadir Kuwait. En medio de la coyuntura bélica, este trabajo no pierde actualidad, precisamente, por la profundidad de su abordaje.
En Indonesia, "la cifra (de personas asesinadas) llegó a 200.000 en pocos años, gracias al apoyo militar cada vez mayor de EE.UU., con la colaboración del Reino Unido", revela la obra que condena el bloqueo contra Cuba. "Hacer que las Naciones Unidas aparezcan como sumamente ineficaces ha sido un procedimiento rutinario desde que la organización salió del control estadounidense con la descolonización", afirma el autor, que apoya la condonación total de la deuda externa de América Latina. "La violencia es la carta ganadora de Washington", sintetiza esta reseña de escritos, artículos y conferencias, donde queda demostrado que, si a la historia la escriben los que ganan, siempre habrá otra historia. Quien quiera leer, que lea.
(c) LA GACETA







