29 Septiembre 2002 Seguir en 

De envidiables dotes narrativas, no es casual que John Grisham haya sido uno de los autores más vendidos en la década de los 90. Dejando de lado la novela de carácter intimista, como lo fue La granja, definida por la crítica como un "retrato naturalista", el autor retoma su estilo anterior con vigor, en este thriller sorprendente.
El relato comienza con el llamado que Reuben Atlee, juez en un pequeño poblado de Mississippi durante cuarenta años, hace a sus hijos a fin de discutir los detalles de su sucesión. El mayor de ellos, al llegar, encontrará al juez muerto junto a tres millones de dólares en efectivo, nunca declarados, ni mencionados en el testamento, circunstancias que pondrán en tela de juicio la reputación del magistrado, hasta entonces intachable, y en peligro la vida de su hijo.
El paisaje, el ambiente sureño y los abogados son temas a los que Grisham recurre con frecuencia en sus obras, por conocerlos a la perfección. A lo largo de la narración, sin perder el ritmo, realiza un análisis prolijo de las tensiones aún presentes en la sociedad sureña y de las diferencias con el próspero norte del país. No faltan tampoco los juristas asumiendo los roles principales, aunque esta vez sin las habituales engañifas legales. Los complejos personajes, en fin, están precisa y piadosamente caracterizados. La trama es veloz y el suspenso aumenta a medida que los enigmas comienzan a develarse, abriendo el final a la imaginación del lector.
Por lo demás, un libro que asegura entretenimiento y constituye la vuelta de este maestro contemporáneo del género a aquellos argumentos ingeniosos que sellaron su prestigio.
(c) LA GACETA
El relato comienza con el llamado que Reuben Atlee, juez en un pequeño poblado de Mississippi durante cuarenta años, hace a sus hijos a fin de discutir los detalles de su sucesión. El mayor de ellos, al llegar, encontrará al juez muerto junto a tres millones de dólares en efectivo, nunca declarados, ni mencionados en el testamento, circunstancias que pondrán en tela de juicio la reputación del magistrado, hasta entonces intachable, y en peligro la vida de su hijo.
El paisaje, el ambiente sureño y los abogados son temas a los que Grisham recurre con frecuencia en sus obras, por conocerlos a la perfección. A lo largo de la narración, sin perder el ritmo, realiza un análisis prolijo de las tensiones aún presentes en la sociedad sureña y de las diferencias con el próspero norte del país. No faltan tampoco los juristas asumiendo los roles principales, aunque esta vez sin las habituales engañifas legales. Los complejos personajes, en fin, están precisa y piadosamente caracterizados. La trama es veloz y el suspenso aumenta a medida que los enigmas comienzan a develarse, abriendo el final a la imaginación del lector.
Por lo demás, un libro que asegura entretenimiento y constituye la vuelta de este maestro contemporáneo del género a aquellos argumentos ingeniosos que sellaron su prestigio.
(c) LA GACETA







