22 Septiembre 2002 Seguir en 

Soy aerofóbico; eso quiere decir que tengo miedo a volar. Cada vez que me subo a un avión repaso mentalmente las estadísticas que me aseguran que el transporte aéreo es el más seguro de todos. Los números indican que una persona debería viajar todos los días durante 29 años para sufrir un accidente.
Pero no puedo evitar pensar que estoy a bordo de un gigantesco pájaro de metal con varias toneladas de peso y que me alejará a más de 3.000 metros del suelo, sin olvidar la espectacularidad de las catástrofes aéreas que, periódicamente, registran los diarios y la televisión. Creo que no me angustia tanto la muerte en sí misma, sino los momentos que imagino le precederían. La caída libre, la falta de control, la incertidumbre, el desconocimiento de lo que sucede en la cabina donde los pilotos manejan mi destino. Tal vez también exista un componente metafísico en mi perturbación. Cuando observo, desde arriba, la maqueta donde transcurre mi vida y a la que, instantes antes integraba junto a otras minúsculas piezas, es probable que tome conciencia de mi fragilidad, de mi insignificancia.
Circunstancias laborales me obligan a viajar en avión a Tucumán y creo que es el mejor momento para emprender la lectura de este libro. El autor repasa los síntomas que acostumbran presentar los pasajeros con temor a volar: sensación de ahogo, sudoración profusa, inquietud motriz, angustia, ansiedad, malestar físico general.
Cualquier modificación del sonido de las turbinas les suele generar inquietud y los sacudones bruscos, pensamientos trágicos. Los diversos capítulos nos explican los fenómenos físicos y las razones técnicas por las que un avión se mantiene en el aire; las causas por las que se producen turbulencias o pozos de aire; cuáles son los instrumentos con que cuentan los pilotos para detectar condiciones climáticas adversas y para superar eventuales contratiempos; cuáles son las medidas de seguridad que rigen la aeronavegación y también expone las probabilidades de sufrir un accidente. Bertoli afirma que un piso encerado es estadísticamente más riesgoso que un viaje en avión. Finalmente el autor, que es psiquiatra y piloto, nos expone los distintos tratamientos aplicables a esta fobia, que suele afectar a una enorme cantidad de personas en el mundo. Uno de cada tres pasajeros la sufre.
"...En quince minutos aproximadamente estaremos aterrizando en el aeropuerto Benjamín Matienzo de la ciudad de Tucumán; tenemos cielo despejado y una temperatura de 30 grados centígrados". Libro ameno, breve y útil para los que padecemos, en el grado que sea, miedo a viajar en avión. A mí, en particular, me ayudó a comprender algunas de sus causas y a vislumbrar posibles soluciones. Y, sobre todo, a que el viaje se me pase volando.
(c) LA GACETA
Pero no puedo evitar pensar que estoy a bordo de un gigantesco pájaro de metal con varias toneladas de peso y que me alejará a más de 3.000 metros del suelo, sin olvidar la espectacularidad de las catástrofes aéreas que, periódicamente, registran los diarios y la televisión. Creo que no me angustia tanto la muerte en sí misma, sino los momentos que imagino le precederían. La caída libre, la falta de control, la incertidumbre, el desconocimiento de lo que sucede en la cabina donde los pilotos manejan mi destino. Tal vez también exista un componente metafísico en mi perturbación. Cuando observo, desde arriba, la maqueta donde transcurre mi vida y a la que, instantes antes integraba junto a otras minúsculas piezas, es probable que tome conciencia de mi fragilidad, de mi insignificancia.
Circunstancias laborales me obligan a viajar en avión a Tucumán y creo que es el mejor momento para emprender la lectura de este libro. El autor repasa los síntomas que acostumbran presentar los pasajeros con temor a volar: sensación de ahogo, sudoración profusa, inquietud motriz, angustia, ansiedad, malestar físico general.
Cualquier modificación del sonido de las turbinas les suele generar inquietud y los sacudones bruscos, pensamientos trágicos. Los diversos capítulos nos explican los fenómenos físicos y las razones técnicas por las que un avión se mantiene en el aire; las causas por las que se producen turbulencias o pozos de aire; cuáles son los instrumentos con que cuentan los pilotos para detectar condiciones climáticas adversas y para superar eventuales contratiempos; cuáles son las medidas de seguridad que rigen la aeronavegación y también expone las probabilidades de sufrir un accidente. Bertoli afirma que un piso encerado es estadísticamente más riesgoso que un viaje en avión. Finalmente el autor, que es psiquiatra y piloto, nos expone los distintos tratamientos aplicables a esta fobia, que suele afectar a una enorme cantidad de personas en el mundo. Uno de cada tres pasajeros la sufre.
"...En quince minutos aproximadamente estaremos aterrizando en el aeropuerto Benjamín Matienzo de la ciudad de Tucumán; tenemos cielo despejado y una temperatura de 30 grados centígrados". Libro ameno, breve y útil para los que padecemos, en el grado que sea, miedo a viajar en avión. A mí, en particular, me ayudó a comprender algunas de sus causas y a vislumbrar posibles soluciones. Y, sobre todo, a que el viaje se me pase volando.
(c) LA GACETA







