22 Septiembre 2002 Seguir en 

Daniel Quinn es autor de Ismael y la salvación de la tierra, best seller publicado por la misma editorial. La presente narración puede alcanzar similar destino, si el lector vence las perplejidades que despierta. Por lo pronto exige dos lecturas y sólo en la segunda se vislumbra el sentido que el escritor quiso darle. Hay en ella un elemento insólito que apunta a brindar una alegoría del mundo actual y sus metas previsibles, por lo menos para los dueños del poder.
Jason Tull, Jr. es hijo de un magnate. Tal vez por su personalidad indefinida se relaciona con los Fenshaw, matrimonio residente en Túnez, preocupado por reunir pruebas acerca de la reencarnación y fundador de una sociedad llamada "Volvemos a vivir". Tiene así noticias de un "caso" ocurrido en Oneonta, pueblo del N.E. de U.S.A., donde una muchacha, Mallory Hastings, tras un accidente automovilístico, despierta en el hospital asegurando que sus padres no lo son, pues es hija de una familia Dorson y murió años atrás con el nombre de Mary Anne.
Jason intenta verificar los hechos, pero se encuentra ante una joven bonita, voluntariosa y arisca, que rechaza cualquier identificación con Mallory. Para demostrarle su error, o para encontrar la verdad, Jason la lleva a una escuela de señoritas ricas, donde mantiene un diálogo vivaz con aquellas acerca de la Historia, desde los orígenes. De ello resulta que la raza aria siempre procuró dominar a las demás y que los judíos, sus enemigos, minaron sus planes. En la última guerra Hitler resultó vencedor. A partir de ello la nueva era se llama "After Dachau", abreviado "A.D.", como señala el título.
Convertidos en amantes, Mallory (Mary Anne), que es pintora y se adhiere al realismo abstracto, y Jason se instalan en Nueva York. Ahí ella lo conduce por túneles, subterráneos y cañerías hasta la que fue su morada, donde le muestra una foto de su antecesora, una chica negra. Tras varias peripecias aparece en escena Harold Whitaker (el tío Harry), amigo de la familia de Jason, quien, en complicidad con Mallory, trata de convencer a Jason de que la suya es una crisis de identidad por ser hijo de un padre demasiado notorio. Comprende este, al fin, y tras una estrafalaria exposición pictórica en sociedad con Mallory, edita libros perdidos en el tiempo: Freud, Einstein, Kafka, Gertrude Stein, Anna Frank...
Resumir la historia no es una crítica, pero tal vez sea una necesidad para orientar al lector que quizá se pierda entre la mezcla de esoterismo, realidad, fantasía y juegos con tiempo y espacio.El ritmo es ágil, los largos diálogos a menudo chispeantes. La intención del autor parece apuntar a dos frentes: por un lado a la crítica del racismo ario (y no sólo nazi), tendiente a dominar a los otros pueblos; por otro, subrayar la supervivencia que el perseguido judaísmo ha brindado a la humanidad.
(c) LA GACETA
Jason Tull, Jr. es hijo de un magnate. Tal vez por su personalidad indefinida se relaciona con los Fenshaw, matrimonio residente en Túnez, preocupado por reunir pruebas acerca de la reencarnación y fundador de una sociedad llamada "Volvemos a vivir". Tiene así noticias de un "caso" ocurrido en Oneonta, pueblo del N.E. de U.S.A., donde una muchacha, Mallory Hastings, tras un accidente automovilístico, despierta en el hospital asegurando que sus padres no lo son, pues es hija de una familia Dorson y murió años atrás con el nombre de Mary Anne.
Jason intenta verificar los hechos, pero se encuentra ante una joven bonita, voluntariosa y arisca, que rechaza cualquier identificación con Mallory. Para demostrarle su error, o para encontrar la verdad, Jason la lleva a una escuela de señoritas ricas, donde mantiene un diálogo vivaz con aquellas acerca de la Historia, desde los orígenes. De ello resulta que la raza aria siempre procuró dominar a las demás y que los judíos, sus enemigos, minaron sus planes. En la última guerra Hitler resultó vencedor. A partir de ello la nueva era se llama "After Dachau", abreviado "A.D.", como señala el título.
Convertidos en amantes, Mallory (Mary Anne), que es pintora y se adhiere al realismo abstracto, y Jason se instalan en Nueva York. Ahí ella lo conduce por túneles, subterráneos y cañerías hasta la que fue su morada, donde le muestra una foto de su antecesora, una chica negra. Tras varias peripecias aparece en escena Harold Whitaker (el tío Harry), amigo de la familia de Jason, quien, en complicidad con Mallory, trata de convencer a Jason de que la suya es una crisis de identidad por ser hijo de un padre demasiado notorio. Comprende este, al fin, y tras una estrafalaria exposición pictórica en sociedad con Mallory, edita libros perdidos en el tiempo: Freud, Einstein, Kafka, Gertrude Stein, Anna Frank...
Resumir la historia no es una crítica, pero tal vez sea una necesidad para orientar al lector que quizá se pierda entre la mezcla de esoterismo, realidad, fantasía y juegos con tiempo y espacio.El ritmo es ágil, los largos diálogos a menudo chispeantes. La intención del autor parece apuntar a dos frentes: por un lado a la crítica del racismo ario (y no sólo nazi), tendiente a dominar a los otros pueblos; por otro, subrayar la supervivencia que el perseguido judaísmo ha brindado a la humanidad.
(c) LA GACETA







