22 Septiembre 2002 Seguir en 

Con este tercer volumen, Editorial Mondadori concluye la publicación de los textos en prosa del gran poeta galés Dylan Thomas (1914-1953). La temprana muerte de este hombre sensible, agudo y enamorado de las palabras, tras uno de los copiosos beberajes que destruyeron su breve vida, lo convirtió en objeto de culto para toda una generación. No fue casual que aquel muchacho músico, Robert Zimmerman, se lanzara a la vida artística como Bob Dylan.
Con otra piel, en la ajustada traducción de Miguel Martínez-Laje, ofrece en primer lugar los tres primeros capítulos de lo que iba a ser, como se advierte por las pautas argumentales que llegaron a desarrollarse, una novela de iniciación, la historia de un joven rebelde y desorientado que llega a Londres desde su Gales natal para... ¿sabe acaso para qué? Justamente, la marca del absurdo, del surrealismo y de las incertidumbres de estar viviendo la Segunda Guerra Mundial (aunque el relato se desarrolle en una época anterior) convierte a esta abortada novela en un documento artístico que va ambientando la escena en la que aparecerán los "iracundos" ("angry young men") de la posguerra.
Saltando un poco la cronología de la producción de Thomas, un segundo bloque nos remite a siete relatos de su madurez, escritos para sus programas de radio. La vena poética del galés embellece la prosa con toques certeros y conmovedores: "El pueblo todavía no había despertado y yo recorría las calles a pie como un desconocido salido del mar, despojándome de las algas y las olas y las tinieblas a cada paso...". Y hay mucho más. Estos textos, viñetas de la vida galesa, rescatan con sagaz apreciación lo que Fitzgerald llamó mucho antes "la infinita variedad de la vida". Thomas, devenido cronista radial, colorea con intensidad poética las travesuras infantiles, los sencillos menesteres de hombres y mujeres comunes, el caleidoscopio infatigable de los días.
Cuatro cuentos de juventud, de impecable factura, cierran el volumen testimoniando la temprana coherencia de las búsquedas artísticas y existenciales de Dylan Thomas: el sentido de la vida (si lo tuviera), la posibilidad de la esperanza (si la hubiera) en un mundo al borde del abismo, además de la alta certeza de un emocionado amor a la vida como único camino de plenitud, y de un lenguaje riguroso en sus formas y sugestivo en sus connotaciones como testimonio de tal certeza.
(c) LA GACETA
Con otra piel, en la ajustada traducción de Miguel Martínez-Laje, ofrece en primer lugar los tres primeros capítulos de lo que iba a ser, como se advierte por las pautas argumentales que llegaron a desarrollarse, una novela de iniciación, la historia de un joven rebelde y desorientado que llega a Londres desde su Gales natal para... ¿sabe acaso para qué? Justamente, la marca del absurdo, del surrealismo y de las incertidumbres de estar viviendo la Segunda Guerra Mundial (aunque el relato se desarrolle en una época anterior) convierte a esta abortada novela en un documento artístico que va ambientando la escena en la que aparecerán los "iracundos" ("angry young men") de la posguerra.
Saltando un poco la cronología de la producción de Thomas, un segundo bloque nos remite a siete relatos de su madurez, escritos para sus programas de radio. La vena poética del galés embellece la prosa con toques certeros y conmovedores: "El pueblo todavía no había despertado y yo recorría las calles a pie como un desconocido salido del mar, despojándome de las algas y las olas y las tinieblas a cada paso...". Y hay mucho más. Estos textos, viñetas de la vida galesa, rescatan con sagaz apreciación lo que Fitzgerald llamó mucho antes "la infinita variedad de la vida". Thomas, devenido cronista radial, colorea con intensidad poética las travesuras infantiles, los sencillos menesteres de hombres y mujeres comunes, el caleidoscopio infatigable de los días.
Cuatro cuentos de juventud, de impecable factura, cierran el volumen testimoniando la temprana coherencia de las búsquedas artísticas y existenciales de Dylan Thomas: el sentido de la vida (si lo tuviera), la posibilidad de la esperanza (si la hubiera) en un mundo al borde del abismo, además de la alta certeza de un emocionado amor a la vida como único camino de plenitud, y de un lenguaje riguroso en sus formas y sugestivo en sus connotaciones como testimonio de tal certeza.
(c) LA GACETA







