La primera novela de un periodista argentino tiene la virtud del encanto

Los secuestros extorsivos, un tema de perturbadora actualidad.

22 Septiembre 2002
Stevenson aseguraba que existe una virtud sin la cual todas las demás son inútiles. Esa virtud es el encanto. "Un crimen argentino", primera novela del periodista Reynaldo Sietecase (que actualmente se desempeña como editor de la revista "Veintitrés"), tiene ese encanto del que hablaba Stevenson. Sobre todo porque la historia está centrada en un tema de perturbadora actualidad: los secuestros extorsivos.
En diciembre de 1980, con la dictadura aún en su apogeo, el abogado Mariano Márquez decide ejecutar su versión del crimen perfecto. Organiza el secuestro de un importante empresario y, para alcanzar impunidad, trata de usar la misma estrategia que el régimen militar: hacer desaparecer el cadáver. ¿Cómo?, sumergiéndolo en ácido sulfúrico hasta convertirlo en un líquido oscuro y maloliente. "Sin cuerpo no hay delito" repite el protagonista a lo largo de la trama.
Con un estilo implacable, casi cinematográfico y por momentos asfixiante, Sietecase logra introducir con éxito una variante casi inexplorada en el género policial argentino: la unión del suspenso con la política. Los acontecimientos de "Un crimen argentino" se suceden en un marco histórico tan concreto y verosímil que al final el autor debe aclarar que sólo se trata de una ficción y no de un hecho verídico. El recurso de ir y volver en el tiempo le imprime un vértigo inusual al relato, que termina envolviendo al lector como si fuera una telaraña. Los recuerdos de infancia de Mariano Márquez se alternan con su plan macabro y, de alguna manera, lo justifican. De allí que la novela se lea casi como una crónica policial.
Hay algunos golpes bajos, sobre todo en lo que concierne a la compleja y casi enfermiza vida sentimental del protagonista. Pero esa contingencia no le quita seducción a la trama. Claro que también hay un mensaje entre líneas, algo que permanece oculto hasta que el lector lo descubre. A lo largo de la novela, el protagonista concibe la vida como una serie de rupturas o mejor, como una ruptura en serie: la que separa a la cordura de la demencia, el asesinato de la solidaridad y la venganza del perdón. Empujado por la oscuridad, Márquez quiere llegar a la luz o, al menos, a la penumbra civilizada. Aun a sabiendas de que lo que puede llegar al final es, como descubrió demasiado tarde Macbeth, la condena y el remordimiento.

(c) LA GACETA

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