Novela de Hermann Broch, uno de los grandes nombres de las letras alemanas del siglo que pasó

"El Maleficio" le llevó dos años de confección, entre 1935 y 1937, y elaboró tres versiones.

15 Septiembre 2002
Afirmar que Hermann Broch es uno de los grandes nombres de la literatura alemana de la primera mitad del siglo 20 significa, simultáneamente, instalarlo en el mismo nivel que Thomas Mann, Hofmannsthal, Rilke, Kafka y Musil.
Obsérvese, de paso, que excepto el autor de "La montaña mágica", alemán de Lübeck, los restantes nacieron y se desarrollaron espiritualmente dentro de las fronteras del imperio de los Habsburgo. Más aún, Hofmannsthal y Broch nacieron en el centro mismo de esa Mitteleuropa, ensalzada justamente en estos tiempos por Claudio Magris, en Viena, núcleo de una cultura de alcances increíbles y dentro de la cual florecieron asimismo las artes plásticas, la música y algo tan raigalmente austríaco en sus orígenes como el psicoanálisis. También, y el dato excede la intención irónica, Herr Hitler.
Broch, vástago de una familia judía enriquecida, vio la luz en 1886. Su padre lo hizo estudiar en la Universidad Tecnológica de Viena y en la de Mülhausen, en Alsacia, para que siguiera sus pasos dentro de la industria textil, en la que Broch alcanzó una posición descollante. En 1927, a los cuarenta y un años, el ingeniero, que venía estudiando con ahínco filosofía y psicología, vocaciones que siguió profundizando hasta su muerte, dejó la actividad industrial para convertirse en un escritor profesional. A raíz de la anexión de su patria al Reich alemán, tras un corto encarcelamiento por parte de la Gestapo, pudo huir, primero a Gran Bretaña, y luego a los Estados Unidos, donde residió hasta su fallecimiento en 1951 en Connecticut. Un año antes se lo había propuesto como candidato al premio Nobel, debido principalmente al prestigio que le había otorgado su última novela, "La muerte de Virgilio", una de las composiciones esenciales del siglo en el área de la literatura.
Aunque el autor cultivó también la lírica, el cuento, el teatro, ensayos rigurosos y de crítica de la época, en los que abordó los temas más candentes, es considerado sobre todo como un novelista, el que escribió la trilogía "Los sonámbulos". La novela a la que la reseña alude le llevó dos años, entre 1935 y 1937 mientras residió en dos localidades de los Alpes tiroleses. Se llama en el original "Der Versucher", de la que quedaron tres versiones. La presente fue publicada en forma póstuma, en 1953.
El título que lleva en castellano, "El maleficio", no es exacto, y sería más adecuado el de "El tentador". Pues uno de los protagonistas, Marius Ratti, llega inesperadamente a un pueblo pequeño de campesinos en la montaña (la novela había sido calificada en un principio como "novela de montaña"), e inicia una prédica fanática donde levanta las banderas de la honestidad y del amor a la naturaleza, como también a la vida sencilla del campo. Lo que no estaría mal si no encubriera un ardiente sentido de odio contra la civilización, las máquinas y lo extraño. Solivianta de esta manera con ademán demagógico el ánimo del pueblo que, inspirado por una religiosidad bárbara, consiente en el asesinato de una niña y en la expulsión de un extranjero inocente, el "otro". Los hechos, numerosos y descriptos por un narrador, el médico del lugar, se funden con las actitudes de las personas, los diálogos y la interpretación de una naturaleza de múltiples fases. La antagonista de Ratti es la Madre Gisson, una mujer madura y de aureola médica que obra a partir de un instinto místico y del sentimiento de un amor abnegado, puro, total. Uno de los aspectos más notables de la novela es la manipulación que Ratti (lo demoníaco) hace de las masas, un costado que también explica en parte la ascensión de Hitler al poder.
Para Broch la literatura no era una rama de la estética (nada del arte por el arte), sino, fundamentalmente, de la ética, y esa convicción se le fue acentuando con los años. Su culminación es, precisamente, "La muerte de Virgilio". La traducción resulta básicamente correcta, lo que no es poco en este caso.

(c) LA GACETA

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