Figura clave en la historia de la cultura nacional

Por Eduardo Dessein

08 Septiembre 2002
En esta exhaustiva biografía vemos a una jovencita rica y aristocrática, convertida en figura central de la vida artística y literaria del país, a la que aporta una distinguida actuación teatral y libros tibiamente recibidos.
En 1931, Victoria Ocampo funda la revista Sur, cuyo nombre le fue sugerido por Ortega y Gasset, y llega a ser una de las más importantes revistas literarias del mundo. También uno de nuestros emprendimientos más duraderos, ya que apareció ininterrumpidamente durante cuarenta años, conservando su calidad y circulación, cuando las escuetas revistas existencialistas de la Rive Gauche no se leían fuera del 6 ème arrondissement.
La revista, que exhibía en su tapa una flecha invertida, publicó trabajos de Gide, Thomas Mann, Saurrault, Eliot, Claudel, Pound, Malraux y Camus que difícilmente se congregarían en antiguallas como la Revue des deux mondes.Nuestra debutante luce, espléndida, los modelos de Mme. Chanel y se presenta, en 1934, en el papel de recitante en "Persephone" de Stravinsky, en el Teatro Colón. Nuevamente, siguiendo el buen consejo de Ortega funda, en 1933, una editorial con el mismo nombre, Sur, que inicia sus actividades publicando Romancero Gitano de Federico García Lorca.
Los libros de la propia Victoria reciben condescendientes elogios de la crítica local, uno de cuyos mentores, Arturo Capdevila, pronuncia las zetas con acento cordobés.
Quizás una conspiración para relegar a la esplendente Victoria al papel de rica coleccionista de figuritas literarias.
La editorial Sur, al publicar en español libros de aparición reciente en inglés o francés, se convirtió en un gran órgano de difusión cultural. Hizo conocer en español, en 1933, a D.H. Lawrence y a Aldous Huxley y, en 1936, a Jung, a Virginia Woolf y a André Malraux.
En la década del 40, Sur publicó a Faulkner, Forster, Graham Greene, Mailer, Kwerouak, Dylan Thomas, Sartre, Nabokov. ¡Qué privilegio para la Argentina ser recipendaria casi inmediata de esas obras, en español! Qué bendición para mí, que apenas conocía a esos autores, sólo legibles en su idioma original.
A esto se sumaban otros factores, ocasionales pero imperativos. Los libros españoles no eran especialmente atractivos para un joven argentino. Los de Azorín, por ejemplo, que tanto me deleitaron años después, aunque ya había leído "La voluntad" en el Nacional. Huxley, en cambio, era para mí el mundo moderno, milagrosamente accesible para mi esmirriado bolsillo.
Sólo cuarenta años después, en 1977, Victoria entró en la alicaída Academia Argentina de Letras, que pernocta en la elegante avenida Alvear. Simple dato sobre cuánto cuesta en nuestro país el reconocimiento.
En 1962, Octavio Paz expresó el homenaje que no le hizo ningún argentino: "Victoria, dijo, es la fundadora de un espacio espiritual. Sur es la libertad de la literatura frente a los poderes terrestres. No es una figura mitológica, tiene voluntad e imaginación, cólera y generosidad. Y con todo eso ha hecho lo que antes nadie había hecho en América".
Después de su muerte, Borges dijo: "...en un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo". Un dudoso elogio, alevosamente críptico y desagradecido.(c) LA GACETA

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