08 Septiembre 2002 Seguir en 

En este libro, los doctores Sheree Conrad y Michael Milburn muestran los resultados de una investigación que realizaron en el año 1998, sobre lo que han dado en llamar "inteligencia sexual".
Este proyecto tuvo por objeto averiguar qué es lo que marca la diferencia entre una vida sexual sin conflictos, satisfactoria y plena, y una vida sexual decepcionante o incluso destructiva: en otras palabras, qué significa ser "sexualmente inteligente". Con este motivo elaboraron un "test de inteligencia sexual". Se trata de un cuestionario que invita al sujeto a responder acerca de los más diversos aspectos de su vida sexual: desde la utilización de la pornografía y las experiencias con el sexo a través de Internet, hasta la "primera vez" y su influencia en la vida sexual actual; lo aprendido en el contexto familiar y escolar; la infidelidad o el tipo de material con el que se fantasea, entre otros muchos temas. Conrad y Milburn distribuyeron este test entre casi quinientas personas de distintos lugares de Estados Unidos y de alrededor del mundo, con edades comprendidas entre los dieciocho y los sesenta y cuatro años, tanto hombres como mujeres; homosexuales, heterosexuales y bisexuales; casadas y solteras; vírgenes y hasta "tres fanfarrones que aseguraron haber tenido cincuenta, setenta y cinco y ciento cincuenta parejas sexuales".
En estos tiempos modernos, en los que creemos habernos liberado ("por fin") de una visión pobre y encorsetada de la sexualidad, las conclusiones que los autores exponen en su obra resultan sorprendentes: un bajísimo porcentaje de los encuestados afirmó tener una vida sexual muy satisfactoria; casi la mitad de la muestra dijo sentir vergüenza de algunos de sus deseos o conductas sexuales; y un número alarmantemente elevado de los participantes padecía disfunciones sexuales, por citar sólo algunos resultados. En opinión de Conrad y de Milburn, "la revolución sexual de los años sesenta podría no haber ocurrido nunca a juzgar por el efecto que ha tenido en nuestra disposición a afrontar directamente la sexualidad", y consideran que "lo que parece habernos quedado es más bien un barniz mundano en forma de obsesión por el sexo en los medios de comunicación y en la cultura popular".
"Inteligencia sexual" logra atrapar a quien lo lee, de inmediato. Ilustrando el tema con los distintos casos recogidos a lo largo de su investigación, los autores han procurado exponer con claridad las reflexiones, actitudes y conductas propias de una persona que se desenvuelve con inteligencia en su vida sexual. Y al final del libro han incluido el famoso test, de manera que el lector podrá averiguar su nivel de inteligencia sexual, como punto de partida para comenzar a modificar aquellos elementos que están funcionando como obstáculos para el logro de una vida sexual plena. (c) LA GACETA
Este proyecto tuvo por objeto averiguar qué es lo que marca la diferencia entre una vida sexual sin conflictos, satisfactoria y plena, y una vida sexual decepcionante o incluso destructiva: en otras palabras, qué significa ser "sexualmente inteligente". Con este motivo elaboraron un "test de inteligencia sexual". Se trata de un cuestionario que invita al sujeto a responder acerca de los más diversos aspectos de su vida sexual: desde la utilización de la pornografía y las experiencias con el sexo a través de Internet, hasta la "primera vez" y su influencia en la vida sexual actual; lo aprendido en el contexto familiar y escolar; la infidelidad o el tipo de material con el que se fantasea, entre otros muchos temas. Conrad y Milburn distribuyeron este test entre casi quinientas personas de distintos lugares de Estados Unidos y de alrededor del mundo, con edades comprendidas entre los dieciocho y los sesenta y cuatro años, tanto hombres como mujeres; homosexuales, heterosexuales y bisexuales; casadas y solteras; vírgenes y hasta "tres fanfarrones que aseguraron haber tenido cincuenta, setenta y cinco y ciento cincuenta parejas sexuales".
En estos tiempos modernos, en los que creemos habernos liberado ("por fin") de una visión pobre y encorsetada de la sexualidad, las conclusiones que los autores exponen en su obra resultan sorprendentes: un bajísimo porcentaje de los encuestados afirmó tener una vida sexual muy satisfactoria; casi la mitad de la muestra dijo sentir vergüenza de algunos de sus deseos o conductas sexuales; y un número alarmantemente elevado de los participantes padecía disfunciones sexuales, por citar sólo algunos resultados. En opinión de Conrad y de Milburn, "la revolución sexual de los años sesenta podría no haber ocurrido nunca a juzgar por el efecto que ha tenido en nuestra disposición a afrontar directamente la sexualidad", y consideran que "lo que parece habernos quedado es más bien un barniz mundano en forma de obsesión por el sexo en los medios de comunicación y en la cultura popular".
"Inteligencia sexual" logra atrapar a quien lo lee, de inmediato. Ilustrando el tema con los distintos casos recogidos a lo largo de su investigación, los autores han procurado exponer con claridad las reflexiones, actitudes y conductas propias de una persona que se desenvuelve con inteligencia en su vida sexual. Y al final del libro han incluido el famoso test, de manera que el lector podrá averiguar su nivel de inteligencia sexual, como punto de partida para comenzar a modificar aquellos elementos que están funcionando como obstáculos para el logro de una vida sexual plena. (c) LA GACETA







