25 Agosto 2002 Seguir en 

Los Chalchaleros, que hace poco pasaron a retiro luego de 54 años de vida en los escenarios, fue uno de los conjuntos símbolo de nuestra música nativa. "Decidimos decirle adiós a la gente en la plenitud, con todas las ganas de seguir cantando. Queremos ganarle al tiempo y no que el tiempo nos gane a nosotros. Y eso que sabemos que hay varias cosas a las que no se les puede ganar: una es la ruleta y la otra, el tiempo", dice Juan Carlos Saravia hacia el final de sus memorias, que no son otra cosa que la historia del grupo.
El único fundador sobreviviente atribuye la perdurabilidad del conjunto a que no fue creado para ganar dinero ni para vivir del oficio de cantor. "Nos juntamos porque ninguno sabía tocar nada ni cantar solo y queríamos presumirles a las chiquilinas y divertirnos...
No habríamos durado tanto si nos hubiéramos formado exclusivamente para disfrutar de beneficios económicos. El comercio no está divorciado del arte. Pero cuando en la intención originaria prevalece el comercio, se lo prostituye porque se lo está utilizando como un medio para alcanzar otro fin", afirma Saravia.La fecha de nacimiento -el 16 de junio de 1948- fue elegida arbitrariamente en conmemoración de la muerte de Güemes. Aunque posiblemente el grupo arrancó el 4 de abril de 1949. Ya desde los primeros capítulos se insinúa el tono amable y entretenido que campeará en las páginas restantes.
Gordo, miedoso, simpático, caprichoso, mal alumno, Juan Carlos evoca con humor las trapacerías de su infancia y adolescencia. A lo largo del libro va enhebrando anécdotas muy divertidas, como aquella de los comienzos, cuando tenían que acompañar al Cuchi Leguizamón, cuando este ya era un destacado pianista. "Llegó el momento de cantar en el hotel Salta. Pusimos cuatro sillas y el piano en una tarima. Ni me acuerdo qué tocamos por el julepe que teníamos. Cuando terminamos de acompañarlo, el Cuchi se levantó para irse y, mientras le recordábamos que todavía faltaban nuestras canciones, nos dijo delante de todo el mundo: ?¡No, ustedes cantan más fiero que la m...!?, y se fue". Sobre la modalidad de no pronunciar las últimas sílabas, Yupanqui le dijo años después a Saravia: "ustedes han conseguido una afinación perfecta. Al no decir la nota que corresponde a la última sílaba, el que está oyendo la reproduce en su oído y es la afinación más perfecta porque él tiene el tono. No puede decir: ?aquí me suena mal porque está desafinado?". Saravia también comenta la explosión de festivales que hubo en los 70 y cómo estos se fueron convirtiendo en una sucesión de procacidades. "El comercio siempre va destruyendo la esencia de algo que se ha hecho bien y los festivales fueron el arma letal por la cual murió la difusión del folclore. Hoy, por suerte, sólo quedan los festivales serios", asevera.
"Memorias de un Chalchalero" compendia sabrosas anécdotas personales y del famoso conjunto, así como reflexivos comentarios y observaciones sobre la música y la vida. Saravia tiene además el mérito de escribir como habla y ello contribuye a establecer una relación de complicidad con el lector, que tiene por momentos la sensación de estar escuchándolo. A lo largo de su relato, se descubre a un hombre que tal vez por haber sido criado con amor, ha sabido recrear en su propia familia y en su grupo un sentimiento similar. Porque seguramente ese afecto repartido es también una de las causas de la extensa vida de Los Chalchaleros.
(c) LA GACETA
El único fundador sobreviviente atribuye la perdurabilidad del conjunto a que no fue creado para ganar dinero ni para vivir del oficio de cantor. "Nos juntamos porque ninguno sabía tocar nada ni cantar solo y queríamos presumirles a las chiquilinas y divertirnos...
No habríamos durado tanto si nos hubiéramos formado exclusivamente para disfrutar de beneficios económicos. El comercio no está divorciado del arte. Pero cuando en la intención originaria prevalece el comercio, se lo prostituye porque se lo está utilizando como un medio para alcanzar otro fin", afirma Saravia.La fecha de nacimiento -el 16 de junio de 1948- fue elegida arbitrariamente en conmemoración de la muerte de Güemes. Aunque posiblemente el grupo arrancó el 4 de abril de 1949. Ya desde los primeros capítulos se insinúa el tono amable y entretenido que campeará en las páginas restantes.
Gordo, miedoso, simpático, caprichoso, mal alumno, Juan Carlos evoca con humor las trapacerías de su infancia y adolescencia. A lo largo del libro va enhebrando anécdotas muy divertidas, como aquella de los comienzos, cuando tenían que acompañar al Cuchi Leguizamón, cuando este ya era un destacado pianista. "Llegó el momento de cantar en el hotel Salta. Pusimos cuatro sillas y el piano en una tarima. Ni me acuerdo qué tocamos por el julepe que teníamos. Cuando terminamos de acompañarlo, el Cuchi se levantó para irse y, mientras le recordábamos que todavía faltaban nuestras canciones, nos dijo delante de todo el mundo: ?¡No, ustedes cantan más fiero que la m...!?, y se fue". Sobre la modalidad de no pronunciar las últimas sílabas, Yupanqui le dijo años después a Saravia: "ustedes han conseguido una afinación perfecta. Al no decir la nota que corresponde a la última sílaba, el que está oyendo la reproduce en su oído y es la afinación más perfecta porque él tiene el tono. No puede decir: ?aquí me suena mal porque está desafinado?". Saravia también comenta la explosión de festivales que hubo en los 70 y cómo estos se fueron convirtiendo en una sucesión de procacidades. "El comercio siempre va destruyendo la esencia de algo que se ha hecho bien y los festivales fueron el arma letal por la cual murió la difusión del folclore. Hoy, por suerte, sólo quedan los festivales serios", asevera.
"Memorias de un Chalchalero" compendia sabrosas anécdotas personales y del famoso conjunto, así como reflexivos comentarios y observaciones sobre la música y la vida. Saravia tiene además el mérito de escribir como habla y ello contribuye a establecer una relación de complicidad con el lector, que tiene por momentos la sensación de estar escuchándolo. A lo largo de su relato, se descubre a un hombre que tal vez por haber sido criado con amor, ha sabido recrear en su propia familia y en su grupo un sentimiento similar. Porque seguramente ese afecto repartido es también una de las causas de la extensa vida de Los Chalchaleros.
(c) LA GACETA







