Desaparición del deslinde entre la realidad tangible y el proyecto que es sólo un sueño evanescente

Cuentos que, para dar fidelidad al entorno, dejan de lado las locuciones coloquiales.

25 Agosto 2002
Nadar de noche, título del libro que se reedita y del último de sus relatos, alude a la situación, poco frecuente, en que desaparece el deslinde entre la realidad que se toca y el proyecto que es sólo un sueño evanescente. El agua nocturna pone, en efecto, en una nueva perspectiva al límite, que se hace irreal, cambiante e indeciso, o sea, todo lo que precisamente el límite no debe ser.
Esta imprecisión del contorno que resulta del agua que ha quedado en los párpados, es la garantía, el sello paradójico de la realidad del nadador nocturno, definido como alguien que está y que, al minuto siguiente, puede no estar, o por lo menos, no verse.
En su búsqueda de fidelidad al entorno, estos cuentos dejan de lado el lenguaje usual de aquellos escritores que sólo utilizan las locuciones coloquiales en los diálogos, monólogos o ensoñaciones de sus protagonistas.El autor, como Cortázar y, en mayor medida, como Puig, no utiliza, para su creación literaria, un lenguaje distinto del habitual, del de todos los días. No sólo escribe acertadamente "chicas" en lugar de "jovencitas", sino que afirma que ellas son "descomunales". Una adjetivación que, sin ser habitual, resulta perfectamente comprensible, como apreciación volumétrica o como modismo de "excepcionales".
Muy bien logrado el clima de la diplomacia, su mezcla de frío distanciamiento y murmuración aldeana, que aporta "Memorandum Almazán", un acierto en su graduación de efectos, que nos hace acordar a algún libro de Lawrence Durrell, diplomático de profesión que la ejerció en nuestro país.En "Para Gaby" el autor crea una atmósfera que escamotea, con rara habilidad, una historia subyacente, procedimiento que lleva a un desenlace inesperado y cómico en "Video y comida china".
Prefiero la aparente superficialidad de estos relatos al solapado romanticismo de "El karma de ciertas chicas" o al melodrama de "Alquitrán en los pies", en el que una embarazada le anuncia un hijo no deseado a su padre, recluido en un manicomio.
En "Mañana preocúpate de mañana" el lector comprueba con asombro la dependencia del protagonista de la ecuación entre el propio oído y la voz que anuncia la partida de los aviones. "El borde peligroso de las cosas" se mantiene trabajosamente al borde de la credibilidad. Por fin, en "Nadar de noche" aparece el fantasma del padre del narrador con desilusionantes noticias del más allá.
(c) LA GACETA

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