Lírica portuguesa y brasileña del siglo que terminó

Edición bilingüe, obra de un diestro equipo, con traducciones y textos originales.

18 Agosto 2002
Esta antología de lírica portuguesa y brasileña cubre gran parte del siglo XX. Empieza con composiciones de Eugénio de Castro -ese "bizarro y mágico Vasco de Gama de la lira" que exaltó Rubén Darío en Los raros- y se cierra con versos del brasileño Joân Cabral de Melo Neto puesto bajo el título "Tejiendo la mañana" ("un gallo solo no teje la mañana..."). Comprende, según indica el subtítulo y explica J.A. Seabra en la introducción, la evolución histórica, cuyas dos etapas fundamentales se designan en la literatura de lengua portuguesa con los conceptos de simbolismo y modernismo. Hay que aclarar que este simbolismo coincide -en el tiempo y en los ideales poéticos- con el modernismo hispanoamericano, y que el modernismo de lengua portuguesa, que empezó en Portugal en tiempos de la Primera Guerra Mundial y después se manifestó en Brasil, equivale a lo que solemos designar vanguardia.
En la primera parte -puesta en castellano por Rodolfo Alonso, con notorio dominio del lenguaje lírico y de la experiencia poética- están los poetas portugueses, con más páginas. En relativo orden cronológico aparecen los autores; así, Eugénio de Castro, nacido en 1869, precede a António Nobre del año 1867, porque, como se lee en la nota biográfica (compuso las de esta sección J.A. Seabra, las tradujo R. Alonso), fue uno de los "pioneros y mentores" del simbolismo. La mayoría de los poetas del tramo final de la sección portuguesa ha nacido en el primer decenio del siglo XX. La parte brasileña, que empieza con Cruz e Souza (1861) y termina con Cabral de Melo Neto (1920), tiene más amplitud en cuanto a la fecha de nacimiento, pero se mantiene en conjunto dentro del mismo tramo cronológico. Anderson Braga Horta y José Jerónimo Rivera hicieron la selección de los poetas brasileños; José Santiago Naud, las notas biográficas; varios traductores pusieron en castellano los poemas.
Como Rubén Darío, sabe desarrollar Eugénio de Castro la melodía y el rimo del lenguaje, lo que se verifica en "Un sueño"; y su prosa poética "Un cacto en el polo" recoge el melancólico pesimismo finisecular en el nombre de Schopenhauer. Portugal, el país del crepúsculo, el país que mira el sol poniente y el mar, es aludido desde el exilio, desde los conmovedores "Ocasos de Francia" de António Nobre. ¿Cómo no percibir la fraternal resonancia del poema inicial de Cantos de vida y esperanza, en la confidencia de Camilo Pessanha? "Yo vi la luz en un país perdido. / El alma mía es lánguida e inerme", tan portuguesa en el desengaño patrio, en la búsqueda anímica. Una perceptible cesura de la antología, el paso a la nueva modalidad, se percibe en los poemas de Pessoa, de sus heterónimos, de sus compañeros de escuela, de sus discípulos.
Bajo la "Lluvia oblicua" hace reaparecer el sueño atávico de Portugal; pero con la forma del arte del siglo XX, en el que el sueño atraviesa la realidad y la despedaza. Como un Kafka de la lírica compara su alma con un "vaso vacío", que cayó por la escalera y se hizo añicos, en el emblemático "Apunte". José de Almada Negreiros también se objetiviza en el anhelo de ser "cualquier cosa de nuestra casa. Como la mesa...".
El tema del poeta y su destino es una línea que reúne a varios autores y estilos: según el "Epitafio...", de José Regio, al poeta muerto deberían ponerlo desnudo en el cajón, "como una piedra, o una estrella"; el mismo Regio destaca la verdad absoluta de la palabra poética, que no puede mentir ("Impromptu corregido"); otra voz, la de Adolfo Casais Monteiro, advierte que al poeta no hay que pedirle "un camino".
Cruz e Souza, el hijo de esclavos libertos, da las primeras imágenes sudamericanas, brasileñas: "El mundo para ti fue negro y duro" ("Vida obscura"). Pesimismo, exaltado énfasis hacen parecer versos de Augusto dos Anjos a los de nuestro Almafuerte, en "Soliloquio de un visionario" e "Himno al dolor". Religiosidad y naturaleza virgen se conjugan en "Ocaso", de Oswald de Andrade... Como un gesto de moderna fraternidad ibérica, que se tiende por encima del océano, se lee "La muerte de madrugada" de Vinicius de Moraes, poema que evoca a Federico García Lorca.
En suma: una antología preparada por un calificado equipo que en edición bilingüe, con textos originales y traducciones, pone al alcance del lector dos líricas nacionales de plena vigencia a las que nos aproxima también fraternidad histórica y lingüística que es hora de reconocer en plenitud.

(c) LA GACETA

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