Primera edición en castellano de dos provocativas piezas de Copi

Por Julio Ardiles Gray

11 Agosto 2002
Desembarcó en París en 1962. Raúl Natalio Roque Taborda Botana, más conocido por su seudónimo, Copi, había nacido en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1939, y en la capital francesa formó parte de esa brillante generación de argentinos que en algún modo cambiaron la vida artística e intelectual de la "ciudad luz".
Dos años más tarde comenzó a publicar en la revista Le Nouvel Observateur su comic "La señora sentada", que le dio una inmensa popularidad. En Buenos Aires ya había estrenado una pieza de teatro Un ángel para la señora Lisca y había dado sus primeros pasos como dibujante.
Ahora se publican por primera vez escritas en castellano estas dos piezas que comentamos -dado que la mayoría de su obra teatral ha sido escrita en francés-, que sintetizan las isotermas de su producción escénica: provocación y transgresión.
Escrito en versos octosílabos asonantados y consonantados, Cachafaz es un sainete al viejo estilo del mencionado género ingenuo que pobló los escenarios porteños a principios del siglo pasado. "Cachafaz", su personaje central, vive en un conventillo de Montevideo en compañía de "Raulito", un homosexual. Su odio a la autoridad lo lleva a matar agentes de policía y no encuentra mejor manera de aumentar sus ingresos que vender la carne de los vigilantes muertos a los vecinos del barrio. Un coro de vecinos que aprueba las acciones del asesino y un coro de vecinas que las reprueban cortan de tanto en tanto la acción. Tanto el lenguaje de los personajes como el de los coros es violentamente procaz y, por momentos, gratuito.
La sombra de Wenceslao tiene la impronta de los viejos radioteatros camperos de las décadas del 30 y del 40 ("Chispazos de tradición" y "Fachenzo el maldito"). Narra las desventuras de don Wenceslao, un paisano de Diamante, cuyo hijo, Rogelio, está enamorado de China. Pero esta duda en casarse porque teme que ambos sean medio hermanos dado que el gringo "Largui" ronda a su madre, Mechita. Develada la incógnita, los dos jóvenes se casan y se van a Paraná a estudiar; ella, danza y él, abogacía. Tienen un hijo que muere trágicamente pues su madre se equivoca y en lugar de llenar la mamadera con leche en polvo lo hace con un insecticida. "Don Wenceslao" y su mujer deciden irse a vivir a Misiones seguidos por el enamorado "Largui".
En un momento dado, don Wenceslao, como "don Zoilo", de Barranca abajo, de Florencio Sánchez, se ahorca, y su alma en pena ronda a su mujer. A los protagonistas los acompaña, primero, un loro que comenta las situaciones diciendo procacidades a la manera de un ridículo coro griego y, más tarde, un mono travieso que recogen en la selva.
A pesar de haber escrito dieciséis obras de teatro, pocas de ellas han subido a los escenarios nacionales: "Una visita inoportuna" y "La mujer sentada" (tomada de los textos publicados en "Le Nouvel Observateur" y de la cual Marilú Marini hizo una excelente creación), ambas en el teatro Municipal General San Martín, y "Cachafaz", dirigida por Miguel Pittier.
No es porque la mayoría de estas piezas esté escrita en francés. Quizá sea por lo provocativo de su lenguaje fuerte. O, quizá por su "Eva Perón", estrenada en París en 1970 y que causó verdaderos tumultos en el Théâtre de l?epée de bois. No era para menos: Evita, interpretada por un hombre, simulaba su enfermedad y su muerte; asesinaba a su enfermera y ponía su cadáver en lugar del de ella. Y su lenguaje no era, precisamente, el de una primera dama.(c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios