11 Agosto 2002 Seguir en 

El libro reúne cinco trabajos que se ocupan de la evaluación de la calidad de la educación general básica en Argentina. A partir de 1993, organismos oficiales llevan a cabo operativos de evaluación que han generado una gran variedad de datos sobre los aprendizajes de nuestros niños y jóvenes en relación con los espacios curriculares básicos, tales como Lengua y Matemáticas.
Todo acto evaluativo implica una toma de decisiones en relación con el proceso de aprendizaje (decisión de modificar proyectos, de progresar, de retroceder, de acreditar...). El análisis de estos datos constituye una acción insoslayable para esa toma de decisiones; por ello esta publicación es un aporte significativo en el campo de la educación básica.
En un primer trabajo preciso y potente, el compilador Emilio Tenti Fanfani preconiza "la cultura de la evaluación" en tanto reguladora del "?entendimiento? como acuerdo acerca de ciertos principios y procedimientos".
Una prolija y muy puntualizada comunicación de Lucrecia Tulic se ocupa de la evaluación de las políticas públicas. Trabajo cálido, que según nuestra lectura, no desconoce la conocida metáfora que compara el conocimiento explícito del alumno evaluado con un iceberg: sólo vemos la punta de este último; por lo tanto, no deberíamos dejar de presuponer ciertas habilidades sumergidas.
La problemática acerca de "qué y cuánto aprenden los alumnos argentinos" es explorada por un grupo de especialistas en un trabajo exhaustivo a la vez que didáctico, que bien podría distribuirse como documento de análisis -me atrevería a decir "obligatorio"- entre los docentes en servicio.
Desde un estudio meduloso, Rubén Cervini se ocupa de la "distribución social de los rendimientos escolares". En este capítulo brillan con luz propia los conceptos de justicia, equidad, calidad y eficiencia; conceptos dolorosamente borrosos en el contexto social argentino actual. En el capítulo final, el mismo autor analiza "los factores del rendimiento en la educación básica de Argentina". Ambos trabajos constituyen un sólido punto de apoyo para los propósitos proclamados en la introducción de Tenti Fanfani: provocar el diálogo y el debate, generar respuestas y propuestas. En suma, movilizar a la sociedad argentina, involucrarla en la construcción de la educación de sus niños y de sus jóvenes. No es poca cosa.(c) LA GACETA
Todo acto evaluativo implica una toma de decisiones en relación con el proceso de aprendizaje (decisión de modificar proyectos, de progresar, de retroceder, de acreditar...). El análisis de estos datos constituye una acción insoslayable para esa toma de decisiones; por ello esta publicación es un aporte significativo en el campo de la educación básica.
En un primer trabajo preciso y potente, el compilador Emilio Tenti Fanfani preconiza "la cultura de la evaluación" en tanto reguladora del "?entendimiento? como acuerdo acerca de ciertos principios y procedimientos".
Una prolija y muy puntualizada comunicación de Lucrecia Tulic se ocupa de la evaluación de las políticas públicas. Trabajo cálido, que según nuestra lectura, no desconoce la conocida metáfora que compara el conocimiento explícito del alumno evaluado con un iceberg: sólo vemos la punta de este último; por lo tanto, no deberíamos dejar de presuponer ciertas habilidades sumergidas.
La problemática acerca de "qué y cuánto aprenden los alumnos argentinos" es explorada por un grupo de especialistas en un trabajo exhaustivo a la vez que didáctico, que bien podría distribuirse como documento de análisis -me atrevería a decir "obligatorio"- entre los docentes en servicio.
Desde un estudio meduloso, Rubén Cervini se ocupa de la "distribución social de los rendimientos escolares". En este capítulo brillan con luz propia los conceptos de justicia, equidad, calidad y eficiencia; conceptos dolorosamente borrosos en el contexto social argentino actual. En el capítulo final, el mismo autor analiza "los factores del rendimiento en la educación básica de Argentina". Ambos trabajos constituyen un sólido punto de apoyo para los propósitos proclamados en la introducción de Tenti Fanfani: provocar el diálogo y el debate, generar respuestas y propuestas. En suma, movilizar a la sociedad argentina, involucrarla en la construcción de la educación de sus niños y de sus jóvenes. No es poca cosa.(c) LA GACETA







