Rico material sobre la trayectoria de nuestro teatro

Tomo que es valioso por su amplitud y por la minuciosa reunión de datos.

04 Agosto 2002
La investigadora teatral Beatriz Seibel, también actriz y directora, presenta en esta Historia un abundante y rico material que ha recopilado buceando en las expresiones espectaculares que no han ingresado en la "historia oficial", dando continuidad así a la línea de trabajo que inició en 1985 con dos publicaciones: El teatro "bárbaro" del interior y Los artistas trashumantes, de la Pluma, Buenos Aires. Su criterio de selección se basa en considerar como discursos teatrales a todas las manifestaciones integradas por "signos verbales, visuales, auditivos, gestuales, presentados frente al público en diferentes espacios". Esta posición adoptada le permite denominar "teatralidades" a un gran número de expresiones culturales y sociales, y por lo tanto incluirlas en la historia de la escena, tales como "rituales, fiestas y ceremonias, carnavales, payadores, circo, teatro de variedades o music-hall, teatro de muñecos y grupos ?filodramáticos? de sociedades recreativas, políticas o gremiales".
El profuso material recogido de una abundante bibliografía consultada (que incluye La actividad en los teatros de Tucumán hasta 1960, de Manuel García Soriano, Dirección General de Cultura, 1980/81) está presentado en parágrafos titulados que resultan fichas de estudio, con los datos de las fuentes consultadas al pie de cada una. Estas fichas están clasificadas por año y ordenadas por temas, donde al final de algunas de las agrupaciones anuales aparecen secciones dedicadas al teatro en provincias y en Latinoamérica.
La presentación del material, más sus cuatro apéndices, las ilustraciones, bibliografía, listado de periódicos y revistas consultados y el índice detallado por títulos y años confieren a la obra el carácter de un diccionario, indispensable para constatar fechas, lugares, nombres de obras, autores, actores, compañías y formas expresivas de distintas teatralidades, expuestos en 860 páginas.
La lectura de los párrafos resulta amena en los casos en que Beatriz Seibel desarrolla algunos temas. Por ejemplo en el apartado "El Apolo: Barranca abajo y Pablo Podestá" (p. 383) en el que transcribe la última escena de la obra, a cargo de ese actor que encarnó a don Zoilo, quien antes de colgar el lazo para suicidarse realizó una pausa, quizás "la primera gran pausa intencionada que se hizo en el teatro argentino", que recordó Olinda Bozán en una entrevista que a su vez registró Julio Ardiles Gray en Historia de artistas (Belgrano, Buenos Aires, 1981). Lectura que se vuelve un tanto fatigosa cuando sólo se trata de una catalogación de nombres y lugares de los que no aporta opinión o no los analiza en profundidad. Esto último se pone en evidencia cuando en el afán de reivindicar a la actividad desplegada en las provincias menciona, por ejemplo, que en 1909 "la compañía Arellano-Tesada recorre el país de norte a sur, ya que ese año actúa también en Salta y Tucumán, donde asimismo estrena una pieza local, Cañas y trapiches, de Alberto García Hamilton (De Diego 1973)" (p. 439). Este dato escueto sólo sirve como mínima referencia al autor y a la obra cuyo título remite a una posible temática regional. Pero sólo para otros especialistas, como quienes estamos empeñados en escribir una merecida y necesaria historia del devenir teatral de la provincia de Tucumán, los datos operan como disparadores hacia nuevas averiguaciones. Así recurrimos a la bibliografía para enterarnos de que la cita está tomada de un Diccionario teatral que Jacobo A. De Diego escribió en 1973, que se mantiene inédito y es "patrimonio del Fondo Nacional de las Artes" (p. 821), que en nuestra propia investigación no hemos tenido en cuenta pues no supimos de su existencia hasta esta publicación de Seibel. En este sentido el voluminoso ejemplar se torna una primicia en cuanto a la amplitud de los campos espectaculares que registra y valioso como consulta de datos prolija y minuciosamente recopilados.
(c) LA GACETA

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