04 Agosto 2002 Seguir en 

El narrador presenta su relato como un conjunto de anotaciones personales; nada, en el texto, explica cómo llega a manos del lector, publicado en forma de novela.
El asunto de esas anotaciones es el destino ultraterreno de las vidas humanas, que consistiría en un orbe de conocimientos no personales, ligeramente coloreados por tonos anímicos desprendidos de quienes fueron sus portadores terrestres.
El narrador va incluyendo progresivamente, en sus reflexiones metafísicas, algunas noticias de las circunstancias que las rodean; su voz es la de un hombre mayor, que habita una casona cargada de libros y silencio.
Lo que anota son generalmente conversaciones con una mujer madura, todavía bella y sensible, con la que discurre acerca del sentido supramundano de la existencia, en una atmósfera dominada por la erudición y por un erotismo de naturaleza casi enteramente verbal.También transcribe, el narrador, conversaciones en las que tiene por interlocutora a su criada, quien llegará a ser un personaje significativo de la trama.
He escrito: "de la trama", pero no hay más trama que la referida. Lo único que sucede en la novela es la aparición, hacia el final, de dos añejos manuscritos pornográficos, cuya reproducción en el texto parece haber orientado todo el relato. Se diría que el autor, habiéndolos considerado demasiado breves como para publicarlos sin más, hubiese decidido componerles un marco que les diera más bulto y sustancia. Y el marco del caso no es otro que la novela llamada Pozo negro.Una pluma no exenta de destreza, y algunas páginas plenas de inteligencia, no alcanzan sin embargo a completar una novela convincente.
(c) LA GACETA
El asunto de esas anotaciones es el destino ultraterreno de las vidas humanas, que consistiría en un orbe de conocimientos no personales, ligeramente coloreados por tonos anímicos desprendidos de quienes fueron sus portadores terrestres.
El narrador va incluyendo progresivamente, en sus reflexiones metafísicas, algunas noticias de las circunstancias que las rodean; su voz es la de un hombre mayor, que habita una casona cargada de libros y silencio.
Lo que anota son generalmente conversaciones con una mujer madura, todavía bella y sensible, con la que discurre acerca del sentido supramundano de la existencia, en una atmósfera dominada por la erudición y por un erotismo de naturaleza casi enteramente verbal.También transcribe, el narrador, conversaciones en las que tiene por interlocutora a su criada, quien llegará a ser un personaje significativo de la trama.
He escrito: "de la trama", pero no hay más trama que la referida. Lo único que sucede en la novela es la aparición, hacia el final, de dos añejos manuscritos pornográficos, cuya reproducción en el texto parece haber orientado todo el relato. Se diría que el autor, habiéndolos considerado demasiado breves como para publicarlos sin más, hubiese decidido componerles un marco que les diera más bulto y sustancia. Y el marco del caso no es otro que la novela llamada Pozo negro.Una pluma no exenta de destreza, y algunas páginas plenas de inteligencia, no alcanzan sin embargo a completar una novela convincente.
(c) LA GACETA







