04 Agosto 2002 Seguir en 

Inserto en una era cronológico-geológica determinada, el suscripto se ha resistido hasta el presente a adherirse a los evidentes beneficios de la tecnología informática que tiene su expresión en las computadoras (u ordenadores, según latitudes geográficas) más relucientes y seductores, con software incluido. Prefería mantener su vínculo casi conyugal con su fiel y venerable Olympia y el auxilio de dos dedos índices, a efectos de volcar en beneficio de la posteridad sus relevantes y significativos mensajes. Y guardaba serias prevenciones respecto de la salud mental de una amplia minoría -cada vez más amplia- hipnotizada e inmóvil horas y horas frente a una pantalla. Le preocupaba también la falta de ejercicio físico por parte de una tajada tan destacada de la humanidad común.
Afortunadamente, sus inveterados principios han dejado de ser inveterados. El hombre es frágil y mutante, qué duda cabe.Del cambio de giro (por lo menos mental) es responsable el autor de este libro, el finlandés y profesor Pekka Himanen, a quien pertenece el cuerpo principal del volumen, que lleva asimismo un prólogo de Linus Torvalds y epílogo de Manuel Castells, ambos igualmente profesores, aunque no de informática sino de sociología. Entre los tres han sabido ofrecer al lego una exposición tan amena como interesante acerca de los atractivos, beneficios y necesidad de la informática, enfocada desde diversos ángulos, y en la que se plantean atractivos puntos de vista referidos a la ética, al trabajo, al dinero y, sobre todo, a la franja de creatividad, libertad, pasión, entretenimiento y la más alta utilidad para poner en obra o potenciar el desarrollo del individuo y de la sociedad de un modo más que apreciable.
De paso, otra laguna se llena para atenuar nuestra ignorancia de profanos. Pues el término "hacker" se refiere a quien es: "persona que se dedica a programar en forma entusiasta y cree que poner en común la información constituye un extraordinario bien, y que además considera un deber de naturaleza ética compartir su competencia y pericia elaborando software gratuito y facilitando el acceso a la información y a los recursos de computación siempre que ello sea posible". En cuanto a quienes, por gusto de perjudicar a los demás, introducen los llamados virus informáticos, de ninguna manera merecen el nombre de "hackers". Son simplemente, y para su eterno ludibrio, "crackers".
(c) LA GACETA
Afortunadamente, sus inveterados principios han dejado de ser inveterados. El hombre es frágil y mutante, qué duda cabe.Del cambio de giro (por lo menos mental) es responsable el autor de este libro, el finlandés y profesor Pekka Himanen, a quien pertenece el cuerpo principal del volumen, que lleva asimismo un prólogo de Linus Torvalds y epílogo de Manuel Castells, ambos igualmente profesores, aunque no de informática sino de sociología. Entre los tres han sabido ofrecer al lego una exposición tan amena como interesante acerca de los atractivos, beneficios y necesidad de la informática, enfocada desde diversos ángulos, y en la que se plantean atractivos puntos de vista referidos a la ética, al trabajo, al dinero y, sobre todo, a la franja de creatividad, libertad, pasión, entretenimiento y la más alta utilidad para poner en obra o potenciar el desarrollo del individuo y de la sociedad de un modo más que apreciable.
De paso, otra laguna se llena para atenuar nuestra ignorancia de profanos. Pues el término "hacker" se refiere a quien es: "persona que se dedica a programar en forma entusiasta y cree que poner en común la información constituye un extraordinario bien, y que además considera un deber de naturaleza ética compartir su competencia y pericia elaborando software gratuito y facilitando el acceso a la información y a los recursos de computación siempre que ello sea posible". En cuanto a quienes, por gusto de perjudicar a los demás, introducen los llamados virus informáticos, de ninguna manera merecen el nombre de "hackers". Son simplemente, y para su eterno ludibrio, "crackers".
(c) LA GACETA







