Los escritos económicos de Juan Bautista Alberdi

Para LA GACETA - Yerba Buena (Tucumán).

26 Mayo 2002
En los momentos de grandes crisis, sean políticas, sociales, económicas, espirituales o todo ello junto, es bueno volver los ojos a la historia (a los constructores de la nacionalidad) para ver qué hicieron en circunstancias semejantes.
Los tucumanos tenemos la figura de Alberdi, quien no sólo poseía clara inteligencia y sólida formación socio-económico-cultural sino que vivía avistando el porvenir y tratando de delinear la Argentina del futuro.
"La América del sur está ocupada por pueblos pobres que habitan un suelo rico": ¿quién podría pensar que ideas como esta hayan sido pensadas y escritas hace ciento cincuenta años? Es que el infinito de la palabra no se agota en la voz: sigue resonando en el tiempo, y otras voces les dan perennidad a sus conceptos.
En 1895, la imprenta Europea (Moreno y Defensa) publicaba el primer volumen de una serie de escritos importantes que habían quedado inéditos a la muerte de Alberdi: Estudios económicos se titula este primer tomo.
Quien lee este libro de páginas amarillas, manchadas por el tiempo -no creemos que por el uso- se encuentra con un contenido fresco como si hubiese sido producido ayer, y con un diagnóstico que parece obra de un economista de nuestros días: "Los pueblos de Sud América nos creemos ricos y gastamos como ricos lo ajeno y lo nuestro [...] las dos causas naturales de la pobreza son la ausencia de trabajo, por ociosidad, o por otra razón accidental, el dispendio o la disipación de los productos del trabajo, por vicio o por error". (p. 4).
Alberdi, por su especial temperamento, era proclive al oxímoron: "opulencia andrajosa" dice para referirse a los argentinos. Es como para pensarlo, ¿no?
Todos, desde los políticos hasta la rueda del café, pasando por los medios de comunicación, hablamos hoy de la situación económica; los políticos tratan de explicarla; ellos y los analistas buscan culpables; el grueso del pueblo la padece, pero pocos se remiten a la historia para buscar antecedentes y, de ser posible, soluciones.En ese caso verían, en primer término, que el fenómeno es recurrente. Alberdi escribía: "la crisis económica consiste en un empobrecimiento general en que cae todo el país, que destruye una gran parte de su capital, por errores de su conducta, oficial o privada, de cuyo estado de cosas son elementos concomitantes y característicos: la paralización del tráfico y del trabajo industrial; la disminución de las importaciones y de las exportaciones y mengua consiguiente de las entradas de aduana; la contracción del crédito; la merma del tesoro; la baja de los fondos públicos; la depresión de todos los valores; la escasés del dinero; la ausencia total del oro y la plata; la baja de los salarios del trabajo; la reemigración de los trabajadores [...] las quiebras, los procesos, los escándalos, la relajación de las costumbres, las pestes". (p. 11).
También a diario se habla -hablamos y leemos- de la fuga de capitales, pero ¿cuántos han investigado la raíz profunda de esta fuga, que no es de hoy? Alberdi reflexionaba: "La ausencia del dinero es advertida después que el dinero ha operado su retirada, cuando ya no está en el país [...] se ha retirado porque no tenía empleo ni ocupación lucrativa en el país; ha emigrado en busca de empleo y de interés más alto a países [...] que lo pagan mejor [...] el dinero nunca está sin ganar. No conoce la pérdida del tiempo, porque conoce mejor que nadie su refrán time is money; y nadie es más amigo del dinero que el dinero".Todos sabemos que ni la crisis ni la fuga de capitales obedecen solamente a causas económicas. Todos hablamos de ética, de buen manejo y, ya sin eufemismos, de corrupción.
Largamente se detiene Alberdi en los órdenes moral y social en relación con las crisis, lo cual nos traslada al presente y a pensar en las mezquinas apetencias de poder que, en definitiva, no son sino palos en la rueda que hace andar el carro de la república.
También las palabras de Alberdi permiten evocar la imagen de un pasado muy cercano: "Todo es fiesta y lujo y opulencia, mientras se gasta del tal modo el dinero del extranjero, tomado a préstamo [quedando] en pie la deuda... y el pago de intereses, con la mira de usar el crédito, así sostenido, en la negociación de otro empréstito".
"Antes de pagarse el primero, un nuevo empréstito se levanta tres o cuatro veces más grande que el anterior". Estos conceptos, aunque referidos a otro tiempo y a otras circunstancias políticas que aquí no entramos a analizar, son tan elocuentes y tan actuales que nos eximen de cualquier comentario, aunque nos llenen de tristeza.De cualquier manera, las palabras finales de Alberdi son una alerta, un mensaje y un mandato, a la vez que una esperanza: "Es preciso desandar el camino que nos ha traído a la pobreza y recomenzar el que nos abra la prosperidad pasada".
(c) LA GACETA

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