Cuando el tango integraba nuestra cotidianeidad

Nostalgia por un tiempo ido que acecha y que se niega a abandonar el presente.

26 Mayo 2002
"Aunque la daga hostil o esa otra daga, el tiempo, los perdieron en el fango, hoy, más allá del tiempo y de la aciaga muerte, esos muertos viven en el tango... Y que tiene el sabor de lo perdido y de lo recuperado... El tango crea un turbio pasado irreal que de algún modo es cierto", dice Jorge Luis Borges en su hermoso poema. A través de sus letras, el tango ha sido -y lo sigue siendo- un testigo del tiempo y un reflejo de los sentimientos y de la filosofía existencialista del argentino, con todos sus genes inmigratorios adentro. "La segunda, la tercera, la cuarta décadas, hasta la quinta, el tango es el compañero cordial y constante de todos, particularmente en las ciudades, porque su esencia, su espíritu ciudadano lo convierten, en esos ámbitos, en la música por excelencia... Era inútil que tratáramos de excluirnos. El tango nos representaba y, en buena parte, éramos un poco el tango", afirma Ramón Alberto Pérez.
Tal vez pueda afirmarse que hay un tango antes y después de Astor Piazzolla. A diferencia de sus antecesores, el creador marplatense logró expresar en su música lo que dicen las letras. Los personajes y estereotipos le abrieron paso a la ciudad de Buenos Aires que se convirtió en protagonista. De ese modo, la pasión, la melancolía, la nostalgia, la soledad, la amargura, el amor, la desesperanza, estados del alma expresados por los grandes poetas y letristas del tango, brotaron en los pentagramas sin la apoyatura de la palabra. Pero también Piazzolla miró a los personajes de la ciudad y, junto al poeta Horacio Ferrer, construyó piezas conmovedoras.
Nadie duda que los tiempos y la realidad han cambiado. Ese tango al que alude Pérez formaba parte de la cotidianeidad de los argentinos, algo que no sucede ahora. En sus aproximaciones y sus cuentos, se juega con esa nostalgia por un tiempo ido que se niega a abandonar el presente y que surge como un testigo mudo de las horas o como un fantasma siempre al acecho. "Pero el barrio es más que las paredes rosadas de la casa, que suelen pasar desapercibidas a fuerza de ser vistas todos los días por los escasos transeúntes. El barrio es lo que queda de un pasado, que se niega a marcharse por una razón simple: los barrios se esfuman en el tiempo o siguen existiendo a través de los años", dice Pérez en "Ventanita de arrabal". Los pocos personajes que deambulan en sus cuentos parecen esfumados en la memoria y navegan en un fondo de tragedia. El escritor parte de los tangos "Ventanita de arrabal", "Son cosas del percal" y "Una esquina en el tiempo" para construir sus aproximaciones, que son una suerte de instantáneas del tiempo. Una mirada kafkiana se posa en "La ventana entreabierta", cuento breve de notable factura. En los tres relatos subyace la idea de que el hombre es como un frágil junco, sujeto a los extraños designios del destino.
"Cae la lluvia" es un cuento estremecedor, donde puede apreciarse la maestría de Pérez en este género narrativo.
Ramón Alberto "Tito" Pérez tiene una vasta trayectoria como periodista, crítico de arte, narrador, ensayista y ajedrecista. A lo largo de más de seis décadas los lectores de LA GACETA han tenido acceso a sus creaciones. Sus trabajos monográficos, compartidos con Fued Amin, sobre los pintores Timoteo Navarro, José Nieto Palacios y Alfredo Gramajo Gutiérrez han sido un significativo aporte a la cultura de Tucumán. Ha recibido distinciones literarias y homenajes. Sus "3 Aproximaciones con el tango y 3 cuentos cortos" hacen realidad el adagio: "Lo bueno si breve, dos veces bueno".
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