19 Mayo 2002 Seguir en 

Oscar Mangione es un psicoanalista que ha sabido gozar de la célebre profecía de Andy Warhol: tuvo sus quince minutos de fama. Los tuvo, eso sí, dentro de los modestos límites de la patria futbolera. Allá por comienzos de los noventa, cuando el plantel de Boca se desangraba, tironeado por halcones y palomas, se le atribuía menos pericia como psicólogo del plantel que como informante del cuerpo técnico y la comisión directiva. Quizás se tratara de un vulgar infundio.
Ahora, al cabo de un período de austeridad pública, Mangione se ocupa de Gabriel Batistuta y apuesta alto desde el subtítulo: Perfil de un crack que se construyó a sí mismo. Curiosamente, se consuma el colmo de un seguidor de Freud: escribir un libro histérico, que ofrece mucho y da poco, o nada. Siete capítulos son empleados en entrevistas a entrenadores, dirigentes y jugadores significativos en la campaña del Batigol. Pero nada hay de relevante allí que no se haya publicado en los incontables dossiers periodísticos dedicados al goleador. En todo caso, algún repentino iniciado podría enterarse de que a Bati jamás le gustó demasiado el fútbol, salvo como vía regia del ascenso social, que hasta los veinte años era tan poco agraciado que lo apodaban Gordo y Elefante, que era adicto a los alfajores, que nadie creía tanto en sus cualidades como él mismo aun en aquella épocas en que, más que hacer goles, los deshacía.
Superada la ardua cuesta de testimonios formales, saturado de frases de ocasión, se llega al capítulo 8: El encuentro en Italia. Ni soñar con un Batistuta a fondo, puesto a evocar su niñez en Reconquista, su paso por Newell?s, River, Boca; o a indagar las razones de la devoción incondicional que le profesan sus fans argentinos.
Todo se resume en una ligera descripción de algunos encuentros con el futbolista, o del modo con que afronta su fama y el asedio de los seguidores de la Roma, pero en general se transmite un clima que da cuenta del perfil de... ¡el propio autor del texto!
Con todo, no será su única fatalidad. Fue escrito en agosto de 2001. A la hora de especular con las posibilidades del equipo argentino en el Mundial de Corea-Japón, Mangione refiere que "el máximo goleador de la historia de la Selección llegaría al evento en la plenitud de su madurez".
Nunca tan ajustado el uso del condicional: llegaría.
Batistuta está en el peor momento de su trayectoria deportiva. Y más aún: salvo novedades en contrario, será suplente de Hernán Crespo.
(c) LA GACETA
Ahora, al cabo de un período de austeridad pública, Mangione se ocupa de Gabriel Batistuta y apuesta alto desde el subtítulo: Perfil de un crack que se construyó a sí mismo. Curiosamente, se consuma el colmo de un seguidor de Freud: escribir un libro histérico, que ofrece mucho y da poco, o nada. Siete capítulos son empleados en entrevistas a entrenadores, dirigentes y jugadores significativos en la campaña del Batigol. Pero nada hay de relevante allí que no se haya publicado en los incontables dossiers periodísticos dedicados al goleador. En todo caso, algún repentino iniciado podría enterarse de que a Bati jamás le gustó demasiado el fútbol, salvo como vía regia del ascenso social, que hasta los veinte años era tan poco agraciado que lo apodaban Gordo y Elefante, que era adicto a los alfajores, que nadie creía tanto en sus cualidades como él mismo aun en aquella épocas en que, más que hacer goles, los deshacía.
Superada la ardua cuesta de testimonios formales, saturado de frases de ocasión, se llega al capítulo 8: El encuentro en Italia. Ni soñar con un Batistuta a fondo, puesto a evocar su niñez en Reconquista, su paso por Newell?s, River, Boca; o a indagar las razones de la devoción incondicional que le profesan sus fans argentinos.
Todo se resume en una ligera descripción de algunos encuentros con el futbolista, o del modo con que afronta su fama y el asedio de los seguidores de la Roma, pero en general se transmite un clima que da cuenta del perfil de... ¡el propio autor del texto!
Con todo, no será su única fatalidad. Fue escrito en agosto de 2001. A la hora de especular con las posibilidades del equipo argentino en el Mundial de Corea-Japón, Mangione refiere que "el máximo goleador de la historia de la Selección llegaría al evento en la plenitud de su madurez".
Nunca tan ajustado el uso del condicional: llegaría.
Batistuta está en el peor momento de su trayectoria deportiva. Y más aún: salvo novedades en contrario, será suplente de Hernán Crespo.
(c) LA GACETA
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