19 Mayo 2002 Seguir en 

Novela inicial de su autor, Corazones es también una novela de iniciación -en el sexo, en la vida- de su protagonista, un adolescente rebelde, Iván, enfrentado no sólo a un grupo de adultos sino también a sus propias incertidumbres -reflejo, a través de los artificios literarios, de lo que el autor cuenta en una "Nota final": que su propia adolescencia había sido "una batalla sin cuartel" contra los mayores-.
Corazones es la primera novela publicada por Forn y apareció en 1987 con el título de Corazones cautivos más arriba (tomado de un verso de la Séptima Poesía vertical, de Roberto Juarroz). De allí que se haga innecesaria una nueva reseña más o menos pormenorizada; pero cabe señalar la temprana madurez literaria que revela. Narrada desde la segunda persona, un relator omnisciente se dirige al protagonista, le "relata" los hechos que este está viviendo. Esa técnica, explica Forn, la encontró por primera vez en un texto de Paul Claudel y luego en una novela de Jay McInerney. De modo -para insistir en un acierto técnico sin duda encomiable- que la acción de la novela sucede idealmente a medida que avanza la lectura.
Aparecida esta obra cuando su autor tenía 27 años, también cabe recordar que, al margen de algún diálogo más bien improbable entre un adulto y un chico de 13 años, Corazones abunda en sugerencias y observaciones sagaces y, desde un principio hasta el final, es una novela de tersa escritura no carente, por cierto, de cierta recóndita, recatada emoción.
(c) LA GACETA
Corazones es la primera novela publicada por Forn y apareció en 1987 con el título de Corazones cautivos más arriba (tomado de un verso de la Séptima Poesía vertical, de Roberto Juarroz). De allí que se haga innecesaria una nueva reseña más o menos pormenorizada; pero cabe señalar la temprana madurez literaria que revela. Narrada desde la segunda persona, un relator omnisciente se dirige al protagonista, le "relata" los hechos que este está viviendo. Esa técnica, explica Forn, la encontró por primera vez en un texto de Paul Claudel y luego en una novela de Jay McInerney. De modo -para insistir en un acierto técnico sin duda encomiable- que la acción de la novela sucede idealmente a medida que avanza la lectura.
Aparecida esta obra cuando su autor tenía 27 años, también cabe recordar que, al margen de algún diálogo más bien improbable entre un adulto y un chico de 13 años, Corazones abunda en sugerencias y observaciones sagaces y, desde un principio hasta el final, es una novela de tersa escritura no carente, por cierto, de cierta recóndita, recatada emoción.
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