Un triste ejemplo de la inoperancia del pensamiento

El filósofo Séneca afirmó que sólo practicamos la moral en los ratos perdidos.

19 Mayo 2002
Sorprende el título de este libro pues de su lectura se deduce, justamente, el poco poder de la cultura o de un hombre sabio que encarna a esa cultura, ante la fuerza arrolladora del poder político. Basta con recorrer esta biografía de Séneca para darnos cuenta de la paradoja que encierra. Séneca es el triste ejemplo de la inoperancia del pensamiento, de ideas morales, ante la brutalidad del poder absoluto. Este filósofo estoico, intelectual prolífico, predicador de la mesura del cuerpo y del alma, interesado en el bien de los hombres, fue preceptor de uno de los emperadores más corruptos y crueles de la Roma del siglo I: Nerón. Las intrigas del poder en aquella Roma bulliciosa y lasciva, si bien no son nuevas para nosotros, por momentos llegan a sorprender. La semejanza de la vida romana bajo Tiberio (incluyendo el mal pago a los maestros) con el mundo actual es notable: lasitud de las costumbres, frivolidad en los jóvenes, liberalidad sexual, prostitución, etc.
En esta biografía histórica, su autor, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en antigüedad romana de la Península Ibérica. Séneca nació en Córdoba (Hispania) en el siglo I de nuestra era. Romano de origen provincial, fue a vivir a Roma. Bajo el imperio de Claudio, quien estaba casado con Agripina, fue llamado por esta para educar a su hijo, joven bello, inteligente y cruel, que sería el futuro emperador Nerón. Séneca se transformó con el tiempo en senador y asesor del tirano.
El filósofo escribió un tratado ofrecido a Nerón: Sobre la clemencia. Clemencia no es compasión, tal como lo entendían los estoicos, sino saber prever los acontecimientos para asegurar la dicha pública. La clemencia es el soporte más seguro de los tronos. Séneca sabía que era difícil moderar la crueldad y la vanidad de Nerón que para entonces ya había saboreado las delicias de un poder sin límites. Al menos en apariencia, el pensador propicia en Nerón el poder absoluto, no importa que sea tirano; lo que hace a un buen gobernante es su clemencia, su capacidad de perdonar.
El historiador Dión Casio dice cosas duras del doble discurso de Séneca. Condena su conducta como opuesta a los preceptos filosóficos que divulga: señalaba a los tiranos pero era maestro del tirano; recriminaba a los aduladores y él mismo era un adulador; criticaba a los ricos por aferrarse al dinero y él era dueño de una fortuna de 300 millones de sestercios (moneda de plata romana). Nerón se hundió en una orgía de poder en el año 65. Se descubrió una conjura por la cual se les ordenó a varios senadores suicidarse, método que servía en aquel entonces (y tal vez ahora) para salvar a la familia de ser desheredada. Nerón ordenó el suicidio de Séneca, en apariencia ya alejado de su señor, y a continuación echó a los filósofos de Roma.
El pensamiento de Séneca parece estar en contradicción con su vida. Tuvo un fuerte compromiso político y recurrió a cartas, tragedias, tratados para transmitirlo, pero no logró detener las pasiones de Nerón. Su mundo pensado distaba mucho del mundo real en el que se movía. Lo reconoció cuando dijo: "no practicamos la vida moral más que en los ratos perdidos". Sin embargo, pasó a la historia como el que fustigó los vicios de su época.
Los autores cristianos consideraron a Séneca próximo al cristianismo por su concepción de una Divinidad como responsable del mundo al que imprimió su voluntad eterna. Le interesó la filosofía moral y predicaba que lo único importante era la felicidad que no se encuentra en las cosas externas. Creyó que la filosofía forja el alma, da coraje y fuerza al vivir, otorga seguridad. La filosofía no son sólo palabras, da libertad plena y quita el miedo a la muerte. De su prédica, "prepárate para morir", nace su defensa del suicidio como escape de una vida inútil. Era un pacifista.
Si bien el tema se prestaba para mostrar las contradicciones que habitan en el alma de un filósofo, no presenta reflexiones importantes sobre asunto tan difícil. Es una historia lineal, sencilla, bien documentada. Su autor, pese a sus buenas intenciones, no logra salvar la imagen de Séneca. La descripción de las riquezas que acumuló el filósofo, de ciertos guiños y silencios ante los crímenes de Nerón -quien mandó a asesinar a su madre, a sus dos esposas, a varios senadores y a él mismo- marcan una peligrosa distancia entre el discurso teórico y la vida que llevó. Muchos años estuvo cerca de Nerón sin que se notara influencia alguna en el plano moral, lo que sin duda resulta muy sugestivo.

(c) LA GACETA

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