Apasionada travesía por las letras latinoamericanas

El amor por el exotismo impide al autor ver otra cosa que el canto del quetzal.

19 Mayo 2002
El quetzal es un ave trepadora de la América tropical, que llama la atención por su plumaje de color verde tornasolado en las partes superiores y verde en el pecho y el abdomen, y pies amarillos. Este libro propone una travesía por las principales representaciones de la literatura latinoamericana. Al denominar metafóricamente a la literatura latinoamericana "Canto del quetzal", el ensayista está adhiriéndose a una prolongada tradición de conceptualización de la tierra y el hombre americanos por la maravilla y el exotismo, emergente desde el discurso de los conquistadores. Las citas de los textos de José Hernández y de Alejo Carpentier legitiman esta visión.
Núñez considera que el primer problema de la literatura latinoamericana es del objeto. Por lo tanto se propone considerar la cuestión del proceso histórico y, en parte, cumple su ambicioso cometido. Se refiere a la cuestión del nombre de América, a sus diferentes, y accidentados, bautismos. En un detenido recorrido registra avatares históricos y lingüísticos. Se detiene en la cuestión de la latinidad y el Caribe. Afirma que "la noción de latinidad brindó la palabra decisiva". En un rápido panorama de un discurso que comienza en las cartas de Colón y de Vespucci hasta llegar a los enfoques postmodernos y el marco de la globalización, define el atractivo de los dos términos: "América, nuevo mundo, ámbito para la expansión europea y mundo impensado y maravilloso de las culturas azteca, maya e inca; millones de seres humanos en otras costumbres y hábitos. Y Latina: mediodía de Europa, mediterraneidad, lenguas... habladas por millones de hombres; catolicismo esencial a la nueva sociedad instaurada en América".
La literatura latinoamericana, desde dentro de la tradición cultural occidental, ofrece rasgos propios que plantean relaciones nuevas entre canon y corpus. El libro las plantea con detenimiento y señala la importancia del surgimiento y la maduración de una teoría latinoamericanista que reconoce uno de sus momentos fundamentales en el indigenismo de José Carlos Mariátegui y su contexto intelectual hasta llegar al concepto de realidad y realismo maravilloso contenidos en las páginas escritas por el cubano Alejo Carpentier: una visión americana frente a la visión europea del milagro de la realidad, teniendo en cuenta tanto la historia como los mitos.
Se adscriben en esta corriente tanto el concepto de suprarrealidad de Miguel Angel Asturias y la caracterización de barroquismo cultural propio de autores como Severo Sarduy y José Lezama Lima. El manierismo y el barroco pueden ser leídos como modos de la cultura criolla que abarcan desde la Nueva crónica y buen gobierno, de Felipe Guamán Poma de Ayala, hasta el aporte negro al barroco americano. Según Núñez, el barroco a-histórico caracteriza una cultura cuya literatura puede verse como barroca en su totalidad.
El libro ofrece una apasionada lectura de lecturas, sostenida por una abundante bibliografía. Lamentablemente, lo señala Antonio Cándido en el prólogo, la manifiesta simpatía del autor por la caracterización de América como una realidad mágica y exótica le impide abandonar la "conciencia amena" de un mundo condenado de este modo a ser el otro Occidente. Una atrayente concepción deudora de la teoría del mestizaje que ha dominado, de modo casi excluyente, las representaciones de América generadas por el imaginario europeo durante décadas.
Al hablar de una cultura especular que concibe el barroco como universo totalizador, el autor está eligiendo un lugar de enunciación que exalta la singularidad y la rareza de modo sospechosamente semejante al que se emplea para hablar del buen salvaje. A la hora de ofrecer una lectura crítica de los distintos paradigmas culturales, Núñez parece demasiado prendado de los discursos del exotismo como para ver otra cosa que el canto del quetzal.

(c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios