12 Mayo 2002 Seguir en 

Hay algunas conexiones entre Friedrich Nietzsche y la música que son conocidas y cultivadas por melómanos obsesivos y prosélitos del filósofo.La más notoria y consabida es su relación, admirativa primero y luego conflictual, con el -para muchos- más grande músico nacido en el siglo XIX, Richard Wagner.
Otra muy manifiesta es la eficacia de su épico poema en prosa "Also Spracht Zarathustra" para inspirar composiciones notorias.
Principalmente las de Richard Strauss y su poema tonal con el mismo nombre; también a Gustav Mahler y a Frederick Delius. Este último incluyó 11 fragmentos de esa obra de Nietzsche en su coral "Una Misa de la Vida".
Schopenhauer y Nietzsche fueron los pensadores que creyeron que la música abría caminos hacia aspectos de una realidad profunda, negados a la aproximación discursiva. Pero sólo el segundo tuvo con aquella la intimidad que suponen los actos de creación.
Con todo, poco conocida es la labor de Nietzsche como músico él mismo.Soy de las que ejercen la ilusión de encontrar joyas ocultas o poco conocidas en las disquerías que frecuentan intelectuales reacios a la megaoferta indiscriminada de los negocios convencionales. En uno de esos vagabundeos por el Village de New York encontré un trofeo, ignoto para mí, pero probablemente no para los muy iniciados en Nietzsche. Se trata de un CD que "Musical Heritage", el meritorio y prestigioso sello editor de New York, ha impreso con una colección de sus canciones, interpretadas por el mayor barítono alemán del siglo XX, Dietrich Fischer-Dieskau. Se trata de una serie de 14 lieder para voz solista y acompañamiento de piano, escritas durante la residencia del filósofo en Schulpforte (1864-65) y su primer año como estudiante en Bonn. Las letras proceden de poesía alemana romántica, como lo revelan los nombres de los autores elegidos: Klaus Groth (1819-1899), Rückert, Eichendorff, Hoffman von Fallersleben, Chamisso y otros.
El primero tiene un lugar peculiar en la literatura alemana, como el precursor de quienes revelaron las posibilidades poéticas del Plattdeutsch, es decir el llamado Bajo Alemán, variaciones dialectales de la lengua ilustre del Meister Eckhard. Friedrich Rückert (1788-1866), quien fue un orientalista y filólogo, además de prolífico versificador sobre temas arábigos, persas, chinos y japoneses, algunos de cuyos poemas fueron elegidos por Franz Schubert para uno de sus lieder más célebres, el titulado "Lachen und Weinen" (Risas y Lágrimas). El barón Josef von Eichendorff (1788-1857), novelista y poeta cuyos versos también sirvieron de inspiración para Robert Schumann, Felix Mendelssohn y Richard Strauss.
Además August Hoffmann von Fellersleben (1798-1874), el poeta patriótico de "Deutschland, Deutschland über Alles", que después de la primera guerra mundial pasó a ser himno nacional alemán.
Asimismo, el franco-prusiano Adalbert von Chamisso (1781-1838), cuyos ciclos de poemas "Frauen-Liebe und Leben" (Amor y vida de mujer) se transformaron en canciones de Robert Schumann.
Hay también una canción con versos, traducidos al alemán, del eminente Alexander Pushkin, fundador de la literatura moderna de Rusia. Otras dos canciones tienen letras de la propia autoría de Nietzsche. Con sencilla sensibilidad romántica se queja en una de ellas:
Die Nebel wogen und wallen,
Das Frührot Drüber hin.
O Niemand weiss von allen
Dass ich so traurig bin.
(La bruma ondula y se encrespa,
Sobre la aurora.
Oh, nadie sabe
Cuán triste estoy).
Más interesante parece la última canción de este álbum, con versos de la fascinante rusa Louise Andreas-Salomé (1861-1937), quien fue, para Nietzsche, "la mujer de su vida". Ella rechazó sin vacilar las muy formales proposiciones matrimoniales del filósofo, con quien viajó por media Europa junto con un amigo común, el joven y también escritor Paul Rée, en un terceto curiosamente platónico.
El poema de Andreas-Salomé, amiga de Sigmund Freud y amante de Rainer María Rilke, es de una etapa posterior a los otros (1882) y se titula "Gebet am das Leben", esto es Oración a la Vida, y transmite el fervor vitalista que unos años después Henri Bergson, en Francia, y José Ortega y Gasset, obviamente influidos por Nietzsche, harían materia de la filosofía del siglo XX.
Las canciones muestran un desarrollo progresivo que exhibe la espontánea fusión de poesía, declamación, ritmo y textura pianística inherente a los ejemplos más representativos de este género, altamente especializado, cuyos parámetros había fijado el genial Schubert.
En sus últimos años en Pforte y durante su estancia en Bonn hizo amistad con Hermann Dieters, futuro autor de la biografía definitiva de Brahms. Bajo la influencia de este amigo, Nietzsche dedicó mucho tiempo al estudio de Schumann, lo cual continuó en su nueva etapa en Leipzig. Al final, sin embargo, terminó viendo en él, con Wagner, Brahms y otros, al proveedor de un romanticismo opuesto a lo que él concebía como la música "dionisíaca" del futuro.
El CD se cierra con un dúo para piano, "Manfred-Meditation", completado el 15 de abril de 1872. Lo ejecutó delante de la familia Wagner nada menos que en Bayreuth en ocasión de su primera visita a la ciudad, al tiempo de la puesta de la piedra fundamental de la célebre "Festspielhaus" wagneriana. Aunque no sin ecos y manierismos también wagnerianos, la obra, a lo largo de sus doce minutos y medio, está dominada por la preocupación extramusical por el superhéroe fáustico celebrado en la poesía dramática de Lord Byron, que antes había ocupado a Schumann en otra tesitura. En 1861 Nietzsche había llamado "Übermensch", superhombre, al Mandred de Byron.
Hay otro dúo en el disco que hacia la Navidad de 1871 envió Nietzsche como regalo para su cumpleaños a Cósima Liszt Wagner. Unos días después, el 10 de enero, autor y destinataria lo tocaron juntos en la residencia de Cósima y Richard en Tribschen, en las afueras de Lucerna, ante la presencia no muy interesada del propio Wagner. Unos años después ese desinterés, más irritación ideológica y decepción, serían de Nietzsche ante el "Parsifal", culminación de la obra portentosa del insigne compositor.(c) LA GACETA
Otra muy manifiesta es la eficacia de su épico poema en prosa "Also Spracht Zarathustra" para inspirar composiciones notorias.
Principalmente las de Richard Strauss y su poema tonal con el mismo nombre; también a Gustav Mahler y a Frederick Delius. Este último incluyó 11 fragmentos de esa obra de Nietzsche en su coral "Una Misa de la Vida".
Schopenhauer y Nietzsche fueron los pensadores que creyeron que la música abría caminos hacia aspectos de una realidad profunda, negados a la aproximación discursiva. Pero sólo el segundo tuvo con aquella la intimidad que suponen los actos de creación.
Con todo, poco conocida es la labor de Nietzsche como músico él mismo.Soy de las que ejercen la ilusión de encontrar joyas ocultas o poco conocidas en las disquerías que frecuentan intelectuales reacios a la megaoferta indiscriminada de los negocios convencionales. En uno de esos vagabundeos por el Village de New York encontré un trofeo, ignoto para mí, pero probablemente no para los muy iniciados en Nietzsche. Se trata de un CD que "Musical Heritage", el meritorio y prestigioso sello editor de New York, ha impreso con una colección de sus canciones, interpretadas por el mayor barítono alemán del siglo XX, Dietrich Fischer-Dieskau. Se trata de una serie de 14 lieder para voz solista y acompañamiento de piano, escritas durante la residencia del filósofo en Schulpforte (1864-65) y su primer año como estudiante en Bonn. Las letras proceden de poesía alemana romántica, como lo revelan los nombres de los autores elegidos: Klaus Groth (1819-1899), Rückert, Eichendorff, Hoffman von Fallersleben, Chamisso y otros.
El primero tiene un lugar peculiar en la literatura alemana, como el precursor de quienes revelaron las posibilidades poéticas del Plattdeutsch, es decir el llamado Bajo Alemán, variaciones dialectales de la lengua ilustre del Meister Eckhard. Friedrich Rückert (1788-1866), quien fue un orientalista y filólogo, además de prolífico versificador sobre temas arábigos, persas, chinos y japoneses, algunos de cuyos poemas fueron elegidos por Franz Schubert para uno de sus lieder más célebres, el titulado "Lachen und Weinen" (Risas y Lágrimas). El barón Josef von Eichendorff (1788-1857), novelista y poeta cuyos versos también sirvieron de inspiración para Robert Schumann, Felix Mendelssohn y Richard Strauss.
Además August Hoffmann von Fellersleben (1798-1874), el poeta patriótico de "Deutschland, Deutschland über Alles", que después de la primera guerra mundial pasó a ser himno nacional alemán.
Asimismo, el franco-prusiano Adalbert von Chamisso (1781-1838), cuyos ciclos de poemas "Frauen-Liebe und Leben" (Amor y vida de mujer) se transformaron en canciones de Robert Schumann.
Hay también una canción con versos, traducidos al alemán, del eminente Alexander Pushkin, fundador de la literatura moderna de Rusia. Otras dos canciones tienen letras de la propia autoría de Nietzsche. Con sencilla sensibilidad romántica se queja en una de ellas:
Die Nebel wogen und wallen,
Das Frührot Drüber hin.
O Niemand weiss von allen
Dass ich so traurig bin.
(La bruma ondula y se encrespa,
Sobre la aurora.
Oh, nadie sabe
Cuán triste estoy).
Más interesante parece la última canción de este álbum, con versos de la fascinante rusa Louise Andreas-Salomé (1861-1937), quien fue, para Nietzsche, "la mujer de su vida". Ella rechazó sin vacilar las muy formales proposiciones matrimoniales del filósofo, con quien viajó por media Europa junto con un amigo común, el joven y también escritor Paul Rée, en un terceto curiosamente platónico.
El poema de Andreas-Salomé, amiga de Sigmund Freud y amante de Rainer María Rilke, es de una etapa posterior a los otros (1882) y se titula "Gebet am das Leben", esto es Oración a la Vida, y transmite el fervor vitalista que unos años después Henri Bergson, en Francia, y José Ortega y Gasset, obviamente influidos por Nietzsche, harían materia de la filosofía del siglo XX.
Las canciones muestran un desarrollo progresivo que exhibe la espontánea fusión de poesía, declamación, ritmo y textura pianística inherente a los ejemplos más representativos de este género, altamente especializado, cuyos parámetros había fijado el genial Schubert.
En sus últimos años en Pforte y durante su estancia en Bonn hizo amistad con Hermann Dieters, futuro autor de la biografía definitiva de Brahms. Bajo la influencia de este amigo, Nietzsche dedicó mucho tiempo al estudio de Schumann, lo cual continuó en su nueva etapa en Leipzig. Al final, sin embargo, terminó viendo en él, con Wagner, Brahms y otros, al proveedor de un romanticismo opuesto a lo que él concebía como la música "dionisíaca" del futuro.
El CD se cierra con un dúo para piano, "Manfred-Meditation", completado el 15 de abril de 1872. Lo ejecutó delante de la familia Wagner nada menos que en Bayreuth en ocasión de su primera visita a la ciudad, al tiempo de la puesta de la piedra fundamental de la célebre "Festspielhaus" wagneriana. Aunque no sin ecos y manierismos también wagnerianos, la obra, a lo largo de sus doce minutos y medio, está dominada por la preocupación extramusical por el superhéroe fáustico celebrado en la poesía dramática de Lord Byron, que antes había ocupado a Schumann en otra tesitura. En 1861 Nietzsche había llamado "Übermensch", superhombre, al Mandred de Byron.
Hay otro dúo en el disco que hacia la Navidad de 1871 envió Nietzsche como regalo para su cumpleaños a Cósima Liszt Wagner. Unos días después, el 10 de enero, autor y destinataria lo tocaron juntos en la residencia de Cósima y Richard en Tribschen, en las afueras de Lucerna, ante la presencia no muy interesada del propio Wagner. Unos años después ese desinterés, más irritación ideológica y decepción, serían de Nietzsche ante el "Parsifal", culminación de la obra portentosa del insigne compositor.(c) LA GACETA
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