No hay peor cosa que sentirse incómodo con uno mismo

Por Walter Vargas

12 Mayo 2002
Uno de los incontables adagios del doctor Enrique Rojas establece, redondamente, que no hay peor cosa que sentirse incómodo con uno mismo. Según se aprecia a lo largo de las 446 páginas de su último libro (¿Quién eres?), él mismo empieza por predicar con el ejemplo.
Se nota que desde ese andar desenvuelto, fluido, hace teoría, obra, recetario y, ya que estamos, montañas de euros.
Psiquiatra, catedrático, investigador y laureado "médico humanista", Rojas cobró notoriedad con "El hombre light", pretendida crítica al hombre posmoderno; pero en su vasta bibliografía constan, asimismo, compilados de premisas para afrontar las crisis conyugales ("Remedios para el desamor"), alcanzar los objetivos más arduos ("La conquista de la voluntad") y también, por qué no, jugar en la vereda de la mismísima felicidad ("La ilusión de vivir"). ¿Cómo? Muy sencillo: hay que sustituir "malos" pensamientos por otros "buenos", suprimir "errores psicológicos", razonar de forma "correcta" y tender hacia una "personalidad equilibrada", entre otras materias a cursar bajo la tutela de un terapeuta que, como la eminencia española que nos ocupa, se siente autorizado a desmontar creencias, refutar, aconsejar, prescribir, educar, y "gestionar una conducta inteligente".
Pero ¿Quién eres? es, más bien, un texto destinado a circular en el ámbito académico, aunque, será menester advertirlo, psicoanalistas abstenerse. En este sentido, su mensaje descalificatorio es inequívoco: por caso, cuando se refiere a Sigmund Freud, habla de "subconsciente" en lugar de "inconsciente". Por si fuera poco, alude a un tal Jean Lacan, que a lo mejor es Jacques Lacan.
Y no podría ser de otra manera, en tanto Rojas es un confeso enemigo de todo lo que huela a "subjetivismo", entendido como exaltación de conceptos poco rigurosos. La duda no se cuenta entre sus jactancias. Si de diagnosticar se trata, adscribe sin retaceos a las clasificaciones de la psiquiatría dura, por caso, el DSM-IV. Luego, apoyado en informes estadísticos y entrevistas, que sugestivamente denomina "interrogatorios", diseña terapéuticas apoyadas en un voluntarismo que roza la puerilidad, lo cual no quiere decir que carezcan de aceptación. En estos tiempos rubricados por el desconcierto, ¿no es natural que abunden las personas urgidas de que alguien les diga dónde está el bien y dónde está el mal?
A medio camino entre la convicción teórica y la vulgar astucia marketinera, Rojas se revela como un gurú siglo XXI, un verdadero optimista delivery que ofrece una vida mejor a la carta.(c) LA GACETA

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