12 Mayo 2002 Seguir en 

Fruto del conocimiento y de la pasión por la poesía, El astro disperso -"Ultimas transformaciones de la poesía en Italia", reza el subtítulo- tiene las características de un examen de conciencia literaria que incluye tanto convicciones como incertidumbres, tanto expectativas como temores. Se trata de un libro de "larga y compleja composición" (quince años, aproximadamente), que se ha visto sometido en el transcurso del tiempo a numerosos vaivenes. No cabe duda, sin embargo, de que el laborioso proceso de ejecución contribuyó positivamente a decantar su materia. Lo que pudo haber sido una mera muestra de novedades efímeras, al centrarse sobre nueve voces poéticas maduras, concluye al fin convirtiéndose en una fecunda aproximación a la problemática en que se debate la poesía de fines del siglo XX.
Pese a presentarse como una suerte de antología esencial de la lírica italiana de las últimas décadas, por la abundante información que proporciona sobre cada uno de los poetas que estudia, por la calidad y el número de las versiones que incluye, el libro de Anadón en cierto modo supera los estrechos márgenes del volumen de divulgación. Más bien, contribuye a consolidar la posibilidad de un estudio serio de la poesía italiana, poesía que ha ejercido -y ejerce- una amplia y profunda influencia sobre la nuestra. En esta tarea, Anadón ha sido precedido por Horacio Armani y Trinidad Blanco de García, como él mismo tiene la generosidad de reconocerlo en sus referencias bibliográficas. Simultáneamente, se trata de un libro personal, agónico y polémico, gozado y padecido al mismo tiempo, generado tanto por el gusto como por la insatisfacción. La exploración y el homenaje a la poesía italiana reciente se convierten en un hecho por momentos conflictivo por la sencilla razón de que el autor se ve obligado a situarse en el interior del espacio disonante y confuso de nuestro tiempo, legítimamente percibido como amenazador para la literatura escrita en verso, junto a personalidades no siempre afines a su temperamento, que a veces avanzan en sentido contrario al de sus propias convicciones literarias.
Importa decir, sin embargo, que el denso volumen no se ve afectado en su organización interna por la tensión señalada. Por el contrario, ella anima su sólida estructura, le da variedad al conjunto. A un pormenorizado "Estudio preliminar", que nos introduce en los debates que han enfervorizado la vida literaria italiana en los últimos años, siguen nueve capítulos dedicados a Dario Belleza, Rita Baldassarri, Maurizio Cucchi, Giuseppe Conte, Mirella Muià, Patrizia Cavalli, Paolo Ruffilli, Milo De Angelis y Valerio Magrelli. Las versiones y los textos originales de cada poeta están precedidos por ensayos críticos del traductor. Se trata, en todos los casos, de autores nacidos al filo de los años 50. Algunos, como el entrañable Paolo Ruffilli, verdaderamente imprescindibles.
Sin duda, la prolongada residencia de Anadón en Italia ha contribuido a enriquecer el libro. Afirmo esto pensando especialmente en Mirella Muià, poetisa desconocida en su propio país, de la cual bien puede decirse sin asomo de ironía que fue "descubierta" por el argentino durante su estadía en Calabria. No es casual, por otra parte, que las versiones de la poesía de Muià se destaquen dentro del conjunto. Al ser la suya una concepción mítica de la palabra poética, concepción por la cual su traductor siente íntima nostalgia, en la ascética voz de la poetisa italiana en cierto modo encarna el ambiguo espíritu del libro, ya que se trata de alguien que mira al mismo tiempo hacia adelante y hacia atrás, hacia lo inmediato y hacia lo remoto. En efecto, habiendo Mirella Muià participado activamente como militante de izquierda en las luchas políticas de su tiempo, a la hora de hacer poesía -nutriéndose de las lágrimas y la sangre que empapan el humus pavesiano de su solitaria tradición poética- debió dejar atrás su progresismo político y remontarse apasionadamente a contracorriente hasta las fuentes de la cultura campesina de la cual provenían sus ancestros.Finalmente, sólo cabe agregar que la edición cordobesa de este volumen es un ejemplo de seriedad, competencia y sentido estético.(c) LA GACETA
Pese a presentarse como una suerte de antología esencial de la lírica italiana de las últimas décadas, por la abundante información que proporciona sobre cada uno de los poetas que estudia, por la calidad y el número de las versiones que incluye, el libro de Anadón en cierto modo supera los estrechos márgenes del volumen de divulgación. Más bien, contribuye a consolidar la posibilidad de un estudio serio de la poesía italiana, poesía que ha ejercido -y ejerce- una amplia y profunda influencia sobre la nuestra. En esta tarea, Anadón ha sido precedido por Horacio Armani y Trinidad Blanco de García, como él mismo tiene la generosidad de reconocerlo en sus referencias bibliográficas. Simultáneamente, se trata de un libro personal, agónico y polémico, gozado y padecido al mismo tiempo, generado tanto por el gusto como por la insatisfacción. La exploración y el homenaje a la poesía italiana reciente se convierten en un hecho por momentos conflictivo por la sencilla razón de que el autor se ve obligado a situarse en el interior del espacio disonante y confuso de nuestro tiempo, legítimamente percibido como amenazador para la literatura escrita en verso, junto a personalidades no siempre afines a su temperamento, que a veces avanzan en sentido contrario al de sus propias convicciones literarias.
Importa decir, sin embargo, que el denso volumen no se ve afectado en su organización interna por la tensión señalada. Por el contrario, ella anima su sólida estructura, le da variedad al conjunto. A un pormenorizado "Estudio preliminar", que nos introduce en los debates que han enfervorizado la vida literaria italiana en los últimos años, siguen nueve capítulos dedicados a Dario Belleza, Rita Baldassarri, Maurizio Cucchi, Giuseppe Conte, Mirella Muià, Patrizia Cavalli, Paolo Ruffilli, Milo De Angelis y Valerio Magrelli. Las versiones y los textos originales de cada poeta están precedidos por ensayos críticos del traductor. Se trata, en todos los casos, de autores nacidos al filo de los años 50. Algunos, como el entrañable Paolo Ruffilli, verdaderamente imprescindibles.
Sin duda, la prolongada residencia de Anadón en Italia ha contribuido a enriquecer el libro. Afirmo esto pensando especialmente en Mirella Muià, poetisa desconocida en su propio país, de la cual bien puede decirse sin asomo de ironía que fue "descubierta" por el argentino durante su estadía en Calabria. No es casual, por otra parte, que las versiones de la poesía de Muià se destaquen dentro del conjunto. Al ser la suya una concepción mítica de la palabra poética, concepción por la cual su traductor siente íntima nostalgia, en la ascética voz de la poetisa italiana en cierto modo encarna el ambiguo espíritu del libro, ya que se trata de alguien que mira al mismo tiempo hacia adelante y hacia atrás, hacia lo inmediato y hacia lo remoto. En efecto, habiendo Mirella Muià participado activamente como militante de izquierda en las luchas políticas de su tiempo, a la hora de hacer poesía -nutriéndose de las lágrimas y la sangre que empapan el humus pavesiano de su solitaria tradición poética- debió dejar atrás su progresismo político y remontarse apasionadamente a contracorriente hasta las fuentes de la cultura campesina de la cual provenían sus ancestros.Finalmente, sólo cabe agregar que la edición cordobesa de este volumen es un ejemplo de seriedad, competencia y sentido estético.(c) LA GACETA
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