12 Mayo 2002 Seguir en 

A partir de la transmisión que hicieron desde el teatro Coliseo Enrique Telémaco Susini, Luis Romero Carranza, Miguel Mujica y César Guerrico, de una ópera de Wagner, en 1920, la radio se convirtió en el gran medio de cultura popular.
En los artesanales aparatos de galena, primero, y luego en los armatostes góticos de válvulas, la música, el teatro, la literatura y el deporte se difundieron masivamente.
Al llegar la televisión, en la década del 50, muchos pensaron que la radio desaparecería. Pero la invención del transistor le dio nueva vida, al hacer que los aparatos fueran portátiles, cosa que la TV no podía y no puede hacer.
Lentamente, el locutor, cuya función era ancilar (pasar publicidad o anunciar títulos y nombres de las obras que se iban a transmitir) comenzó a tener preponderancia. Nació así el "locutor-animador" de cuya personalidad dependía el éxito de los programas.
En este tomo, Sergio Marchi entrevista a una serie de locutores "estrella", no para contarnos sus vidas (a veces los datos biográficos son mínimos) sino para analizar sus métodos de trabajo y las condiciones particulares que los llevaron a gozar de una extensa popularidad.
Desfilan, así, estilos que van desde la minuciosidad en la preparación de sus programas (Lalo Mir) a la improvisación como metodología de un Antonio Carrizo o un Hugo Guerrero Martinheitz.
En otras entrevistas se analizan las relaciones entre el locutor-animador y la producción, con los movileros y con los técnicos que están en la "pecera" (la cabina) y de los cuales dependen las entradas a tiempo de los anuncios, la música o los "jingles".
Interesantes son las entrevistas a las locutoras-estrella: Nora Perlé, Graciela Mancuso, Elizabeth Vernaci, quienes introdujeron, voz mediante, un toque de sensualidad en las transmisiones.
Lástima que falta en la lista de entrevistados Betty Elizalde, pionera de este estilo en los años 60.
Por todo esto, este libro se convertirá en lectura indispensable en las escuelas de locución de nuestro país a cuyos alumnos se lo recomendamos.
Los entrevistados son, además de los nombres ya citados, Fernando Bravo, Mario Pergolini y Eduardo de la Puente, Omar Cerasuolo, Eduardo Aliverti, Bobby Flores, Héctor Larrea, Juan Alberto Badía, Cacho Fontana, Víctor Hugo Morales y Alejandro Dolina.(c) LA GACETA
En los artesanales aparatos de galena, primero, y luego en los armatostes góticos de válvulas, la música, el teatro, la literatura y el deporte se difundieron masivamente.
Al llegar la televisión, en la década del 50, muchos pensaron que la radio desaparecería. Pero la invención del transistor le dio nueva vida, al hacer que los aparatos fueran portátiles, cosa que la TV no podía y no puede hacer.
Lentamente, el locutor, cuya función era ancilar (pasar publicidad o anunciar títulos y nombres de las obras que se iban a transmitir) comenzó a tener preponderancia. Nació así el "locutor-animador" de cuya personalidad dependía el éxito de los programas.
En este tomo, Sergio Marchi entrevista a una serie de locutores "estrella", no para contarnos sus vidas (a veces los datos biográficos son mínimos) sino para analizar sus métodos de trabajo y las condiciones particulares que los llevaron a gozar de una extensa popularidad.
Desfilan, así, estilos que van desde la minuciosidad en la preparación de sus programas (Lalo Mir) a la improvisación como metodología de un Antonio Carrizo o un Hugo Guerrero Martinheitz.
En otras entrevistas se analizan las relaciones entre el locutor-animador y la producción, con los movileros y con los técnicos que están en la "pecera" (la cabina) y de los cuales dependen las entradas a tiempo de los anuncios, la música o los "jingles".
Interesantes son las entrevistas a las locutoras-estrella: Nora Perlé, Graciela Mancuso, Elizabeth Vernaci, quienes introdujeron, voz mediante, un toque de sensualidad en las transmisiones.
Lástima que falta en la lista de entrevistados Betty Elizalde, pionera de este estilo en los años 60.
Por todo esto, este libro se convertirá en lectura indispensable en las escuelas de locución de nuestro país a cuyos alumnos se lo recomendamos.
Los entrevistados son, además de los nombres ya citados, Fernando Bravo, Mario Pergolini y Eduardo de la Puente, Omar Cerasuolo, Eduardo Aliverti, Bobby Flores, Héctor Larrea, Juan Alberto Badía, Cacho Fontana, Víctor Hugo Morales y Alejandro Dolina.(c) LA GACETA
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