12 Mayo 2002 Seguir en 

El arte de narrar está amenazado de modo permanente en un mundo invadido por el mercado. "Cada mañana se nos informa sobre las novedades de toda la tierra. Y sin embargo somos notablemente pobres en novedades" (Walter Benjamín). El trabajo de la ficción consiste en liberar nuestra imaginación de la pobreza de la experiencia y convidarla a la aventura de la libertad. Tomás Eloy Martínez se enfrenta, a través de los múltiples caminos de su escritura, con los mitos de la historia y de la Historia y los conforma con la materia sutil de la poesía. Libros como La pasión según Trelew, Lugar común la muerte, Las memorias del general y El sueño argentino combaten el olvido, dando testimonio de un país atrapado por la violencia y el mesianismo. Libros como La novela de Perón y Santa Evita restituyen con la invención los borrones de los libros. Sagrado y La mano del amo, ligados a la historia tucumana, arman modelos de un mundo estancado en lo siniestro de la repetición.
En algún rincón de sus textos, el novelista confiesa: "Escribo desde lo que desconozco, desde lo que no comprendo, desde lo que me afecta (es decir, siguiendo la vieja etimología de la palabra, desde aquello que de algún modo me rehace). Escribo para reconocer esos desconocimientos que están allí y ante los que no quisiera permanecer ciego. Lo hago para imponerme una cierta lucidez, para negarme al desconcierto. Y también, sobre todo, escribo desde aquí, desde esta realidad a la que pertenezco: no tanto desde la realidad que leo sino desde la realidad que vivo. Mi materia es la infinita vida que me sorprende ahora y que no podría apresar si no estuviera con los sentidos en estado de alerta". ("Ars poética").
Sus libros nos proponen apasionantes recorridos por un conjunto de obsesiones que, como una red, atraviesa la obra total. En El vuelo de la reina, Camargo, el tortuoso protagonista, piensa que "Proust era víctima de sus ideas fijas y las iba dejando como un tatuaje a lo largo de sus libros. Las ideas fijas son, en verdad, el libro". Así ciertos temas, como el poder y la muerte, el país y la literatura, constituyen la figura en el tapiz de la escritura de Tomás Eloy Martínez.
El vuelo de la reina (Alfaguara-Buenos Aires 2002) es la historia de una obsesión, la de un poderoso editor de diarios, que convierte las pasiones y las acciones en formas de poder. La silueta de G.M. Camargo reconoce su filiación en el Ciudadano Kane de Orson Welles y en el director de La Guerra de Galio del mexicano Héctor Aguilar Camín.
El libro insiste en la reflexión sobre el imaginario argentino de las últimas décadas -especialmente sobre el menemismo- y podemos rastrear las huellas en las crónicas de El sueño argentino y de sus últimos artículos. Representa, con desesperación y lucidez, un país en proceso de desintegración en el que la Historia se dice como farsa trágica. La trama trabaja sobre los siniestros tanto individual como social. La enfermedad y la muerte se ciernen tanto sobre los sujetos como sobre la comunidad. La mirada del escritor esboza una antropología de los males argentinos: "Un país gobernado por magos y adivinos, donde el hijo del presidente acumula millones de pesos, donde el presidente tiene visiones místicas y se refugia en un convento", considera que "somos un país moribundo"; un "pobre país"; donde "¿todos vamos a vivir clamando al vacío en este desierto de sordos?".
Las historias de vida están subordinadas a la historia de amor de marcas onettianas. Todos los relatos se transforman en fabulaciones de identidades, en las que la escritura resulta determinante. Camargo nos dice: "Ninguno de estos zánganos tiene la menor idea de que, cuando escriben, se delatan. Así los conozco: por lo que dicen. Soy como escribo, soy lo que escribo"; "Los lenguajes eran -no se cansaba de repetirlo- el estanque donde las personas reflejan lo que son".
El libro formaba parte de una serie sobre los pecados capitales proyectada por una editorial brasileña y gira deteniéndose en temas teológicos, que llevan desde los Evangelios gnósticos hasta El informe de Brodie de Borges. Recordemos que no es ajena la preocupación por lo religioso en muchas obras del escritor tucumano. Por momentos el mandato de origen marca excesivamente la escritura, buscando ilustrar el pecado. Temas como el crimen y el poder adquieren tanto peso como la soberbia dentro del texto. Sobre todo la pasión retratada como una enfermedad. "Las pasiones son siempre insensatas y se apoderan de los seres humanos del mismo modo fatal e inevitable que las enfermedades".
Desde el comienzo de la novela el lector se entrega desarmado al narrador agazapado que esconde sus huellas y entrega muy pocas claves. La historia está escrita desde el final como un relato policial, entretejido con filmes de los años cincuenta, nos desorienta, acercándonos y alejándonos de la verdad. Además del tiempo de los recuerdos evocados por el protagonista -la infancia tucumana y la adolescencia porteña- la acción se sitúa en tres tiempos: 1997; 2000 y 2003.
El vuelo de la reina es una ficción especular y autorreferencial donde las lecturas proliferan de modo incesante. Casi todos sus componentes se duplican en la realidad de la ficción o de la vida. Un ejemplo son los triángulos amorosos: la historia de Antonio Neves y la de G.M. Camargo que repiten otros textos como la Carmen de Próspero Merimée; la película El ángel azul y la historia del novelista y periodista brasileño Euclides Da Cunha. Los personajes tienen su doble: las mellizas, Reina y la madre, Camargo, el presidente. Esta condición refleja contamina la historia y el discurso. La novela "morada de voces enfrentadas" entreteje relatos de la historia, de la literatura y del cine. Refiere a la literatura argentina, especialmente a Jorge Luis Borges y a Rodolfo Walsh. Una mirada arqueológica descubre restos de la obra del autor desde Sagrado a La mano del amo; desde Lugar común la muerte a Santa Evita.
Tomás Eloy Martínez tiene la ambición decidida que Mario Vargas Llosa sostiene que hay detrás de los grandes novelistas, que obedece a la profunda necesidad de suplantar la realidad. La imaginación histórica y la palabra poética están unidas a un trabajo de hormiga, una pesquisa llevada a cabo con la tenacidad de sabueso y a una destreza consumada para disponer el riquísimo material en una estructura novelesca absolutamente original que exhibe momentos de intenso lirismo.
En un artículo, refiriéndose a los mandatos estéticos de Borges, el escritor afirmaba "Vida y muerte le han sobrado a nuestra realidad histórica (tan impúdica, tan estrepitosa de sentimientos) pero siguen faltándole a nuestra literatura". El vuelo de la reina, como otras de sus novelas, restituye a la literatura nacional esa vida y esa muerte que le pertenecen. La escritura de Tomás Eloy Martínez, fatalmente tucumana, se propone como el cristal donde en un espejo en cuya enigmática y fascinante superficie podemos interrogarnos incesantemente. Como dice al final de la novela "Para él, una novela es una abeja reina que vuela hacia las alturas, a ciegas, apoderándose de todo lo que encuentra en su ascenso, sin piedad ni remordimiento, porque ha venido a este mundo sólo para ese vuelo. Volar hacia el vacío es su único orgullo y también es su condena".(c) LA GACETA
En algún rincón de sus textos, el novelista confiesa: "Escribo desde lo que desconozco, desde lo que no comprendo, desde lo que me afecta (es decir, siguiendo la vieja etimología de la palabra, desde aquello que de algún modo me rehace). Escribo para reconocer esos desconocimientos que están allí y ante los que no quisiera permanecer ciego. Lo hago para imponerme una cierta lucidez, para negarme al desconcierto. Y también, sobre todo, escribo desde aquí, desde esta realidad a la que pertenezco: no tanto desde la realidad que leo sino desde la realidad que vivo. Mi materia es la infinita vida que me sorprende ahora y que no podría apresar si no estuviera con los sentidos en estado de alerta". ("Ars poética").
Sus libros nos proponen apasionantes recorridos por un conjunto de obsesiones que, como una red, atraviesa la obra total. En El vuelo de la reina, Camargo, el tortuoso protagonista, piensa que "Proust era víctima de sus ideas fijas y las iba dejando como un tatuaje a lo largo de sus libros. Las ideas fijas son, en verdad, el libro". Así ciertos temas, como el poder y la muerte, el país y la literatura, constituyen la figura en el tapiz de la escritura de Tomás Eloy Martínez.
El vuelo de la reina (Alfaguara-Buenos Aires 2002) es la historia de una obsesión, la de un poderoso editor de diarios, que convierte las pasiones y las acciones en formas de poder. La silueta de G.M. Camargo reconoce su filiación en el Ciudadano Kane de Orson Welles y en el director de La Guerra de Galio del mexicano Héctor Aguilar Camín.
El libro insiste en la reflexión sobre el imaginario argentino de las últimas décadas -especialmente sobre el menemismo- y podemos rastrear las huellas en las crónicas de El sueño argentino y de sus últimos artículos. Representa, con desesperación y lucidez, un país en proceso de desintegración en el que la Historia se dice como farsa trágica. La trama trabaja sobre los siniestros tanto individual como social. La enfermedad y la muerte se ciernen tanto sobre los sujetos como sobre la comunidad. La mirada del escritor esboza una antropología de los males argentinos: "Un país gobernado por magos y adivinos, donde el hijo del presidente acumula millones de pesos, donde el presidente tiene visiones místicas y se refugia en un convento", considera que "somos un país moribundo"; un "pobre país"; donde "¿todos vamos a vivir clamando al vacío en este desierto de sordos?".
Las historias de vida están subordinadas a la historia de amor de marcas onettianas. Todos los relatos se transforman en fabulaciones de identidades, en las que la escritura resulta determinante. Camargo nos dice: "Ninguno de estos zánganos tiene la menor idea de que, cuando escriben, se delatan. Así los conozco: por lo que dicen. Soy como escribo, soy lo que escribo"; "Los lenguajes eran -no se cansaba de repetirlo- el estanque donde las personas reflejan lo que son".
El libro formaba parte de una serie sobre los pecados capitales proyectada por una editorial brasileña y gira deteniéndose en temas teológicos, que llevan desde los Evangelios gnósticos hasta El informe de Brodie de Borges. Recordemos que no es ajena la preocupación por lo religioso en muchas obras del escritor tucumano. Por momentos el mandato de origen marca excesivamente la escritura, buscando ilustrar el pecado. Temas como el crimen y el poder adquieren tanto peso como la soberbia dentro del texto. Sobre todo la pasión retratada como una enfermedad. "Las pasiones son siempre insensatas y se apoderan de los seres humanos del mismo modo fatal e inevitable que las enfermedades".
Desde el comienzo de la novela el lector se entrega desarmado al narrador agazapado que esconde sus huellas y entrega muy pocas claves. La historia está escrita desde el final como un relato policial, entretejido con filmes de los años cincuenta, nos desorienta, acercándonos y alejándonos de la verdad. Además del tiempo de los recuerdos evocados por el protagonista -la infancia tucumana y la adolescencia porteña- la acción se sitúa en tres tiempos: 1997; 2000 y 2003.
El vuelo de la reina es una ficción especular y autorreferencial donde las lecturas proliferan de modo incesante. Casi todos sus componentes se duplican en la realidad de la ficción o de la vida. Un ejemplo son los triángulos amorosos: la historia de Antonio Neves y la de G.M. Camargo que repiten otros textos como la Carmen de Próspero Merimée; la película El ángel azul y la historia del novelista y periodista brasileño Euclides Da Cunha. Los personajes tienen su doble: las mellizas, Reina y la madre, Camargo, el presidente. Esta condición refleja contamina la historia y el discurso. La novela "morada de voces enfrentadas" entreteje relatos de la historia, de la literatura y del cine. Refiere a la literatura argentina, especialmente a Jorge Luis Borges y a Rodolfo Walsh. Una mirada arqueológica descubre restos de la obra del autor desde Sagrado a La mano del amo; desde Lugar común la muerte a Santa Evita.
Tomás Eloy Martínez tiene la ambición decidida que Mario Vargas Llosa sostiene que hay detrás de los grandes novelistas, que obedece a la profunda necesidad de suplantar la realidad. La imaginación histórica y la palabra poética están unidas a un trabajo de hormiga, una pesquisa llevada a cabo con la tenacidad de sabueso y a una destreza consumada para disponer el riquísimo material en una estructura novelesca absolutamente original que exhibe momentos de intenso lirismo.
En un artículo, refiriéndose a los mandatos estéticos de Borges, el escritor afirmaba "Vida y muerte le han sobrado a nuestra realidad histórica (tan impúdica, tan estrepitosa de sentimientos) pero siguen faltándole a nuestra literatura". El vuelo de la reina, como otras de sus novelas, restituye a la literatura nacional esa vida y esa muerte que le pertenecen. La escritura de Tomás Eloy Martínez, fatalmente tucumana, se propone como el cristal donde en un espejo en cuya enigmática y fascinante superficie podemos interrogarnos incesantemente. Como dice al final de la novela "Para él, una novela es una abeja reina que vuela hacia las alturas, a ciegas, apoderándose de todo lo que encuentra en su ascenso, sin piedad ni remordimiento, porque ha venido a este mundo sólo para ese vuelo. Volar hacia el vacío es su único orgullo y también es su condena".(c) LA GACETA
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