05 Mayo 2002 Seguir en 

El volumen contiene una serie, numerosa y diversa, de "devociones populares", muchas de las cuales ya fueron presentadas por su autor en libros anteriores.
Comienza con una "Ofrenda" a una serie de personajes que son objetos de devoción y también a sus investigadores, científicos, fotógrafos y poetas. La lista se inicia con la Difunta Correa: "A vos, Deolinda, que muerta salvaste a tu hijo en el arenal"; sigue: "A vos, Telecita, que has muerto joven, bella y asediada en la selva santiagueña"; "A vos, Carlos Gardel, a quien reverencian hombres de los cinco continentes". En la extraña enumeración aparecen tres nombres de tucumanos: Andrés Bazán Frías, Silvia Gutiérrez de Prado y Adolfo Colombres, los dos últimos excelentes investigadores cuyas obras, lamentablemente, no figuran en la Bibliografía. En cuanto a Bazán Frías, aparece, de nuevo, erróneamente incluido entre "los gauchos milagrosos".
Luego sigue la sección de "Agradecimientos" "a quienes prestaron información para esta obra" y en la que se repiten algunos nombres y se incluyen muchos nuevos, entre ellos "La Gaceta de Tucumán" (sic).
La parte central del libro se abre con un capítulo titulado "Las principales devociones". En él figuran algunos personajes de una repercusión muy limitada y, en cambio, se olvida a la Pachamama, cuyo culto se mantiene vivo en las apachetas y en sus fiestas. Tampoco se nombra al Ekeco, otro numen prehispánico de las culturas andinas.
La siguiente sección está dedicada a "Los gauchos milagrosos", en donde vuelve a aparecer Bazán Frías, personaje urbano, anarquista, famoso por su coraje para enfrentar a la policía. Después vienen los "Iluminados y líderes espirituales", una extraña mezcla de personajes, entre los cuales la "almita Sibila" está incluida entre Carlos Gardel y Tibor Gordon. En "El santoral sospechoso", se entremezclan creaciones del imaginario popular como San La Muerte o Santo Pilato, con santos canonizados por la Iglesia como San Marcos o Santa Catalina, y con otros que son el resultado de una confusión lingüística como La Un Dei o San Son.
Después de un "Apéndice documental", donde se transcriben fragmentos de textos y poemas utilizados como fuentes para el libro, aparece inesperadamente otra sección titulada "Cultos" con tres ítems: "A Mario Papaleo", "A Rodrigo" y "La muerte en el folklore". Luego le siguen "Juicios personales", donde el autor inserta una nota y cuatro cartas en las que se elogia su obra. Las diez páginas siguientes se refieren a "Devociones populares de América". Las "Conclusiones" defienden las devociones populares y las justifican como una auténtica expresión del pueblo que encuentra en ellas un refugio para la fe y la esperanza. Y, por fin, el libro termina con una "Información bibliográfica".
De este breve resumen puede concluirse que a este libro no puede pedírsele rigor en las clasificaciones, ni planteo de cuestiones metodológicas, o profundidad en la interpretación de los fenómenos estudiados. El autor nos dice que no pretende hacer un estudio exhaustivo de todas las devociones (lo cual sería imposible para una sola persona), pero es de lamentar que haya dejado de lado todos los elementos de la religiosidad prehispánica que siguen viviendo, al menos en las regiones del Norte de nuestro país. Pero, quizás a nuevos investigadores pueda serles útil esta larga recolección de materiales folclóricos. (c) LA GACETA
Comienza con una "Ofrenda" a una serie de personajes que son objetos de devoción y también a sus investigadores, científicos, fotógrafos y poetas. La lista se inicia con la Difunta Correa: "A vos, Deolinda, que muerta salvaste a tu hijo en el arenal"; sigue: "A vos, Telecita, que has muerto joven, bella y asediada en la selva santiagueña"; "A vos, Carlos Gardel, a quien reverencian hombres de los cinco continentes". En la extraña enumeración aparecen tres nombres de tucumanos: Andrés Bazán Frías, Silvia Gutiérrez de Prado y Adolfo Colombres, los dos últimos excelentes investigadores cuyas obras, lamentablemente, no figuran en la Bibliografía. En cuanto a Bazán Frías, aparece, de nuevo, erróneamente incluido entre "los gauchos milagrosos".
Luego sigue la sección de "Agradecimientos" "a quienes prestaron información para esta obra" y en la que se repiten algunos nombres y se incluyen muchos nuevos, entre ellos "La Gaceta de Tucumán" (sic).
La parte central del libro se abre con un capítulo titulado "Las principales devociones". En él figuran algunos personajes de una repercusión muy limitada y, en cambio, se olvida a la Pachamama, cuyo culto se mantiene vivo en las apachetas y en sus fiestas. Tampoco se nombra al Ekeco, otro numen prehispánico de las culturas andinas.
La siguiente sección está dedicada a "Los gauchos milagrosos", en donde vuelve a aparecer Bazán Frías, personaje urbano, anarquista, famoso por su coraje para enfrentar a la policía. Después vienen los "Iluminados y líderes espirituales", una extraña mezcla de personajes, entre los cuales la "almita Sibila" está incluida entre Carlos Gardel y Tibor Gordon. En "El santoral sospechoso", se entremezclan creaciones del imaginario popular como San La Muerte o Santo Pilato, con santos canonizados por la Iglesia como San Marcos o Santa Catalina, y con otros que son el resultado de una confusión lingüística como La Un Dei o San Son.
Después de un "Apéndice documental", donde se transcriben fragmentos de textos y poemas utilizados como fuentes para el libro, aparece inesperadamente otra sección titulada "Cultos" con tres ítems: "A Mario Papaleo", "A Rodrigo" y "La muerte en el folklore". Luego le siguen "Juicios personales", donde el autor inserta una nota y cuatro cartas en las que se elogia su obra. Las diez páginas siguientes se refieren a "Devociones populares de América". Las "Conclusiones" defienden las devociones populares y las justifican como una auténtica expresión del pueblo que encuentra en ellas un refugio para la fe y la esperanza. Y, por fin, el libro termina con una "Información bibliográfica".
De este breve resumen puede concluirse que a este libro no puede pedírsele rigor en las clasificaciones, ni planteo de cuestiones metodológicas, o profundidad en la interpretación de los fenómenos estudiados. El autor nos dice que no pretende hacer un estudio exhaustivo de todas las devociones (lo cual sería imposible para una sola persona), pero es de lamentar que haya dejado de lado todos los elementos de la religiosidad prehispánica que siguen viviendo, al menos en las regiones del Norte de nuestro país. Pero, quizás a nuevos investigadores pueda serles útil esta larga recolección de materiales folclóricos. (c) LA GACETA
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