El acuerdo con el FMI, ¿soluciona o empeora?

Lavagna dijo que no quieren un convenio fácil, sino cumplible.

14 Octubre 2002
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- El inminente acuerdo con el FMI ¿repavimentará el rumbo económico o le profundizará los baches? A juzgar por el esfuerzo y las expectativas del ministro Roberto Lavagna, esa firma procurará un alivio importante y despejará el horizonte de la cesación de pagos con los organismos internacionales hasta fines de 2003, permitiendo la reapertura de créditos pendientes, para infraestructura y desarrollo social, aunque no incluye dinero fresco, y aminorando temores sobre el dólar, lo cual a su vez ayudará a bajar las tasas de interés.Sin embargo, la lectura no es tan lineal. El acuerdo también obligará a una disciplina fiscal muy rigurosa, en el sentido de acentuar la recaudación impositiva por todos los medios posibles, es decir, con un mayor control de la evasión y si esto no alcanza, con subas de impuestos.
Al mismo tiempo, eliminar en forma paulatina los bonos provinciales y Lecop, lo cual obligará a un ajuste mayor de los Gobiernos provinciales, e inducir una baja del gasto público que se contrapone a las múltiples presiones para su incremento.
"No queremos un acuerdo fácil, sino uno cumplible", dijo el titular del Palacio de Hacienda. Pero por más que no abarque compromisos de largo plazo, sí comprende algunos tragos muy difíciles de digerir, como el aumento de tarifas públicas y el comienzo de aplicación del CER en muchas deudas pesificadas.
Eso justo en momentos en que arreciaban los fallos declarando inconstitucionales muchos aspectos de la política oficial, no sólo la pesificación sino también el canje de depósitos por bonos. Aunque la decisión de los Diputados en echar el juicio a la Corte al canasto puede contribuir a aflojar este cerco judicial para desconsuelo de los ahorristas.
Hay que tomar en cuenta, además, lo que está pasando en el espejo brasileño, donde hace tan sólo un mes y días se firmó un acuerdo entre Brasil y el FMI que implicaba la inyección paulatina de U$S 30.000 millones, y que alejaba el nubarrón del default.
Sin embargo, la situación brasileña no ha hecho más que complicarse y eso también arrastra y perjudica a la Argentina.
Lo menos que puede decirse de las elecciones brasileñas es que con "Lula" o sin "Lula", su economía se ha convertido en un pandemónium de corrida cambiaria, pánico de los inversionistas y total incertidumbre sobre el futuro de la principal economía regional.
¿Y la Argentina? No sale ilesa de semejante desaguisado carioca, sino que sufre las consecuencias. La primera y más evidente se da desde el punto de vista cambiario: salvo que se produzca una espectacular recuperación del real, el fenomenal esfuerzo de devaluación que hizo la Argentina con el objeto de lograr mayor competitividad internacional, de mejorar su inserción exportadora, está a medias perdido.Pero ahora las cosas se ponen en una situación en la que la Argentina no puede conservar la ventaja cambiaria acumulada desde comienzos de 2002, que abarató sus costos con relación a la competencia brasileña y eso quizás lleve a una nueva carrera devaluatoria en la Argentina antes de fin de año. (DyN)

Tamaño texto
Comentarios