En medio de las presiones cruzadas

Por Carlos Abrehu

13 Octubre 2002
El campo de posibilidades se estrecha cada vez más. La decisión judicial de anular las elecciones internas abiertas no sorprendió al mundo político. Era, en rigor, un secreto a voces, pero no trabó el despliegue de las energías fratricidas en el peronismo. La fuerza que gobierna en el país genera también las opciones opositoras más firmes. A causa de esa dualidad, el aparato institucional se ve sometido al fuego cruzado de presiones contrapuestas.
El desemboque mismo del proceso de transición está instalado sobre arenas movedizas. Las desmentidas presidenciales no disipan las reservas que existen las intenciones de Eduardo Duhalde. Algunos políticos temen que vaya a estirar las elecciones generales para setiembre u octubre de 2003, al abrigo de una mejoría del clima socioeconómico.
En política, sin embargo, quien se queda quieto esperando las certezas absolutas pierde sin atenuantes de ninguna naturaleza. Guiado por esa lógica, que adquiere mayor firmeza en el PJ, el cordobés José Manuel de la Sota dijo que donde se habilitara una urna, él iba a pelear el voto.

Un impacto negativo
En sus distintos contactos, De la Sota desplegó un discurso racional con una visión sensata del mundo contemporáneo; esto contrastó, sin embargo, con la mala noticia de la destitución del fiscal anticorrupción de Córdoba, que se atribuye a su inspiración política. La decisión del vicegobernador cordobés Hernán Olivetto de echar al funcionario que investiga los actos irregulares de la administración pública cayó pésimo en la opinión pública independiente, que no se olvida de los sofocones y los malos momentos que soportó y padece ahora Esteban Jerez.
De la Sota hizo pie en Tucumán de la mano de José Alberto Cúneo Vergés y de Alejandro Sangenis, dos ex funcionarios que se alejaron del Gobierno con estilos distintos, en momentos también diferentes.
Sangenis esgrimió argumentos duros cuando se fue del Ministerio de Salud, pero aún sigue perteneciendo al sistema de intereses políticos hegemonizado por Miranda. Y Cúneo Vergés es, por lejos, una figura de extrema confianza del gobernador.
Miranda aplazó por algunas horas su partida a Buenos Aires, en la tarde del martes, para recibir a de la Sota con toda la pompa oficial. De esa manera, pudo saludarlo en su despacho y enviar señales a la Casa Rosada. Quería despegarse de la imagen de gobernador comprometido con Carlos Menem.
Los adelantados del gobernador cordobés están satisfechos con la gira realizada. No obstante, la dinámica de los hechos recorta el terreno por donde se mueve Miranda. Ocurre que el salteño Juan Carlos Romero admitió públicamente que podría ser el compañero de fórmula de Menem. "Se está dialogando y se habla de temas que interesan a la gente", aseguró el gobernador salteño.
Miranda adelantó el 9 de julio pasado que veía bien que Romero fuese el vicepresidente de Carlos Reutemann, el postulante que descolocó a más de uno con su negativa . "Todas las provincias del Noroeste y del Nordeste estarían muy bien representadas con el amigo Romero", dijo Miranda en ese momento. Romero -evocan los conocedores del paño íntimo- se enojó entonces con su amigo tucumano. La razón que expuso Miranda -el reconocimiento que debe darse a la región en la cumbre del poder de la Nación- se mantiene en su plenitud, aunque aceptando la hegemonía de Salta. Tucumán profundizaría su pérdida de influencia en el juego geopolítico regional.
Los menemistas locales entienden que si Miranda es consecuente con su posición de julio, debería avalar el proyecto de Romero. Pero se malquistaría con el duhaldismo en un momento complejo para la provincia.
Ajenos a esas tribulaciones del gobernador, la franja de adictos a Adolfo Rodríguez Saá mira al puntano. Si este abandona el PJ, algunos de sus seguidores no lo imitarán. Es el caso de Antonio Guerrero, para quien el límite que no se puede transgredir es la pertenencia a la sigla peronista.

Mirando a junio de 2003
Las idas y vueltas de la política doméstica se desarrollan con autonomía. Faltan algunos meses para junio de 2003, pero las acciones de quienes pujan por suceder a Miranda no se frenan.En la arena mirandista compiten el senador José Alperovich y el ministro Fernando Juri. Ninguno de los dos computó éxitos totales. El ministro no consiguió homogeneizar a todos los intendentes del interior en torno de sí; y el senador tampoco repitió el éxito de convocatoria que tuvo con los legisladores cercanos.
Juri le negó categoría de adversario por no ser peronista, pero con esa afirmación terminó reconociendo que es alguien que le hace más que sombra. En derredor de Alperovich se avanza en la preparación de un congreso programático.
A la vez, Ricardo Maturana, con el aval de Olijela Rivas, rescata la tradición peronista, en oposición a Alperovich. Y fuera del pacto Miranda-Rivas, Julio César Aráoz persiste en su plan de ser gobernador. "A mí me va bien con la gente y mal con la dirigencia", dice. Ha programado tres cabildos en el interior hasta noviembre y cuenta con el aval del diputado José Ricardo Falú.
Por su parte, los legisladores Julio Díaz Lozano y Osvaldo Cirnigliaro buscan crear con el "Movimiento Peronista" un polo competitivo del PJ oficialista, con apertura de sedes. Diciembre es el mes clave.
Con ellos dialogaron dos jerarcas de la UCR -José Ricardo Ascárate y Eudoro Araóz-, con la idea de un frente cívico y social. Esta propuesta electoral seguirá analizándose con otros partidos durante esta semana. Se excluyen al bussismo y al mirandismo.
La política moviliza a las élites.

Tamaño texto
Comentarios