La "Cossa Nostra" y la comida

(De "Los sabores de la Mafia", por Víctor Ego Ducrot, Norma, Buenos Aires).

13 Octubre 2002
"Basta haber visto algunas películas o haber leído algunos libros sobre las mafias de Italia y de los Estados Unidos para saber que los mafiosos de todos los tiempos le han rendido y le rinden homenaje al buen comer.
Sus colegas rusos, fieles a la cultura de nuevos ricos, por ahora no se destacan en el firmamento gastronómico. Aliya Gimovich era un conspicuo jefe de la mafia moscovita que durante varios años dirigió sus operaciones desde la elegante y apacible Costa Azul francesa. Tenía su cuartel general en las afueras de Niza -una casa soberbia de paredes blancas y piscinas color turquesa- en la que disfrutaba reuniendo invitados; algunos amigos, pero otros simples curiosos. A la hora de agasajar a sus huéspedes era tan generoso como carente de buen gusto. Su plato preferido para esas ocasiones consistía en cantidades empalagosas de foie gras francés, acompañado por vasos enormes de whisky Jack Daniels. Sus allegados franceses e italianos se burlaban y lo incitaban a refinarse, a culinizarse, pero Gimovich juraba divertido que no había otra mesa como la suya, y por supuesto consideraba que los viejos ritos gastronómicos de la Cosa Nostra eran apenas tonta palabrería.
Está claro que por ese entonces Aliya no había leído este libro -en realidad, para el caso estaba absuelto de culpa y cargo porque aún no había sido escrito-, como tampoco el magnífico trabajo realizado por los franceses Jacques Kermoal y Martine Bartolemei, coautores de La Mafia se met a table. Historie et recettes de l?Honorable Sociéte.
En el prólogo a la edición española, Kermoal nos introduce en el universo que nosotros definimos como posibilidad de contar la historia de la mafia desde sus rituales gastronómicos: ?Los pezzi da novanta, los pesos de noventa, como se les llama a los jefes de la Honorable Sociedad, en virtud de su peso en respeto, dan los últimos toques a sus menúes con el mismo cuidado con el que preparan sus crímenes. Cuscinare il delitto, cocinar el delito, es una expresión insular cuyo significado está muy lejos de ser casual. (...) En la historia de la mafia, la comida tiene, dicho sea con debido respeto, una importancia similar a la que tiene en los Evangelios: la multiplicación de los panes, las bodas de Caná, la Ultima Cena?.
La referencia a los Evangelios formulada por Kermoal está más que justificada. El cristianismo es una religión profundamente realista -característica heredada del judaísmo-: tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento se consagran minuciosamente a la descripción de los más elementales gestos de la vida diaria, como comer y beber; y los ritos centrales judíos y cristianos se desarrollan en torno de la representación de realidades cotidianas, muchas veces alrededor de la ingestión de los alimentos...(...)...
El pan y el vino atraviesan la vida judeocristiana, y su valor simbólico es la esencia -junto con el aceite, el agua y la sal, por ejemplo- de la relación de los hombres con Dios. No es casual que la viña fuera el símbolo de Israel, ni que el Templo guardara un sarmiento de oro".

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