Aire fresco

La historia del cartonero abanderado.

12 Octubre 2002
La gran conciliación de opuestos que muestra la historia de Manuel Cruz, el cartonero abanderado, fue lo que nos marcó a fuego. Convertido casi en un pequeño héroe, el niño que se enfrentó a todas las adversidades logró torcer su destino, casi de casualidad. Bastó que su historia de esfuerzos cotidianos se supiera.
Los opuestos son claros. Por un lado está un sistema expulsor que fabrica cada vez más pobres y empuja a los pobres a la marginalidad. En ese lado están los constantes paros, las escuelas sin clases y sin infraestructura, las autoridades que siempre aducen falta de dinero, en la crisis de los comedores, en los escándalos y en las internas. En ese lado está la situación de la escuela Alberdi, olvidada por los funcionarios, con una antena parabólica sin televisor, una computadora sin enchufe y sin Internet, una cocina sin gas y 900 alumnos sin un colegio secundario público que los espere en su futuro próximo.
A todo eso se opusieron el chico y su madre. El, por apasionarse por el estudio y superar incluso la incomodidad de tener que trabajar recogiendo cartones en la calle. Por querer ser arquitecto y soñar con que su olvidada escuela mejore. Ella, por creer que lo más importante es la educación de sus hijos y por su decisión en sostener las virtudes del trabajo. Aunque sea el peor de los trabajos, el que nadie quiere hacer, el que avergonzaría a cualquiera.

Prédica y práctica
Su historia es muy sencilla y sorprendente. Es un ejemplo para las autoridades, que deambulan sin rumbo y se ahogan en las vicisitudes económicas; que un día implementan un plan educativo y al año siguiente, por falta de dinero o por presiones de distinta índole, son capaces de cambiarlo por un híbrido. Así hicieron con la EGB 3 y así dejaron a legiones de chicos sin estudiar en el interior. Quizá ahora descubran que se pueden hacer las cosas de otro modo y comiencen a practicar lo que predican cuando dicen que les importa la educación. A esas autoridades, esta historia les enseña que para vivir bastan unas pocas convicciones y la decisión de mantenerlas.
Por eso mismo, el pequeño cartonero es un ejemplo para la gente que desconfía de todo lo que sea argentino, que considera corruptas a sus autoridades, que carece de íconos y que ya no tiene sana autocrítica. A pesar de todo, el chico y su madre no perdieron las ilusiones. Por eso mismo, en nuestro mundo arrasado, este chico es un soplo de aire fresco, ese que da gusto respirar.

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