12 Octubre 2002 Seguir en 
"Estados Unidos es una potencia hegemónica en decadencia. Este enunciado -que vengo repitiendo por lo menos desde 1980- pretende ser analítico y no prescriptivo. He constatado que, a pesar de todo, provoca no sólo incredulidad, sino también enojo, y que semejante reacción se produce en todos los flancos del espectro político global.
La derecha considera que el postulado es falso, o bien lo admite como verdadero en la medida en que la superpotencia todavía no ha afirmado suficientemente su fuerza. Más aun, esta gente parece asumir que al expresar dicho análisis estoy manteniendo una posición derrotista que termina por autocumplirse. Estas personas presentan un extraño grado de confianza en el poder de la palabra, o al menos en la mía.
Personas de izquierda se muestran a menudo incrédulas y me dicen que es obvio que EE.UU. domina la escena mundial y que se impone en todo el mundo de un modo nefasto. Por lo tanto, ¿cómo puedo hablar de la decadencia del país? ¿No estoy entonces despistando a la gente que busca poner en marcha acciones significativas?
Finalmente, personas del centro parecen ofenderse ante la idea de que las iniciativas adecuadas e inteligentes de los gobernantes no remediarán -no podrían hacerlo- Las limitaciones de los virtuosos actos de Estados Unidos.
¿Qué significa ser una potencia hegemónica? Significa que generalmente uno define las reglas del juego geopolítico y se sale con la suya casi siempre, simplemente mediante la presión política, sin tener que recurrir el uso de la fuerza activa. La historia de cómo uno llega a convertirse en una potencia hegemónica y por qué esa hegemonía nunca es duradera no es un tema que deseo estudiar aquí. El punto es más bien qué evidencia tengo de que la hegemonía de EE.UU. se desmorona.Obviamente, no voy a negar que EE.UU. constituye hoy en día la máxima potencia militar del mundo; sin duda seguirá siendo por lo menos en los próximos veinticinco años. Pero ya no es cierto que EE.UU. defina unilateralmente las reglas del juego geopolítico, ni que todo el tiempo se salga con la suya únicamente gracias a la presión política. La presente lucha contra Bin Laden no es el primer ejemplo de esta nueva realidad, sino sólo el más reciente.Digo ?nueva realidad? porque hubo una época, no hace mucho, en que EE.UU. tenía una verdadera hegemonía: cuando era la única superpotencia. Esto fue así entre 1945 y 1970, más o menos. A pesar de la Guerra Fría y de la Unión Soviética -o en buena parte quizá gracias a éstas-, EE.UU. lograba casi siempre lo que quería, donde quería y cuando quería.
Dominaba en las Naciones Unidas; mantenía a la Unión Soviética dentro de las fronteras que el Ejército Rojo había alcanzado en 1945; utilizaba a la CIA para desalojar o reacomodar gobiernos que le parecían poco amistosos (irán en 1953, Guatemala en 1954, Líbano en 1956, república Dominicana en 1965, etc.). Impuso su voluntad a sus a menudo renuentes aliados de Europa occidental, obligándolos por ejemplo a retirarse de varias operaciones militares -como ocurrió en Suez en 1956-, o bien presionándolos para acelerar la descolonización".
La derecha considera que el postulado es falso, o bien lo admite como verdadero en la medida en que la superpotencia todavía no ha afirmado suficientemente su fuerza. Más aun, esta gente parece asumir que al expresar dicho análisis estoy manteniendo una posición derrotista que termina por autocumplirse. Estas personas presentan un extraño grado de confianza en el poder de la palabra, o al menos en la mía.
Personas de izquierda se muestran a menudo incrédulas y me dicen que es obvio que EE.UU. domina la escena mundial y que se impone en todo el mundo de un modo nefasto. Por lo tanto, ¿cómo puedo hablar de la decadencia del país? ¿No estoy entonces despistando a la gente que busca poner en marcha acciones significativas?
Finalmente, personas del centro parecen ofenderse ante la idea de que las iniciativas adecuadas e inteligentes de los gobernantes no remediarán -no podrían hacerlo- Las limitaciones de los virtuosos actos de Estados Unidos.
¿Qué significa ser una potencia hegemónica? Significa que generalmente uno define las reglas del juego geopolítico y se sale con la suya casi siempre, simplemente mediante la presión política, sin tener que recurrir el uso de la fuerza activa. La historia de cómo uno llega a convertirse en una potencia hegemónica y por qué esa hegemonía nunca es duradera no es un tema que deseo estudiar aquí. El punto es más bien qué evidencia tengo de que la hegemonía de EE.UU. se desmorona.Obviamente, no voy a negar que EE.UU. constituye hoy en día la máxima potencia militar del mundo; sin duda seguirá siendo por lo menos en los próximos veinticinco años. Pero ya no es cierto que EE.UU. defina unilateralmente las reglas del juego geopolítico, ni que todo el tiempo se salga con la suya únicamente gracias a la presión política. La presente lucha contra Bin Laden no es el primer ejemplo de esta nueva realidad, sino sólo el más reciente.Digo ?nueva realidad? porque hubo una época, no hace mucho, en que EE.UU. tenía una verdadera hegemonía: cuando era la única superpotencia. Esto fue así entre 1945 y 1970, más o menos. A pesar de la Guerra Fría y de la Unión Soviética -o en buena parte quizá gracias a éstas-, EE.UU. lograba casi siempre lo que quería, donde quería y cuando quería.
Dominaba en las Naciones Unidas; mantenía a la Unión Soviética dentro de las fronteras que el Ejército Rojo había alcanzado en 1945; utilizaba a la CIA para desalojar o reacomodar gobiernos que le parecían poco amistosos (irán en 1953, Guatemala en 1954, Líbano en 1956, república Dominicana en 1965, etc.). Impuso su voluntad a sus a menudo renuentes aliados de Europa occidental, obligándolos por ejemplo a retirarse de varias operaciones militares -como ocurrió en Suez en 1956-, o bien presionándolos para acelerar la descolonización".





