Dinero o intervención. Son las opciones para la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, sin medias tintas. No caben otras alternativas para el futuro institucional del municipio. Se obtienen recursos para atender los salarios y los servicios -y atenuar el clima de alteración de la paz social en la capital- o la maza de la intervención caerá plena en los rostros del intendente Antonio Alvarez y de los concejales.
Ese fin de drama tiene indicios ciertos en las declaraciones de los involucrados en la trama. Alvarez denunció que se está ahogando a la Municipalidad con fines políticos -no puede ser otro que la intervención-, y el gobernador Julio Miranda señaló que el proyecto del Poder Ejecutivo sigue latente. Más que una advertencia, es toda una amenaza premonitoria.
El ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, dio otra pista. "La decisión política de ayudar al municipio la tiene Miranda", dijo. La Provincia puede tener recursos para auxiliar a la intendencia, pero la orden no se da. Miranda, al parecer, se cansó de que le apedreen su despacho, que se proteste en la plaza Independencia y que lo insulten cuando ingresa a la Casa de Gobierno.
Esa imagen le desagrada. Ayer recibió a los concejales justicialistas y les reiteró algo que viene poniendo en práctica en los últimos tiempos. "El Gobierno no negocia más con nadie", dijo. Esa política se hizo evidente con la presencia de los gendarmes durante la marcha piquetera o en la reciente represión a los municipales.
Tan poco porcentaje
La intervención madura aceleradamente en la sede del Poder Ejecutivo. Algunos aún esperan que Alvarez y los ediles reduzcan costos, pero más que nada que no sigan llevando conflictos a las puertas del Ejecutivo. Eso molesta a las autoridades, pero más les disgusta -como dijo una fuente- tener que colaborar con el 80% de los ingresos para que la intendencia calme a sus trabajadores y que el propio municipio no pueda poner el 20% restante para evitar que se altere la tranquilidad pública. Por tan poco porcentaje, en el PE se animan a tomar las riendas del municipio.
La osadía de Alvarez
Desde el alejamiento de Raúl Topa, la intendencia es un plato apetitoso para el PE. Lo tuvieron a la mano, pero Alvarez -como se comenta entre peronistas- le birló la torta a la fiestita que había preparado el mirandismo para desembarcar en la ciudad. "Y se la van a cobrar", acotan. El intendente está sintiendo la presión de la "osada" acción política de oponerse al aparato del oficialismo, que siempre alarga sus tentáculos para ampliar su base de poder.
Pero hay otros elementos que abonan el final intervencionista. Ayer, Jaldo arregló con los prestadores de la salud, anunció fondos para tabacaleros, adelantó detalles del nuevo sistema de canje de bonos y dijo que mañana dará un cronograma de pagos. Para la Municipalidad capitalina, nada. Hay recursos para otras cosas; para la intendencia, sospechosamente, todavía no.
Para muchos, las cartas están echadas. En el gabinete, algunos piensan que ni siquiera hay que detenerse en las cuestiones legales, como la necesidad de contar con los 27 votos en la Legislatura para avanzar en la intervención.
En síntesis: aparece la plata y desaparece la intervención. O viceversa. Todo depende de Miranda.





