Trajes a medida

Por Federico van Mameren

08 Octubre 2002
La Legislatura de la Provincia está a punto de cometer -una vez más- un papelón de proporciones nada más que porque la desesperación y la falta de un criterio rector le marcan los tiempos y las decisiones. Y, lo peor es que la elaboración de leyes no es una cuestión menor; lleva implícito el destino de miles de personas y regla sus conductas; pero parece que no siempre eso se tiene en cuenta.
Son increíbles las presiones que se están ejerciendo sobre algunos legisladores y la complicidad de ellos para modificar la norma que determina la cantidad de votos que se necesitan para intervenir un municipio. Al comenzar la gestión de esta Legislatura y del actual Gobierno bastaban un decreto o la simple mayoría de votos para que el Poder Ejecutivo decidiera sobre el futuro de un municipio. Así se hizo con Yerba Buena.
Asustados por la facilidad con que se daba vuelta la voluntad de un pueblo y se desarmaba un Concejo Deliberante en el acto se hizo una ley para que haya que juntar 27 voluntades (las dos terceras partes de la Legislatura) para que se intervenga cualquier municipio.
En estos días el legislador mirandista José Gutiérrez reactivó el proyecto que dispone que con sólo 21 votos se pueda voltear de un plumazo un gobierno municipal.
Sin dudas, no hay un estudio que respalde esa actitud. Es simplemente la búsqueda de que las leyes se adecuen a la voluntad de algunos sin que primen razones claras y concretas. En todo caso, si las hubiera, y si la Legislatura estaría detrás del bien común, estarían las 40 manos levantadas para que se consiga lo que será beneficioso no sólo para unos cuantos sino para toda una ciudad. Mientras estos dislates sin argumentos se ponen en juego, desde el municipio capitalino comienzan a surgir anticuerpos que tampoco debieran existir en una relación sana entre las instituciones. Ya aparecieron amenazas hacia algunos legisladores que fueron ediles y que dejaron algunos contratados en el Concejo. Con la plata, desde el Ejecutivo también se presiona. En ambos casos las razones y la cordura brillan por su ausencia.

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