25 Febrero 2007 Seguir en 
La pobreza y la informalidad laboral siguen siendo dos factores que determinan la falta de oportunidades en el mercado de trabajo.
La caída en la proporción de gente que vive por debajo de la línea de la pobreza ha sido importante. Desde un 57,5% en 2002 al 31,4% en el primer semestre de 2006. Sin embargo, la reducción es insuficiente. “Mientras el PBI per capita es un 6% superior al máximo nivel registrado en la década pasada (1998), la pobreza es todavía 2,6 puntos porcentuales más alta que en el primer semestre de 1998”, señala un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).
Sin bien existen muchos factores que explican este fenómeno, uno de especial importancia es el mal funcionamiento del mercado de trabajo. En relación a este punto, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que en el primer semestre de 2006, el trabajo no registrado fue de 44,2%. El dato señala que en este caso la caída no ha sido tan importante dado que en 2004 era de 48%. Sin embargo, el punto central es que existe una estrecha vinculación entre pobreza y trabajo no registrado.
Una forma simple de observar esta vinculación es a nivel geográfico, consideran los investigadores de Idesa. Agrupando los datos del Indec por provincia y observando los niveles de pobreza e informalidad laboral surgen de manera clara tres situaciones muy diferentes:
• La Patagonia (excepto Neuquén) y la Ciudad de Buenos Aires tienen menos del 30% de empleo no registrado y una incidencia de la pobreza inferior al 20%.
• Las zonas de Cuyo y pampeana presentan tasas de incidencia de empleo no registrado que oscilan entre 35 y 45% y la pobreza se ubica por encima del 20%.
• En el norte argentino, el empleo no registrado se ubica entre 45% y 55% y la pobreza es superior al 45%.
“‘En las zonas más prósperas del país las actividades económicas son de mayor productividad y, por lo tanto, generan oportunidades laborales de razonable nivel de calidad que se manifiestan en bajo nivel de empleo “en negro” y reducida incidencia de la pobreza”, puntualiza el diagnóstico privado.
En sentido opuesto, a medida que se avanza por el interior del país hacia las zonas económicamente más atrasadas, las actividades son menos competitivas, lo que se traduce en menos oportunidades laborales de calidad y en una mayor incidencia de empleo “en negro” y de la pobreza.
Posibles soluciones
“Esta evidencia es muy indicativa de que seguir esperando que el crecimiento “derrame” a los pobres es, en el mejor de los casos, una alternativa viable para las regiones más prósperas, especialmente la Ciudad de Buenos Aires. Pero no tiene chances de ser efectiva para el resto del país. Aun cuando se sostengan altas tasa de crecimiento en los próximos años, la pobreza seguirá siendo alta y con fuertes disparidades regionales. Resulta obvio que si el crecimiento se detiene, el panorama será aún más desalentador”, afirma Idesa.
El problema no se resuelve con normas laborales más rígidas y costosas. Tampoco con un sistema de fiscalización más riguroso. Este tipo de política laboral “penalizadora” profundiza la informalidad porque contribuye a que la protección de las normas laborales se limite al reducido ámbito de las empresas más grandes. Para el resto, las normas resultan de imposible cumplimiento y queda como única alternativa la ilegalidad. Allí están, precisamente, los puestos de trabajo que ocupan los pobres, advierte Idesa.
La caída en la proporción de gente que vive por debajo de la línea de la pobreza ha sido importante. Desde un 57,5% en 2002 al 31,4% en el primer semestre de 2006. Sin embargo, la reducción es insuficiente. “Mientras el PBI per capita es un 6% superior al máximo nivel registrado en la década pasada (1998), la pobreza es todavía 2,6 puntos porcentuales más alta que en el primer semestre de 1998”, señala un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).
Sin bien existen muchos factores que explican este fenómeno, uno de especial importancia es el mal funcionamiento del mercado de trabajo. En relación a este punto, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que en el primer semestre de 2006, el trabajo no registrado fue de 44,2%. El dato señala que en este caso la caída no ha sido tan importante dado que en 2004 era de 48%. Sin embargo, el punto central es que existe una estrecha vinculación entre pobreza y trabajo no registrado.
Una forma simple de observar esta vinculación es a nivel geográfico, consideran los investigadores de Idesa. Agrupando los datos del Indec por provincia y observando los niveles de pobreza e informalidad laboral surgen de manera clara tres situaciones muy diferentes:
• La Patagonia (excepto Neuquén) y la Ciudad de Buenos Aires tienen menos del 30% de empleo no registrado y una incidencia de la pobreza inferior al 20%.
• Las zonas de Cuyo y pampeana presentan tasas de incidencia de empleo no registrado que oscilan entre 35 y 45% y la pobreza se ubica por encima del 20%.
• En el norte argentino, el empleo no registrado se ubica entre 45% y 55% y la pobreza es superior al 45%.
“‘En las zonas más prósperas del país las actividades económicas son de mayor productividad y, por lo tanto, generan oportunidades laborales de razonable nivel de calidad que se manifiestan en bajo nivel de empleo “en negro” y reducida incidencia de la pobreza”, puntualiza el diagnóstico privado.
En sentido opuesto, a medida que se avanza por el interior del país hacia las zonas económicamente más atrasadas, las actividades son menos competitivas, lo que se traduce en menos oportunidades laborales de calidad y en una mayor incidencia de empleo “en negro” y de la pobreza.
Posibles soluciones
“Esta evidencia es muy indicativa de que seguir esperando que el crecimiento “derrame” a los pobres es, en el mejor de los casos, una alternativa viable para las regiones más prósperas, especialmente la Ciudad de Buenos Aires. Pero no tiene chances de ser efectiva para el resto del país. Aun cuando se sostengan altas tasa de crecimiento en los próximos años, la pobreza seguirá siendo alta y con fuertes disparidades regionales. Resulta obvio que si el crecimiento se detiene, el panorama será aún más desalentador”, afirma Idesa.
El problema no se resuelve con normas laborales más rígidas y costosas. Tampoco con un sistema de fiscalización más riguroso. Este tipo de política laboral “penalizadora” profundiza la informalidad porque contribuye a que la protección de las normas laborales se limite al reducido ámbito de las empresas más grandes. Para el resto, las normas resultan de imposible cumplimiento y queda como única alternativa la ilegalidad. Allí están, precisamente, los puestos de trabajo que ocupan los pobres, advierte Idesa.
NOTICIAS RELACIONADAS
Lo más popular
Ranking notas premium








