24 Diciembre 2006 Seguir en 
La meta de acumular reservas internacionales es un objetivo explícito que persigue nuestro Banco Central desde hace tiempo. Los países emergentes en general adoptaron esta estrategia, que se aceleró en los últimos 10 años.
Ya en 2005, previo a la decisión política de cancelar con reservas del BCRA la totalidad de la deuda con el Fondo Monetario Internacional por U$S 9.530 millones, la autoridad monetaria hizo pública su intención expresando que era ese el único motivo de su intervención en el mercado cambiario. Es decir, se intentó dejar explícito que no se perseguían objetivos cambiarios y que en realidad el mercado podía malinterpretar su accionar.
En ese entonces, el presidente de esa entidad, Martín Redrado, declaraba que "la arquitectura del sistema financiero internacional no ofrece un prestamista de última instancia para las crisis de liquidez, lo que acrecienta la importancia de la acumulación de reservas para enfrentar cambios abruptos en los mercados de crédito". También en ese momento salió a la luz un estudio de la entidad que concluía que el nivel de reservas de la Argentina estaba por debajo del óptimo (estimado en US$ 32.000 millones para 2004).
Para la determinación de ese nivel óptimo se utilizaron Indicadores de Adecuación de Reservas y también modelos econométricos ampliamente generalizados en la literatura. En primer lugar, se usa un criterio comercial por el cual el stock de reservas debe cubrir entre 3 y 6 meses de importaciones totales. Se agregan después otros criterios financieros vinculados a la necesidad de anticipar una crisis externa: el stock de reservas debe igualar aquella deuda cuyo plazo de vencimiento es menor o igual a un año, para cuantificar la dimensión que podría tener una potencial fuga de capitales, y además se admite que las divisas en poder del BCRA deben respaldar en cierta medida la liquidez del mercado, representada por el agregado M2 (efectivo en poder del público más cuentas a la vista) ponderado por un factor de riesgo.
Ya en 2005, previo a la decisión política de cancelar con reservas del BCRA la totalidad de la deuda con el Fondo Monetario Internacional por U$S 9.530 millones, la autoridad monetaria hizo pública su intención expresando que era ese el único motivo de su intervención en el mercado cambiario. Es decir, se intentó dejar explícito que no se perseguían objetivos cambiarios y que en realidad el mercado podía malinterpretar su accionar.
En ese entonces, el presidente de esa entidad, Martín Redrado, declaraba que "la arquitectura del sistema financiero internacional no ofrece un prestamista de última instancia para las crisis de liquidez, lo que acrecienta la importancia de la acumulación de reservas para enfrentar cambios abruptos en los mercados de crédito". También en ese momento salió a la luz un estudio de la entidad que concluía que el nivel de reservas de la Argentina estaba por debajo del óptimo (estimado en US$ 32.000 millones para 2004).
Para la determinación de ese nivel óptimo se utilizaron Indicadores de Adecuación de Reservas y también modelos econométricos ampliamente generalizados en la literatura. En primer lugar, se usa un criterio comercial por el cual el stock de reservas debe cubrir entre 3 y 6 meses de importaciones totales. Se agregan después otros criterios financieros vinculados a la necesidad de anticipar una crisis externa: el stock de reservas debe igualar aquella deuda cuyo plazo de vencimiento es menor o igual a un año, para cuantificar la dimensión que podría tener una potencial fuga de capitales, y además se admite que las divisas en poder del BCRA deben respaldar en cierta medida la liquidez del mercado, representada por el agregado M2 (efectivo en poder del público más cuentas a la vista) ponderado por un factor de riesgo.







