26 Noviembre 2006 Seguir en 
"A la Justicia siempre le resultó mucho más fácil inculparme a mí que investigar la mafia policial que está detrás del crimen". Ema Hortencia Gómez rompió el silencio un día antes de que se cumplieran los dos años del crimen de su pareja, el juez de Menores Héctor Agustín Aráoz, caso por el que se encuentra detenida hace ya 24 meses.
Al son de la cumbia y, bajo la atenta mirada de dos guardiacárceles, la sospechosa del crimen mantuvo un diálogo exclusivo con LA GACETA. Durante la charla, Gómez, lloró, rió y se enojó por su situación. Sólo su defensor Mario Mirra, cuando parecía que estaba por perder el control, la contenía. A pesar del insoportable calor que hacía en la sala de la Cárcel de mujeres, la sospechosa, por primera vez, dio algunos indicios del crimen.
- ¿Cómo definirías tu situación actual?
- Una injusticia total. Desde hace dos años que estoy encerrada y sin que hayan encontrado una sola prueba contundente en mi contra. Siento que soy una rehén de la Policía y de la Justicia.
- ¿Por qué está involucrada en el caso?
- Me hicieron una cama. A mí me llamaron y fui a la casa de Agustín. Cuando me di cuenta, terminé encerrada en una camioneta. Ni siquiera me devolvieron los zapatos. Cuando se los pedía, (Andrés) Faversani me contestó que los tenían secuestrados. Después hicieron creer que estuve descalza en la escena del crimen.
- A muchos les resultará extraño que recién ahora hayas decidido romper el silencio...
- Porque siempre pensé que no tenía garantías para hacerlo, pero estar dos años presa me hizo cambiar. Quiero salir y estar con mi familia. De todas maneras, cuando sea el juicio, diré muchas otras cosas.
- ¿Qué tipo de cosas?
- Puntos oscuros que fui descubriendo mientras estuve encerrada.
- ¿Aráoz estaba investigando alguna irregularidad que habría cometido la Policía?
- Cuestiones de la droga que se movían con los menores. Además, él sabía que lo perseguían por ello. Ustedes publicaron una denuncia que el había hecho porque había policías que lo estaban fotografiando. Corríamos tres veces por semana por la avenida Aconquija, y siempre había gente del D2 sacándonos fotos.
N de la R: La publicación se hizo el 2 de junio de 2004.
- ¿Hay otra situación extraña que refuerce esa teoría?
- Mi abogado, después de que la Justicia nos dictó la prisión preventiva a mí y a (Darío) Pérez, planteó numerosas nulidades; considerábamos que a Faversani, al que también le dio positivo el dermotest, al menos, también era sospechoso. Dos años después, el fiscal (Hernán) Castellanos nos dio la razón.
- ¿El dermotest que le realizaron también dio resultado positivo?
- Es cierto, pero fueron mínimos los rastros que encontraron y los tenía porque yo abracé el cuerpo de Agustín cuando lo encontré. ¡Recibió nueve disparos y su cuerpo estaba lleno de pólvora!
- ¿Y la pericia de ADN?
- A mí nunca me sacaron sangre para cotejar la muestra. No sé cómo hicieron para hacer esa pericia. En el juicio tendrán que explicarlo.
- ¿Qué opina que Faversani esté libre, a pesar de que se le imputa el mismo delito?
- Siento una bronca terrible. Es más, con la poca información que recibo sobre el caso, puedo decir que él se vive contradiciendo. Primero nos defiende a mí y a Darío Pérez, y después Faversani nos defenestra. Me parece que sus contradicciones son como una ensalada de frutas.
- ¿Pérez también estuvo involucrado?
- No pienso decir que fue este o aquel para desviar la atención. Lo único que pretendo es que se investigue a fondo la conexión policial.
- ¿Existían mafias en la Policía en esos tiempos?
- Había varias mafias. Si a mí me dijeron que no era más policía cuando estaba dando instrucción a 25 aspirantes. Agustín, cuando se enteró de que me habían cortado el contrato, me dijo: "me están pegando donde más me duele". Sólo el jefe de Policía, que en esos momentos era Ledesma, firmó la orden, cuando en realidad lo tendría que haber hecho (Pablo) Baillo, que era el ministro de Seguridad Ciudadana.
- Pero fue Ledesma el que complicó la situación de los policías acusados de encubrimiento...
-Y, sí. Justamente, por eso se debería investigar la actuación de la Policía. Cuando sea el juicio, se sabrá toda la verdad.
La ex policía sostiene que desde que está encerrada, vive una pesadilla. "Lo más doloroso es ver entrar a los seres queridos los días de visita. Ni hablar cuando una, tras las rejas, los ve marcharse tristes", explicó.
Durante la entrevista, juró que es inocente y aclaró que él único juicio que afrontará es ante Dios. "Con mi caso quedó demostrado que en Tucumán no hay Justicia. Hasta que me muera, no voy a dejar de señalar que soy inocente, que quisieron perjudicarme", insistió.
Gómez estuvo alojada casi un año en la Comisaría de la Mujer. De allí fue trasladada al lugar donde actualmente espera ser juzgada. "Son dos mundos distintos. En el centro, es como que todo está muy acotado, no tenés espacio para hacer nada. Cuando llegué aquí, descubrí que había una cancha y mucho pasto. En parte, sentí que estaba libre", señaló.
La sospechosa explicó que en la cárcel tiene mucho que hacer. "Hay talleres de todo tipo, pero a mí lo que más me gusta es tejer al crochet. También hay una profesora que enseña voley; me encanta ese deporte y lo practico todo el tiempo. ¿Si hago gimnasia? Es lo único que nunca abandoné desde que estoy detenida", expresó con un gesto de sonrisa cómplice dibujado en el rostro.
La ex pareja de Aráoz aseguró que su vida cambió desde que fue trasladada a la cárcel. "Además de estar mucho más cómoda, aquí recibo tratamiento psicológico y psiquiátrico, y hay un médico clínico que me revisa permanentemente. La ayuda espiritual que recibí también fue muy importante. En realidad, lo único que me falta es ser libre nuevamente", afirmó.
Profundo dolor
Cada vez que la acusada nombra al juez de Menores, se le llenan los ojos de lágrimas. "Tengo el corazón partido en 3.000 pedazos. Pero en estos dos años aprendí a luchar para que se haga justicia. El está muerto, pero estará para siempre vivo en mi corazón", comentó.
Gómez es perfectamente consciente de que, como ocurrió el año pasado, no podrá visitar la tumba de Agustín (como él lo llama). "Saco fuerzas de donde sea para seguir luchando, para que se sepa la verdad. Hoy, les pido a todos los tucumanos que prendan una vela por la memoria de él. No sólo porque fue una excelente persona, sino también para que haya Justicia", concluyó.
26 de noviembre.- Fue detenida al ser acusada del crimen del juez Aráoz.
24 de diciembre.- La Policía aprehendió a un menor cuando pretendía entregar cigarrillos de marihuana a la sospechosa.
2005
26 de enero- Deprimida, junto a sus dos hijos y padres, celebró su cumpleaños en la Comisaría de la Mujer.
12 de marzo.- Impidió que le extrajeran sangre para una pericia de ADN.
14 de abril.- Denunció que el abogado Jorge López Peña realizó una maniobra para remplazar a su defensor Mario Mirra.
20 de abril.- El agente Manuel Quipildor, ex novio de la sospechosa, declaró que era una mujer agresiva, bebedora compulsiva y adicta a las drogas.
19 de mayo.- Difundieron los resultados de las pericias psicológicas en las que se reveló que tenía delirios de grandeza y no tenía escrúpulos para ascender en su vida.
8 de julio.- A través de sus allegados, anunció que tenía pensado publicar un libro autobiográfico.
11 de noviembre.- Pidió autorización para visitar la tumba del juez Aráoz. La Justicia le niega la autorización.
5 de diciembre.- La internaron en el hospital Padilla por problemas de salud. Por decisión de la Justicia, es trasladada a la Cárcel de Mujeres.
2006
12 de enero.- Fue denunciada por haber agredido a una compañera de celda.
14 de marzo.- Fue internada por una crisis de nervios en el Hospicio del Carmen.
17 de agosto.- Recibió una sanción por una inconducta en la cárcel.
23 de noviembre.- Se involucró en otro incidente en el penal. Por segundo año consecutivo, no la autorizaron a visitar la tumba de su ex pareja.
Al son de la cumbia y, bajo la atenta mirada de dos guardiacárceles, la sospechosa del crimen mantuvo un diálogo exclusivo con LA GACETA. Durante la charla, Gómez, lloró, rió y se enojó por su situación. Sólo su defensor Mario Mirra, cuando parecía que estaba por perder el control, la contenía. A pesar del insoportable calor que hacía en la sala de la Cárcel de mujeres, la sospechosa, por primera vez, dio algunos indicios del crimen.
- ¿Cómo definirías tu situación actual?
- Una injusticia total. Desde hace dos años que estoy encerrada y sin que hayan encontrado una sola prueba contundente en mi contra. Siento que soy una rehén de la Policía y de la Justicia.
- ¿Por qué está involucrada en el caso?
- Me hicieron una cama. A mí me llamaron y fui a la casa de Agustín. Cuando me di cuenta, terminé encerrada en una camioneta. Ni siquiera me devolvieron los zapatos. Cuando se los pedía, (Andrés) Faversani me contestó que los tenían secuestrados. Después hicieron creer que estuve descalza en la escena del crimen.
- A muchos les resultará extraño que recién ahora hayas decidido romper el silencio...
- Porque siempre pensé que no tenía garantías para hacerlo, pero estar dos años presa me hizo cambiar. Quiero salir y estar con mi familia. De todas maneras, cuando sea el juicio, diré muchas otras cosas.
- ¿Qué tipo de cosas?
- Puntos oscuros que fui descubriendo mientras estuve encerrada.
- ¿Aráoz estaba investigando alguna irregularidad que habría cometido la Policía?
- Cuestiones de la droga que se movían con los menores. Además, él sabía que lo perseguían por ello. Ustedes publicaron una denuncia que el había hecho porque había policías que lo estaban fotografiando. Corríamos tres veces por semana por la avenida Aconquija, y siempre había gente del D2 sacándonos fotos.
N de la R: La publicación se hizo el 2 de junio de 2004.
- ¿Hay otra situación extraña que refuerce esa teoría?
- Mi abogado, después de que la Justicia nos dictó la prisión preventiva a mí y a (Darío) Pérez, planteó numerosas nulidades; considerábamos que a Faversani, al que también le dio positivo el dermotest, al menos, también era sospechoso. Dos años después, el fiscal (Hernán) Castellanos nos dio la razón.
- ¿El dermotest que le realizaron también dio resultado positivo?
- Es cierto, pero fueron mínimos los rastros que encontraron y los tenía porque yo abracé el cuerpo de Agustín cuando lo encontré. ¡Recibió nueve disparos y su cuerpo estaba lleno de pólvora!
- ¿Y la pericia de ADN?
- A mí nunca me sacaron sangre para cotejar la muestra. No sé cómo hicieron para hacer esa pericia. En el juicio tendrán que explicarlo.
- ¿Qué opina que Faversani esté libre, a pesar de que se le imputa el mismo delito?
- Siento una bronca terrible. Es más, con la poca información que recibo sobre el caso, puedo decir que él se vive contradiciendo. Primero nos defiende a mí y a Darío Pérez, y después Faversani nos defenestra. Me parece que sus contradicciones son como una ensalada de frutas.
- ¿Pérez también estuvo involucrado?
- No pienso decir que fue este o aquel para desviar la atención. Lo único que pretendo es que se investigue a fondo la conexión policial.
- ¿Existían mafias en la Policía en esos tiempos?
- Había varias mafias. Si a mí me dijeron que no era más policía cuando estaba dando instrucción a 25 aspirantes. Agustín, cuando se enteró de que me habían cortado el contrato, me dijo: "me están pegando donde más me duele". Sólo el jefe de Policía, que en esos momentos era Ledesma, firmó la orden, cuando en realidad lo tendría que haber hecho (Pablo) Baillo, que era el ministro de Seguridad Ciudadana.
- Pero fue Ledesma el que complicó la situación de los policías acusados de encubrimiento...
-Y, sí. Justamente, por eso se debería investigar la actuación de la Policía. Cuando sea el juicio, se sabrá toda la verdad.
Sólo piensa en volver a su hogar, junto a su familia
Apareció desde el interior de la Cárcel de Mujeres. Saludó al cronista y al fotógrafo de LA GACETA con un ruidoso beso y un fuerte abrazo. Ema Hortencia Gómez lucía un jean clásico, zapatillas y una musculosa blanca con la que no pudo ocultar la pantera negra que tiene tatuada en la espalda. "Lo primero que haré cuando salga es ir a casa. Necesito estar con mis hijos y padres que tanto han sufrido con todo esto", disparó.La ex policía sostiene que desde que está encerrada, vive una pesadilla. "Lo más doloroso es ver entrar a los seres queridos los días de visita. Ni hablar cuando una, tras las rejas, los ve marcharse tristes", explicó.
Durante la entrevista, juró que es inocente y aclaró que él único juicio que afrontará es ante Dios. "Con mi caso quedó demostrado que en Tucumán no hay Justicia. Hasta que me muera, no voy a dejar de señalar que soy inocente, que quisieron perjudicarme", insistió.
Gómez estuvo alojada casi un año en la Comisaría de la Mujer. De allí fue trasladada al lugar donde actualmente espera ser juzgada. "Son dos mundos distintos. En el centro, es como que todo está muy acotado, no tenés espacio para hacer nada. Cuando llegué aquí, descubrí que había una cancha y mucho pasto. En parte, sentí que estaba libre", señaló.
La sospechosa explicó que en la cárcel tiene mucho que hacer. "Hay talleres de todo tipo, pero a mí lo que más me gusta es tejer al crochet. También hay una profesora que enseña voley; me encanta ese deporte y lo practico todo el tiempo. ¿Si hago gimnasia? Es lo único que nunca abandoné desde que estoy detenida", expresó con un gesto de sonrisa cómplice dibujado en el rostro.
La ex pareja de Aráoz aseguró que su vida cambió desde que fue trasladada a la cárcel. "Además de estar mucho más cómoda, aquí recibo tratamiento psicológico y psiquiátrico, y hay un médico clínico que me revisa permanentemente. La ayuda espiritual que recibí también fue muy importante. En realidad, lo único que me falta es ser libre nuevamente", afirmó.
Profundo dolor
Cada vez que la acusada nombra al juez de Menores, se le llenan los ojos de lágrimas. "Tengo el corazón partido en 3.000 pedazos. Pero en estos dos años aprendí a luchar para que se haga justicia. El está muerto, pero estará para siempre vivo en mi corazón", comentó.
Gómez es perfectamente consciente de que, como ocurrió el año pasado, no podrá visitar la tumba de Agustín (como él lo llama). "Saco fuerzas de donde sea para seguir luchando, para que se sepa la verdad. Hoy, les pido a todos los tucumanos que prendan una vela por la memoria de él. No sólo porque fue una excelente persona, sino también para que haya Justicia", concluyó.
Dos años polémicos
200426 de noviembre.- Fue detenida al ser acusada del crimen del juez Aráoz.
24 de diciembre.- La Policía aprehendió a un menor cuando pretendía entregar cigarrillos de marihuana a la sospechosa.
2005
26 de enero- Deprimida, junto a sus dos hijos y padres, celebró su cumpleaños en la Comisaría de la Mujer.
12 de marzo.- Impidió que le extrajeran sangre para una pericia de ADN.
14 de abril.- Denunció que el abogado Jorge López Peña realizó una maniobra para remplazar a su defensor Mario Mirra.
20 de abril.- El agente Manuel Quipildor, ex novio de la sospechosa, declaró que era una mujer agresiva, bebedora compulsiva y adicta a las drogas.
19 de mayo.- Difundieron los resultados de las pericias psicológicas en las que se reveló que tenía delirios de grandeza y no tenía escrúpulos para ascender en su vida.
8 de julio.- A través de sus allegados, anunció que tenía pensado publicar un libro autobiográfico.
11 de noviembre.- Pidió autorización para visitar la tumba del juez Aráoz. La Justicia le niega la autorización.
5 de diciembre.- La internaron en el hospital Padilla por problemas de salud. Por decisión de la Justicia, es trasladada a la Cárcel de Mujeres.
2006
12 de enero.- Fue denunciada por haber agredido a una compañera de celda.
14 de marzo.- Fue internada por una crisis de nervios en el Hospicio del Carmen.
17 de agosto.- Recibió una sanción por una inconducta en la cárcel.
23 de noviembre.- Se involucró en otro incidente en el penal. Por segundo año consecutivo, no la autorizaron a visitar la tumba de su ex pareja.
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