Para seguir creciendo

Por Soledad Pérez Duhalde (economista de la consultora Exante). Los pronósticos que prevalecían a principios de año eran mucho menos optimistas.

26 Noviembre 2006
A poco de cerrar el cuarto año consecutivo de crecimiento, con tasas de expansión superando de manera sistemática las expectativas generalizadas de mercado, resulta interesante analizar las causas de dicho comportamiento así como también las perspectivas futuras. Este 2006 habrá cerrado con un crecimiento de la actividad económica en torno del 8,4%. De esta manera, la economía crecerá durante 49 meses ininterrumpidamente, logrando superar, en términos de tendencia, en un 18,1% los niveles máximos alcanzados en 1998 y en un 47,5% al piso correspondiente a la crisis de 2002.
Los pronósticos que prevalecían y predominaban a principios de año eran mucho menos optimistas. El consenso de analistas privados empezó el año con proyecciones que rozaban el 6%, siendo el gobierno por supuesto el más cauto cuando en el presupuesto de 2006 signaba una tasa de crecimiento del 4%. El último dato del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, revela que se espera un crecimiento de 8,3% para este año, una tasa sorprendente, luego de haberse expandido el PBI 8,8%, 9 y 9,2% entre 2003 y 2005. Se trataría de uno de los registros más altos del mundo, en tanto que sería la tasa más elevada de toda la región de América Latina, que se prevé crecerá un 4,8% este año.
Al tratar de explicar la tesis de superación de pronósticos uno encuentra que la recuperación es intensiva en la demanda doméstica, que parece no frenarse. Se observa que en los tres últimos años el consumo privado fue ganado cada vez más participación en la demanda y su contribución al crecimiento logró pasar del 49% en 2003 al 53% en 2006.
En la visión oficial parece que este ritmo de crecimiento podría verse amenazado por las presiones inflacionarias y por el problema energético. Varios datos irían en favor de esta hipótesis. La relación consumo privado/PBI permanece todavía un 5% por debajo del promedio de la década del 90. A esto se le suman los incrementos de las jubilaciones, del salario mínimo formal que, a su vez, volvieron a considerarse una referencia real, en tanto que la cantidad de trabajadores registrados también se viene mostrando al alza. En lo que respecta a los créditos, tanto personales como inversiones productivas, se evidencia que siguen creciendo a un fuerte ritmo. Está fuera de duda que los dos componentes más importantes de la demanda global, el consumo privado y la inversión, siguen creciendo y se prevé que lo seguirán haciendo en 2007. La gran incógnita es por cuánto tiempo más la economía permanecerá inmune al ciclo. Para que el crecimiento sea sustentable en el largo plazo urge hacer frente a los limitantes estructurales y de inversión, entre ellos comenzar con el diseño de un esquema político que tienda a eliminar gradualmente las distorsiones microeconómicas que se generaron luego de la última crisis, crear un ambiente de negocios propicio para que la inversión se canalice hacia el sector productivo, exaltar el poder de las instituciones y la división de poderes, transparentar las cuentas públicas, etc. Esperemos que 2007 sea una buena oportunidad para gestar estos cambios, que tienen que ver más bien con la forma de hacer política y que podrían significar un gran rédito a futuro para todos los ciudadanos.

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