Varios testigos declararán contra el policía
El suboficial permanecerá detenido y será acusado por el homicidio de César Navarro Murhell, ocurrido el martes luego de una pelea. Algunas personas que presenciaron el episodio, creen que el agente intentó hacer un disparo al aire, pero que no calculó bi
13 Octubre 2006 Seguir en 
El suboficial Jorge Agapito Verduguez, que admitió ser el autor del disparo que acabó con la vida del menor César Navarro Murhell, el martes, en la esquina de Suipacha y San Martín, seguirá detenido al menos una semana más. El fiscal IV de Instrucción, Carlos Sale, se tomará hasta el último día que prevé el Código Procesal Penal (10 días hábiles), para decidir si pide la prisión preventiva o si lo libera, según trascendió de fuentes judiciales.
Verduguez estaba de custodia en un local comercial cuando, dijo, intentó separar a ocho adolescentes que golpeaban a otro. Aseguró que fue insultado y atacado por los patoteros, quienes lo lesionaron en la boca, y que cuando vio que uno de ellos se llevaba la mano a la cintura, como si estuviera por sacar un arma, él extrajo la suya. Después, asesorado por su abogado Manuel Pedernera, aseguró que, cuando corría a uno de los atacantes, resbaló, y que en ese momento se le escapó el disparo, que terminó con la vida de César.
Jugando
El chico estaba en el interior del complejo Avellaneda, jugando con su hermano menor, cuando recibió el disparo en el pecho, y murió cuando lo llevaban al hospital Padilla.
En base a los testimonios que está recibiendo, Sale podría probar que Verduguez no tuvo intención de matar al menor, pero sí que disparó su arma en forma imprudente. Varios testigos aseguraron que el policía, que tiene más de 20 años de experiencia en la fuerza policial, no se cayó, sino que accionó el arma estando parado. Un testigo le dijo al fiscal que Verduguez habría pretendido realizar un disparo al aire, pero que no levantó lo suficiente su arma.
En base al croquis que realizó la Policía, se estableció que Navarro Murhell estaba por lo menos 1,5 metro arriba de Verduguez, ya que se encontraba en el interior del complejo, que está elevado respecto del nivel de la calle. De todos modos, Sale aún no recibió el análisis de la trayectoria del proyectil. Pero la autopsia habría indicado que el disparo ingresó de abajo hacia arriba en el cuerpo de César: entró por el pecho y salió por la espalda.
Lo que sí estaría confirmado es que el suboficial será imputado por homicidio. El fiscal debe analizar ahora si será doloso (con lo cual no podría recuperar su libertad) o culposo (que tiene penas de hasta tres años de prisión, y por lo tanto excarcelable). El abogado Pedernera, en tanto, solicitará que se lo libere en las próximas horas.
“Hay un solo culpable”
El padre de César, Gustavo Adolfo Campos, aseguró que varios testigos se comunicaron con él, para dar su versión de los hechos, y que no tienen problemas en relatar lo sucedido en la Justicia. “Aquí hay un solo culpable por lo que pasó, y fue el policía. No me vengan a decir que, por una pelea de changuitos, mi hijo terminó muerto”, indicó, indignado el hombre. “Desde el principio, se dijeron muchas giladas: que se le había escapado el tiro, que uno de los chicos tenía un arma, que el policía se había resbalado. Es todo mentira. Este tipo hizo un disparo en un lugar que estaba lleno de chicos”, aseguró. Campos reiteró que ni él ni su familia buscan un rédito económico, sino que se castigue al culpable. César, además de estudiar, trabajaba para ayudar a su mamá, Fátima (beneficiaria de un plan social), y a sus cuatro hermanitos menores. Los vecinos de avenida Mitre al 200, donde él vivía, aseguraron que era un chico excelente.
Afirman que la violencia entre los adolescentes tiene su origen en la familia. LA GACETA realizó un sondeo entre los tucumanos para saber qué piensan sobre la “Banda del quiosquito”, cuyos integrantes están implicados en la pelea que desencadenó por accidente la muerte de César Navarro Murhell.
LUCIA ALBORNOZ, 26 AÑOS: “Los chicos están perdidos. Lo peor es que no se puede hacer nada por detenerlos, porque se las rebuscan para ver de qué manera pueden seguir haciendo daño. Entonces es cuando uno se da cuenta de que la educación que les dieron en la familia es deficiente. Porque si los hubieran educado bien, no tendrían por qué andar agrediendo al resto”,
EDUARDO MARTINEZ, 45 AÑOS: “Si es verdad todo lo que cuentan, esos chicos son terribles. Yo creo que es una muestra de lo necesario que es bajar la imputabilidad de los menores para que paguen por los delitos que cometen. Porque, seguramente, son conscientes de que lo que hacen está mal”
INES ARANDA, 17 AÑOS: “A una le da miedo salir porque sabe que en la calle hay gente como esta. Creo que en el comportamiento de estos chicos se refleja la educación que les brindaron en sus hogares. Un chico violento es así porque lo único que recibió en su casa es violencia. Si son culpables de todo lo que se los acusa, también deberían castigar a sus padres”.
DANIEL JUAREZ, 23 AÑOS: “Esos chicos son una expresión social de la falta de incentivos y esperanzas que hay en la sociedad actual y que de alguna manera se debe expresar. Al no haber buenos modelos sociales, los jóvenes recurren a la violencia para demostrar sus individualidades. Eso se transforma en banditas armadas, con líderes natos y claros. Con esto buscan llenar un vacío que existe en los jóvenes con respecto a la autoridad, que, por lo general, es un valor que no existe en los hogares donde ambos padres trabajan. A todo eso hay que sumarle la rebeldía juvenil”.
LUCRECIA JIMENEZ, 48 AÑOS: “Es imposible controlar a las banditas de chicos violentos. Porque si la Policía les impide reunirse en una esquina, ellos van a encontrar la manera de juntarse en otra. Y van a seguir haciendo lo mismo de siempre. Lo que falta, en estos casos, son padres que tengan la autoridad suficiente como para mostrarles qué está bien y qué está mal. Y en el caso de que los padres no puedan hacerlo, deberían ser las instituciones las encargadas de castigar y de educar a estos chicos”.
ALBERTO PALACIO, 67 AÑOS: “Ojalá que esos chicos no se encuentren con otros más fuertes que ellos, porque ahí van a sufrir. Espero, por el bien de todos, que recapaciten y se den cuenta de que lo que están haciendo está mal. Sus padres deberían ser quienes les muestren estas cosas y no tendría que llegarse al extremo de las detenciones. Pero si no queda otro remedio, ojalá que la Justicia los haga recapacitar”.
Verduguez estaba de custodia en un local comercial cuando, dijo, intentó separar a ocho adolescentes que golpeaban a otro. Aseguró que fue insultado y atacado por los patoteros, quienes lo lesionaron en la boca, y que cuando vio que uno de ellos se llevaba la mano a la cintura, como si estuviera por sacar un arma, él extrajo la suya. Después, asesorado por su abogado Manuel Pedernera, aseguró que, cuando corría a uno de los atacantes, resbaló, y que en ese momento se le escapó el disparo, que terminó con la vida de César.
Jugando
El chico estaba en el interior del complejo Avellaneda, jugando con su hermano menor, cuando recibió el disparo en el pecho, y murió cuando lo llevaban al hospital Padilla.
En base a los testimonios que está recibiendo, Sale podría probar que Verduguez no tuvo intención de matar al menor, pero sí que disparó su arma en forma imprudente. Varios testigos aseguraron que el policía, que tiene más de 20 años de experiencia en la fuerza policial, no se cayó, sino que accionó el arma estando parado. Un testigo le dijo al fiscal que Verduguez habría pretendido realizar un disparo al aire, pero que no levantó lo suficiente su arma.
En base al croquis que realizó la Policía, se estableció que Navarro Murhell estaba por lo menos 1,5 metro arriba de Verduguez, ya que se encontraba en el interior del complejo, que está elevado respecto del nivel de la calle. De todos modos, Sale aún no recibió el análisis de la trayectoria del proyectil. Pero la autopsia habría indicado que el disparo ingresó de abajo hacia arriba en el cuerpo de César: entró por el pecho y salió por la espalda.
Lo que sí estaría confirmado es que el suboficial será imputado por homicidio. El fiscal debe analizar ahora si será doloso (con lo cual no podría recuperar su libertad) o culposo (que tiene penas de hasta tres años de prisión, y por lo tanto excarcelable). El abogado Pedernera, en tanto, solicitará que se lo libere en las próximas horas.
“Hay un solo culpable”
El padre de César, Gustavo Adolfo Campos, aseguró que varios testigos se comunicaron con él, para dar su versión de los hechos, y que no tienen problemas en relatar lo sucedido en la Justicia. “Aquí hay un solo culpable por lo que pasó, y fue el policía. No me vengan a decir que, por una pelea de changuitos, mi hijo terminó muerto”, indicó, indignado el hombre. “Desde el principio, se dijeron muchas giladas: que se le había escapado el tiro, que uno de los chicos tenía un arma, que el policía se había resbalado. Es todo mentira. Este tipo hizo un disparo en un lugar que estaba lleno de chicos”, aseguró. Campos reiteró que ni él ni su familia buscan un rédito económico, sino que se castigue al culpable. César, además de estudiar, trabajaba para ayudar a su mamá, Fátima (beneficiaria de un plan social), y a sus cuatro hermanitos menores. Los vecinos de avenida Mitre al 200, donde él vivía, aseguraron que era un chico excelente.
LO QUE OPINAN LOS TUCUMANOS
Afirman que la violencia entre los adolescentes tiene su origen en la familia. LA GACETA realizó un sondeo entre los tucumanos para saber qué piensan sobre la “Banda del quiosquito”, cuyos integrantes están implicados en la pelea que desencadenó por accidente la muerte de César Navarro Murhell.
LUCIA ALBORNOZ, 26 AÑOS: “Los chicos están perdidos. Lo peor es que no se puede hacer nada por detenerlos, porque se las rebuscan para ver de qué manera pueden seguir haciendo daño. Entonces es cuando uno se da cuenta de que la educación que les dieron en la familia es deficiente. Porque si los hubieran educado bien, no tendrían por qué andar agrediendo al resto”,
EDUARDO MARTINEZ, 45 AÑOS: “Si es verdad todo lo que cuentan, esos chicos son terribles. Yo creo que es una muestra de lo necesario que es bajar la imputabilidad de los menores para que paguen por los delitos que cometen. Porque, seguramente, son conscientes de que lo que hacen está mal”
INES ARANDA, 17 AÑOS: “A una le da miedo salir porque sabe que en la calle hay gente como esta. Creo que en el comportamiento de estos chicos se refleja la educación que les brindaron en sus hogares. Un chico violento es así porque lo único que recibió en su casa es violencia. Si son culpables de todo lo que se los acusa, también deberían castigar a sus padres”.
DANIEL JUAREZ, 23 AÑOS: “Esos chicos son una expresión social de la falta de incentivos y esperanzas que hay en la sociedad actual y que de alguna manera se debe expresar. Al no haber buenos modelos sociales, los jóvenes recurren a la violencia para demostrar sus individualidades. Eso se transforma en banditas armadas, con líderes natos y claros. Con esto buscan llenar un vacío que existe en los jóvenes con respecto a la autoridad, que, por lo general, es un valor que no existe en los hogares donde ambos padres trabajan. A todo eso hay que sumarle la rebeldía juvenil”.
LUCRECIA JIMENEZ, 48 AÑOS: “Es imposible controlar a las banditas de chicos violentos. Porque si la Policía les impide reunirse en una esquina, ellos van a encontrar la manera de juntarse en otra. Y van a seguir haciendo lo mismo de siempre. Lo que falta, en estos casos, son padres que tengan la autoridad suficiente como para mostrarles qué está bien y qué está mal. Y en el caso de que los padres no puedan hacerlo, deberían ser las instituciones las encargadas de castigar y de educar a estos chicos”.
ALBERTO PALACIO, 67 AÑOS: “Ojalá que esos chicos no se encuentren con otros más fuertes que ellos, porque ahí van a sufrir. Espero, por el bien de todos, que recapaciten y se den cuenta de que lo que están haciendo está mal. Sus padres deberían ser quienes les muestren estas cosas y no tendría que llegarse al extremo de las detenciones. Pero si no queda otro remedio, ojalá que la Justicia los haga recapacitar”.







